sábado, 30 de septiembre de 2017

Ese cáliz

Así reza uno de los titulares de La Vanguardia de hoy a propósito del artículo de uno de sus colaboradores estrella:

Pero ¿cómo puede ­esperarse que una negociación entre políticos pueda restañar las heridas profundas de un pueblo humillado en su dignidad?



Lectura del Evangelio según San Lucas. 22, 39-46

Salió Jesús, como de costumbre, al monte de los Olivos;
y lo siguieron los discípulos.
Al llegar al sitio, les dijo: "Orad, para no caer en la tentación".
Él se arrancó de ellos, alejándose como a un tiro de piedra
y, arrodillado, oraba diciendo:
"Padre, si quieres, aparta de mí ese cáliz.
Pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya".
Y se le apareció un ángel del cielo que lo animaba.
En medio de su angustia, oraba con más insistencia.
Y le bajaba el sudor a goterones, como de sangre, hasta el suelo.
Y levantándose de la oración, fue hacia sus discípulos,
los encontró dormidos por la pena, y les dijo:
"¿Por qué dormís? Levantaos y orad, para no caer en la tentación".

"Heridas profundas de un pueblo humillado en su dignidad". ¡Átame esa mosca por el rabo! ¿A ver quién es el guapo que puede desmontar esa entelequia convertida en carne de mi carne? ¡Límpiense el sudor a goterones, como de sangre! La verdad, en llegados a tal grado de locura no veo más solución que la camisa de fuerza. Bueno, quizá pudieran servir también las inyecciones intramusculares de esencia de trementina. Pero, ¡por el amor de Dios!, que nos aparten de una vez este cáliz porque, si no, vamos a acabar haciendo un disparate.  

jueves, 28 de septiembre de 2017

Nimiedades

Perdidos en la memoria, lejanos en el recuerdo, tengo los comentarios que escuchara un día a propósito de la moda que se iba imponiendo entre los señoritos de la capital de ir por la calle cogidos de la mano con sus novias también señoritas. Era un atrevimiento que muchos consideraban cursi. Hasta entonces, lo más, lo más, cuando el trato ya estaba cerrado, era que ella se cogiese del brazo de él siempre y cuando el brazo de él estuviese pudorosamente cubierto al menos por la manga de una camisa. Sin duda aquel contacto que no por leve dejaba de ser carnal anunciaba ya la inminencia del despelote que cuatro días después habría de señorear el mundo. 

Y en medio del despelote, que la chiquillería fuese o no cogida por la mano o por donde hubieren de menester para mejor apurar su deseo reprimido era ya cosa de la menor importancia. Lo único que se pedía ya era una cierta discreción cuando se pasaba a mayores. Una cuestión, por cierto, de muy difícil delimitación por aquello de que es imposible poner puertas al campo. En fin, en ello estamos y no hay nada más cutre que asombrarse de cualquier extralimitación al respecto, aún habiendo niños delante. 

Pues bien, como se suele decir, uno cree que lo ha visto todo en este mundo y de repente cae en la cuenta de que no. Vas por la calle y empiezas a ver algo que te choca. Esta moda que hay en Palencia, y no sólo en la capital, de que las parejas, de cincuenta o sesenta para arriba, vayan por las calles cogidas de la mano. Enamorados como quien dice. Es enternecedor y no me puedo explicar por qué procedimiento se ha llegado a tales procederes, valga la redundancia. Pienso que quizás lo promuevan los curas desde los púlpitos. Porque aquí se va mucho a misa. Pero también puede que contribuyan los que las malas lenguas dicen gomórricos viajes del imserso. No sé, da igual en cualquier caso, pero llama la atención igual que la llamó cuando empezaron los jóvenes. Así que lo único que nos queda ahora es esperar a ver si la cosa va a pasar a mayores como en aquel entonces y vamos a empezar a ver a los viejos retozando por césped de los parques. Estaría gracioso. 

De puta pena

En todo esto que está pasando en Cataluña hay una cosa que se quiere olvidar y que sin embargo en mi modesta opinión es la madre de todos los problemas: en Cataluña se vive de puta pena. Sí, sí, de puta pena. 

Se habla, y con razón, de cuarenta años de adoctrinamiento. Las escuelas, la televisión... como cuando lo de Franco, que ya vieron de lo que sirvió. Para hacer chistes más que nada. Y sin embargo, en Cataluña cuaja. Pregúntense el porqué y no encontrarán otra respuesta que lo mal que se vive allí. Sí, sí, dime de qué presumes y te diré de qué careces. Y estamos cansados de escuchar propaganda sobre lo bien que se vive en Cataluña. Según ellos allí todo es mejor que en el resto de España. Y lo repiten cien mil veces al día porque al parecer no consiguen convencerse. 

