lunes, 27 de julio de 2020

Genocidas a gogó

Los teóricos de ese constructo ideológico que llaman izquierda lo tienen claro: para impulsar su empresa es de todo punto necesario tachar a Pizarro y Cortés de genocidas. Nadie como ellos sabe del poder evocador de los símbolos y lo que evocan Cortés y Pizarro les viene tan grande que les resulta definitivamente insoportable. Para ellos el único sujeto que puede ser representativo de epopeya es el pueblo, por supuesto, unido, o sea, un imposible metafísico. No por nada, sino porque el pueblo solo puede estar unido después de matar a la parte de él que no comulga con las ideas de la mayoría del momento. Justo, en lo que está especializada la izquierda, en matar al disidente a nada que las circunstancias se lo permiten. Si no lo pueden hacer físicamente, lo hacen civilmente, lo que no está mal para empezar. 

Sin embargo, por mucho que maten, siempre fracasan. Y es que si el ser humano se caracteriza por algo es por su anhelo épico. Es un sueño de la infancia que se va atemperando con los años a medida que la realidad de las propias limitaciones se va imponiendo, pero siempre hay esa minoría de dotados por la naturaleza que sigue adelante con su empeño y viene a dar en un Amancio Ortega o un Juan Roig o otros tantos empresarios que conquistan inmensos territorios en los que luego el común de la gente encuentra su parcela para desarrollar sus pequeños proyectos. 

Claro que sería de una ingenuidad suicida no admitir que el reconocimiento de las propias limitaciones se salda en sus inicios con frustración y, a la postre, en envidia, rencor, hasta llegar al odio a muerte al que quiso y pudo. Es una ley biológica que trabaja con la precisión de una ley física. Por eso es inútil todo intento de corrección. Lo único practicable, al respecto, es ensayar procedimientos para controlar con el menor coste posible esa marea de rencor. Se ha probado de todo: la monarquía, la aristocracia, la tiranía, la dictadura y, en última instancia y ya con casi todas las esperanzas perdidas, la democracia. Y en ello estamos y a la vista está lo que da de sí, o sea, nada de nada. El odio señorea más que nunca el panorama desde el puente. Y llega hasta cotas como la que les señalaba al principio, es decir, a señalar como genocidas a Pizarro y Cortés. Así que, ¿para qué quieren más pruebas? En fin, ustedes mismos saquen sus conclusiones. Personalmente me adhiero a las teorías quijotescas: donde esté la espada que se quiten las letras.   






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