domingo, 19 de julio de 2020

Las Ranas

De la comedia Las Ranas de Aristófanes:

Coro: Estrofa.- ¡Feliz el hombre que tiene atildada inteligencia! En muchas cosas se advierte. Éste que supo ser discreto regresa a su patria ahora, en bien de los ciudadanos, en bien de los parientes y amigos. ¡Todo por ser inteligente!

Antiestrofa.- ¡Que grato es, ya sin Sócrates al lado, dejar de parlotear! ¡El que rechaza el canto de las Musas y todo lo accesorio del arte trágico! Pasar la vida en discusiones infladas y en vanas frivolidades propio es del hombre que ha perdido el juicio.

Dioniso, acompañado de su criado Jantias, baja al Hades a buscar el poeta que puede ayudar a salvar al pueblo con sus consejos. El asunto va de escoger entre Esquilo y Euripides. Vence Esquilo. La atildada inteligencia que se centra en lo esencial y rechaza lo accesorio. Euripides, por contra, es el las discusiones infladas y las vanas frivolidades o, por decirlo a su manera, el de "lenguaje pensamiento/ tan raudo como el viento,/ civilizada disposición aprendió/ y a esquivar también los dardos de las lluvias inclementes" 

Hay que tener en cuenta que en el epitafio de Esquilo solo se cita que combatió en Maratón. Mucho más importante para él que todos sus logros como poeta. Eurípides, unos cuantos años posterior, vive en la Atenas derrotada por los espartanos. Son los tiempos de las marrullerías de Alcibiades, o sea, de los políticos que solo miran para sí y de la gente que se da cuenta de ello. En definitiva, el desprestigio de la democracia como sistema político. Se necesitaron dos mil años para retomar el invento y unos pocos más para que el invento esté hecho de nuevo unos zorros. En fin, ustedes mismos. 

Personalmente, cada vez lo veo más claro, es un decir. La democracia, pongamos que cuatro partidos: el de los rabiosos resentidos, el de los resentidos tipo mangina glutenfree, el de los pijocínicos, el de los quijotes que quieren restaurar un mundo ya revolu. Los cuatro tienen una característica común: la de ser absolutamente innecesarios. Incluso, diría más: inmoderadamente perniciosos. Así que, conmigo que no cuenten: solo creo en la aristrocracia. Y digo yo, oye, si para formar parte del poder judicial hace falta demostrar ante tribunales muy severos unas ciertas capacidades poco comunes, ¿porqué para los otros poderes no se necesita demostrar ningún saber? Me parece de todo punto absurdo. Si tanto para legislar como para ejecutar hubiese que demostrar no ante las urnas sino ante tribunales que se está a la altura, otro gallo nos cantara. Pero, en fin, las cosas son como son y el tiempo siempre las depura. Así que, ¡buena gana!  

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