Miren ustedes, cuando una persona está mal y no se cura con la medicina canónica tiene tendencia a recurrir a los agüeros y las hechicerías. Y eso es justo lo que pasa en Cataluña. El aumento incensante del PIB no les mejora la vida. Al revés, se la empeora. Se lo digo con conocimiento de causa. Intenté vivir en un ricón idílico de la Serralada Central y fue de todo punto imposible. Estaba rodeado de miles de granjas de cerdos y pollos que apestaban la atmósfera hasta lo irrespirable. Granjas que nadie se preocupó en apartar de los pueblos para dar más encanto al jardín perfumado. A toda aquella gente la codicia, o la falta de inteligencia, les ha amargado la vida y ahora quieren droga dura para dulcificarla. 

En Barcelona les ha pasado igual. El ansia de dinero fácil la ha convertido en un lugar incómodo a más no poder. Un turismo de baja estofa -de alta no creo que exista- ha llenado sus barrios centrales de ruido y suciedad y los vecinos que pueden huyen de ellos como las chinches a la luz. El malestar es tan manifiesto que hasta han elegido a una alcaldesa medio iletrada para que acabe con la ordalía. Y entre necios anda el juego.  

Sí, no les quepa la menor duda: los adoctrinamientos sólo cuajan entre gente que está mal y no ve luz al final del túnel. Cuando ya sólo se confía en los milagros. En su ofuscación han acabado creyendo que con la independencia el campo va a dejar de oler a mierda, las fábricas químicas van a purificar el aire y Barcelona va a tener el mismo porcentaje de putas que cualquier ciudad civilizada. 

Ya les digo, el problema es que viven de puta pena, y nunca va a cambiar mientras no dejen de tener esa obsesión con el dinero. Dinero como sea. Granjas, putas, industrias contaminantes, lo que sea con tal de engrosar la butxaca. Pues bien, ya tienen la butxaca grossa. ¿Y ahora qué? Pues, aparte de vivir rodeados de incomodidad, tener que ver como los que tienen la mitad que ellos viven tan ricamente. Insoportable. ¡Aquellos malparits que viven de nuestro esfuerzo! 

En definitiva, donde no hay inteligencia, la codicia se desborda y el ánimo se emputece. Ya sólo queda fabricar culpables para cuadrar el círculo. Así que, no veo yo qué otra solución va a tener todo esto que no sea la mano dura. Como siempre con los tontos.

miércoles, 27 de septiembre de 2017

Marxismo puro

Uno ve a esos alemanes xenófobos que han entrado en el parlamento y no puede sino preguntarse por cómo sería posible distinguirlos por la pinta. Porque es que hemos visto tanto cine en el que la pinta de las personas era decisiva para configurar el carácter que ahora estamos como huérfanos de referencias para catalogar lo que tenemos delante. Porque esos xenófobos que les digo tienen una pinta incluso más agradable que los que dicen detestar la xenofobia.

Todo esto me tiene muy desconcertado. Porque estoy seguro de que esos xenófobos, dada la pinta que tienen, son gente instruida y cultivada y que, incluso, se habrán sentido concernidos cuando han leído el parlamento en el que Don Quijote le explica a Sancho que las personas valen por lo que hacen y no por de dónde vienen. Porque muchos de ellos seguro que lo han leído, o cosas similares. Y sin embargo, como quien oye llover. Algo dentro de ellos es más fuerte que la razón a la hora de construir argumentos. Algo telúrico, es decir, salido de las zonas oscuras del alma donde anidan los instintos más básicos, justo los que fuimos doblegando para hacernos sapiens.

Si, es descorazonador comprobar hasta que punto cuesta evolucionar. Aquellos a los que creemos individuos constituidos como tales les vemos volver a la tribu a la primera de cambio para danzar alrededor del puchero donde se está cociendo uno que osó adentrarse en su territorio sagrado. Y ahí es donde tenemos el mayor peligro, en el camuflaje. Para bailar alrededor del puchero ya no hace falta ponerse taparrabos ni un hueso en la nariz; ahora lo normal es hacerlo con un traje de Armani o, en su defecto, uno de Zara.

