domingo, 26 de julio de 2020

Mestizaje

Es posible que si a algo puede ser ligada la grandeza de las naciones, eso sea a su grado de mestizaje. No por casualidad fue que la mayor catástrofe de la historia tuviese su causa eficiente en el anhelo de pureza de la raza. ¡La raza, qué cosa más chunga! Y, sin embargo, ahí siguen los Revillucas de turno, los Mister Barrerparacasa, cada vez más prestigiados como en un siniestro juego de autoaniquilación. Porque mira que tiene que estar moralmente enferma una sociedad para que personajillos como el mentado tengan, no ya simpatías, sino, incluso, prestigio. ¿Prestigio, por qué? Pues por estar en posesión de la más abyecta de todas las pulsiones: la de la exaltación de lo propio. O sea, eso a lo que se dedican con pasión todos los que se afanan en ocultar sus miserias. No falla: prevención a destiempo... 

Sí, lo de tener un entorno familiar con la complejidad del cálculo multivariable es una gracia que te conceden los dioses. Diría que pensar en ello es lo único que me redime un poco de la vergüenza que experimento al repensar mi parcour. Tener yorubas y anglojamaicanos sentados a la mesa el día de Acción de Gracias es un logro del que aunque sea en un grado ínfimo me quiero apuntar el mérito porque quiero suponer que algo de mí tiene que haber en mis hijas que fueron las que tuvieron el coraje de hacer lo que les vino en gana.

El caso es que les hacía estas reflexiones motivado por unos vídeos que he visto en YouTube realizados por una joven de origen ruso que se llama Liusivaya. Dado el dominio del lenguaje que muestra es seguro que, si no nació aquí, llegó de muy pequeña y, también, que alguno de sus progenitores es español. Dominio del lenguaje, expresión corporal, tiempos, sentido del humor... todos los ingredientes de la potencia comunicativa. Al menos eso es lo que a mí me parece. 

Sí, esa es la cuestión, que el mestizaje, lo mismo que limpia la hélice constitutiva de impurezas también limpia la mente de las miserias morales inherentes al recocimiento en la propia salsa. Y no de otra causa procedió la grandeza de España en tiempos pretéritos y espero de corazón que volvamos por nuestros fueros gracias a todas las Liusivayas que van repoblando los campos yermos de la homogeneidad a la que habíamos degenerado en los últimos siglos. 

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