Ayer por la tarde fuimos a darnos un cole. María está convencida de que los baños de mar lo curan todo y yo, ya, lo que sea como terapia de último recurso para l´atrosis que me trae a mal traer. En fin, que llegamos allí y como era la pleamar aquello estaba que parecía el jardín de las delicias. Porque es que los políticos han puesto en las diversas entradas al recinto propiamente playero un panel informativo que mide los porcentajes admisibles para que las delicias no dejen de serlo por causa del perverso coronavirus. ¡Joer, la de motos que están vendiendo los avispados emprendedores a estos cotolénguicos políticos! Allí estaban unas niñas mirando el panel y comentando la jugada. Todavía va por la mitad, dijo una con total seguridad. ¡Leches!, me dije, otros tantos y habrá que ponerse unos encima de otros. O sea, mucho más divertido.
Luego, en casa, di en caer sobre un vídeo bastante interesante. Por lo visto un grupo de científicos y profesionales de diversas disciplinas, alemanes y austriacos, han decidido montar una comisión extraparlamentaria para analizar lo del coronavirus. Todos ellos con unos curriculums de los de aquí te espero, que es que es lo que tiene no dedicarse a la política, que se sigue estudiando y aprendiendo. Y, sobre todo, conservando el sentido de la realidad propio de quien sabe distanciarse. Porque es que, decían, no nos tragamos este montaje. Aquí tiene que haber gato encerrado porque, si nos atenemos a las cifras, vemos que no son muy diferentes a las de cualquier año en el que la gripe arrecia. En fin, que pareciera que la sociedad civil, que le dicen, empieza a despertar.
Por lo demás, El Marcial, como si no hubiese pasado, ni pasara, nada. Lo mismo que siempre. La media docena de habituales arremolinados a la puerta. Entran a repostar, salen, encienden un cigarrillo y retoman la conversación donde la dejaron. Parece gente feliz. El típico sabor de barrio, tesoro antiguo, que cantara el Gato Pérez. En definitiva, el populus llanus inmune a las políticas del terror coronavírico implementadas por los cotolénguicos. En fin, cosas curiosas que se ven por ahí. Por ejemplo, en el Barrio Pesquero, alguien consideró oportuno poner en una pared unas de esas imágenes hechas a plantilla del Che Guevara y, ¡oh, sacrilegio!, alguien vino por detrás, las emborronó y puso debajo: No queremos nazis en el barrio. Ya digo, la sociedad civil empieza a despertar.
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