Es tremendo, la verdad, comprender a estas alturas de la vida que lo más probable es que uno esté bailando alrededor de un puchero sin ser consciente de ello. ¿Pertenezco yo a alguna tribu? Posiblemente sí y debiera poner todos mis esfuerzos en descubrir a cuál para poder borrarme de inmediato. Porque no hay nada que degrade tanto a la persona como pertenecer a lo que sea. Y sobre todo a un club que acepte como socios a tipos como yo. Marxismo puro en definitiva. 

martes, 26 de septiembre de 2017

Tonto perdido

Todo esto del llamado populismo que anda infestando a las sociedades digamos que libres, según como se mire, puede ser una magnífica oportunidad para impulsar la maduración de los individuos. Porque esas masas enfervorecidas que vemos por las calles enarbolando banderas son la expresión exagerada hasta el ridículo de lo que todos somos en mayor o menor medida y sólo hace falta que nos quitemos los colmillos para poder vernos en ellas. Porque ¿qué es un populista? Pues bien, por muchas vueltas que le den sólo podrán encontrar una respuesta certera: un populista es aquel que tiene soluciones simples para problemas complejos. Es así de sencillo y a la vez tan complicado porque de esta estulticia es muy difícil escapar cuando la vida aprieta sobre todo por el lado del aburrimiento. 

Lo estaba explicando ayer en la BBC un tipo con pinta de profesor de Oxford. El odio al de afuera prende más en los lugares donde menos gente de afuera hay. En los pueblos apartados en donde la gente se muere de aburrimiento. Claro, en algo tienen que pensar y como están mal, porque el aburrimiento es dolor, piensan cosas malas. En Londres, sostenía, la gente está demasiado ocupada en ganarse el sustento y por eso no se aburren y, de rebote, casi nadie votó a favor del brexit. Pero en los pueblos del norte donde la mayoría de la gente vive subsidiada todos encontraron la solución a su malestar en echar a los de afuera que, por cierto, ellos nunca ven.

Yo no conozco forma mejor de detectar a un idiota que  escuchar decir a un tipo que no hace nada de valor: yo nunca me aburro. Pueden estar seguros de que no se entera de su aburrimiento porque el no parar de hacer maldades le omnubila la mente. Porque es que, además, el idiota lo es porque carece de todo atisbo de voluntad. Un puto vago en definitiva.  

El aburrimiento, la vaguería... la transversalidad del tiempo libre que decía Sostres el otro día. Eso es el populismo. Y por tal es que a nada que nos descuidamos caemos de inmediato en él. Hoy en vez de la bicicleta voy a coger el coche para matar el día... y ya estás metido de hoz y coz en la rueda infernal. Porque la vida no da nada a cambio de nada e ir en coche a matar el tiempo es menos que nada. Es renunciar a la épica y, por tanto, a dar sentido a la vida. Y el que no sepa entender esto que digo que coja, agarre y compare el descanso vespertino en el sillón tras un día de bicicleta y otro de coche. Por no hablar de la digestión de la comida. 

En fin, que uno se acostumbra a lo fácil y acaba pensando que todo lo es. Tonto perdido y populista por tanto. Hay que andarse con cuidado.

lunes, 25 de septiembre de 2017

Realidades paralelas

La premier británica ha ido a Florencia para decir a los europeos que en realidad lo de separarse de ellos es un artificio para poder estrechar aún más los lazos que les unen por medio de nuevos tratados. Un retorcimiento del lenguaje con el que se pretende conjurar el marrón que se avizora en el horizonte. Precisamente en Florencia, el mismo lugar en donde hace ya casi un siglo se reunió Mussolini con los treinta mil británicos ricos que por allí vivían para decirles que lo del fascismo no iba con ellos, que siguiesen viviendo allí como si no estuviese pasando nada. O sea, realidades paralelas, el eterno sueño de los imbéciles que no cesan de aumentar en proporción paralela a las incomodidades que genera la opulencia con su desbordamiento de ocio. 

Éste es un problema que nadie va a resolver nunca. La gente con el estómago lleno y mogollón de tiempo libre engendra necesariamente unas pulsiones suicidas que la llevan a meterse en problemas de los que luego cuesta Dios y ayuda resolver. No sé ustedes, pero yo tengo al respecto experiencia para dar y tomar: toda mi vida ha sido un continuo hacer tonterías para huir del aburrimiento y la baja autoestima. Y la verdad es que todavía no me explico cómo he podido sobrevivir a tantas situaciones comprometidas... al final, no sé por qué, siempre pude agarrarme a la rama de un árbol que crecía en la ladera del precipicio por el que me estaba despeñando. Como en los tebeos. 

Así es que uno ya no es que no crea en Dios, es que tampoco en el bicarbonato. Por no hablar de la intocable democracia que al final parece consistir en que tenemos que respetar todas las tonterías que hace la gente para despistar su nimiedad aunque con ellas esté dándonos por el saco sin parar. ¿Por qué no se va a poder ser separatista y gastar todas las energías en convencer a cuanta más gente mejor de las ventajas de separarse aunque se sepa que la realidad hace imposible ese sueño aún ofrendando ríos de sangre para conseguirlo? Nonsense. Y sin embargo no hay una autoridad superior que ataje el mal en sus principios. Y nos habían dicho, como haciendo un chiste, que la democracia es el menos malo de todos los sistemas políticos conocidos. Porque se suponía que era el único que permitía el desarrollo integral del individuo y la prosperidad de las naciones. Pues bien, más de uno está descubriendo que quizá era demasiado suponer. O acaso en la China de los Mandarines no se desarrollan los individuos y prospera la nación.  

En fin, tanta tontería para nada. Bueno, si, para este entretenimiento insano que consiste en enfrentar a creyentes contra no creyentes en la pócima curalotodo que no tiene efectos secundarios. ¡Anda que no he tragado yo de esas creyéndolas pasaporte al cielo, gilipollas de mí! Vida tirada por el retrete. Realidad paralela- 

sábado, 23 de septiembre de 2017

Copas de más

Había algarabía en la Plaza Mayor de Becerril. Resulta que unos señores ya mayores pero con aire juvenil, como la música que sonaba desaforada, estaban celebrando el veinticinco aniversario de su llamamiento a filas. El programa consistía en primer lugar en tener al pueblo sometido a tortura sonora desde las diez de la mañana, después santa misa, a continuación la renovación solemne del juramento a la bandera y como colofón, pues ya se lo pueden suponer, lo de siempre en estos casos: negocio para la hostelería. 

La mili la suprimieron a comienzos del milenio, ayer como quien dice, y ya parece que nunca existió. Yo me libré de hacerla por medio de subterfugios, aunque seguramente estuvo en parte justificado, pues si de lo de estrecho de pecho me salvaba por los pelos, de carencias empáticas que le dirían ahora tenía para parar un tren. Simplemente, ya por entonces, me paralizaban las camaraderías multitudinarias. Como ahora, más o menos, que en sobrepasando la septena ya me empiezan los vahídos. De todas formas, no me siento en absoluto orgulloso de aquel libramiento artero porque ya hace mucho que empecé a considerar que de haber pasado por ese aro quizá hubiesen mejorado algunas de mis peores carencias. O defectos si quieren. Pero, en fin, esto sería largo de contar. 

El caso es ese, que la mili sigue siendo una referencia para muchos, quizá porque significó la experiencia más nutricia de sus vidas. He conocido gente que andaban por los cuarenta y cincuenta y seguían dando la matraca con historias de su mili. Porque para ellos fue un antes y un después. Una especie de Universidad de la Vida que les dio el titulo de adultos. Nadie en el pueblo te podía seguir tratando de chaval una vez regresado de aquella metida en cintura. Además que allí se hacían amigos para la eternidad. Gente de todos los confines con la que acaso se acababa haciendo negocios.  

Total, que hoy en Becerril se juraba la bandera mientras en otros rincones de España se limpian el culo con ella que, aunque no se enteren, también es otras forma de jurarla. Porque ya me dirán ustedes la distancia que hay del amor al odio... unas cuantas copas de más las más de las veces.  

viernes, 22 de septiembre de 2017

Las noches de El Cámbaro

Ayer, el típico día suave de comienzos del otoño, me eché a la carretera con María a eso de la media mañana. La brisa era casi imperceptible, pero suficiente para hacerle un justo contrapunto al calor que daba un sol amortiguado por una fina gasa de nubes. Serían las dos cuando cruzamos el Carrión por el mismo sitio en el que apareció el cadáver de Ofelia entre lirios. Con el castillo al fondo, la vista es espectacular desde ese puente medieval. Pero ya llevábamos encima suficiente hambre como para andar demorándose con consideraciones estéticas. En nuestras cabezas sólo cabían dos palabras: La Concordia. La Concordia es un restaurante que hay en Monzón que a D. G. no viene en las guías de postín aunque bien pudiera. 

Hay en las paredes de La Concordia unos cuadros que a mis ojos de profano son más que notables. Un paisaje castellano de amapolas y el atrio de una iglesia en Estambul. Para redondear sonaba todo el rato un jazz suave que no paraba de recordarme a aquellas noches memorables de El Cámbaro. Pero es que, además, para dar más cuerda a la nostalgia, pedí de segundo plato unas manitas ¡Ay, aquellas cenas en el Fuente De de Peña Herbosa! 

Corrían los últimos setenta del siglo pasado y había en España una crisis económica de las de verdad. Las inflaciones anuales nunca bajaban del veinte por ciento. Con eso se dice todo. Pero nosotros, con nuestras flamantes profesiones, vivíamos ajenos a la debacle generalizada. Hacíamos nuestro trabajo, nos pagaban puntualmente y, en el tiempo libre, no estábamos para muchas filosofías comiserativas. Al atardecer nos dejábamos caer por el Fuente De a comer unas manitas, o en lo de Jenny un alu-cachalu. Después, ahítos ya de comida y conversación nos dirigíamos al Sardinero para rematar la velada en El Cámbaro escuchando jazz y también, todo hay que decirlo, fumando mariguana. ¡Tiempos felices aquellos en los que acabábamos de ganar una guerra! O quizá fuese que estábamos cobrando nuestros primeros sueldos y, por contraste, todo el mundo nos trataba como a los verdaderos reyes del mambo. 

Bueno, cada cosa cuando toca y bendito sea el poder mirar ahora hacia atrás sin ira y con un cierto regusto de vida cumplida. Ni fuimos los mejores ni los más guapos, pero supimos disfrutar sin molestar, espero, demasiado al prójimo. Y el que tuvo retuvo y, en la medida de lo posible, seguimos en el tajo. ¡Y qué le vamos a hacer si somos así! 

jueves, 21 de septiembre de 2017

Procrastineision

Cuando un mal en sus principios no se corrige, fuerzas del abandono va cobrando que luego hace imposible el remedio. Que es justo lo que ha pasado y está pasando en Cataluña. Como he vivido allí mucho más de lo que hubiera sido deseable y prudente he podido comprobar de primera mano como se cultiva la xenofobia. Desde el mismo día que Jorge Poyuelo se hizo con los mandos de la nave empezó el baile de los vampiros. Sus televisiones, sus periódicos -con La Vanguardia en vanguardia-, no perdieron ni un minuto en comenzar a lanzar mensajes, primero subliminales, luego manifiestamente explícitos, sobre lo mierdas que somos los españoles que somos capaces de vernos en los espejos. Porque de eso se trata todo: cuando lo gente deja de verse en el espejo automáticamente se hace xenófobo. O idiota rematado, lo que viene a ser lo mismo. 

En cualquier caso, desde que me apercibí del baile que se estaba celebrando, no he dejado de cuestionarme los encantos de la democracia tal y como la estamos entendiendo aquí. La famosa libertad de expresión que no sirve, como es lógico, para los yihadistas ha sido ilimitada para los xenófobos, tanto en Cataluña como en el País -¡qué país!- Vasco. Dos sociedades, por otra parte, llenas de gente acomplejada supongo que a causa de la actitud prepotente de una burguesía provinciana y hortera nacida a la sombra de los monopolios estatales. Lujo versus miseria, el eterno caldo de cultivo de la destrucción de los imperios, que ya lo dijeron los clásicos. 

Así que nada más estúpido que rasgarse ahora las vestiduras. Más valiera por contra reconocer que no se quería ver lo evidente. Como los padres que pasan de que sus hijos lleguen a casa colocados. ¡Qué simpático el chaval! Y ahora, a sus cuarenta, todo el día tumbado en el sofá viendo la Sexta. Pues joderos por idiotas. Que no otra cosa es lo que nos está pasando a los españoles por no haber querido enfrentar lo desagradable en sus comienzos. Haber agarrado a Jorge Poyuelo por el cuello y haberle dicho: oye tú, enano de los cojones, la próxima vez que vea un programa de TV3 hablando de la caspa de los madrileños te voy a dar una patada en el culo que vas a tener que cagar por la boca el resto de tu vida. 

Pero así corre el mundo, procrastinando como se dice ahora. No hagas hoy lo que puedas hacer mañana y mejor si es pasado. Y fuerzas del abandono va cobrando. Hasta que llega la hora de la cirugía radical. Y en esas estamos y veremos ahora, con la biopsia intraoperatoria, la malignidad del cáncer. Bueno, Sostres decía ayer que la transversalidad del catalanismo no es el independentismo sino el tiempo libre: según él, en la manifestación callejera solo había jubilados y estudiantes. En fin, recemos por nuestras pensiones. 

miércoles, 20 de septiembre de 2017

Basura en las cunetas

Anda corriendo por ahí un "Manifiesto de profesores de universidades españolas sobre la situación en Cataluña". Nada que ver con el que leímos hace unos días de más de mil intelectuales y artistas, todos de izquierdas, españoles. En el de los profesores no encontramos ni una adversativa. ¡Alabado sea Dios! Por una vez el PP y Rajoy salen indemnes. 

Intelectuales y artistas -más de mil- versus profesores de universidad -ciento y pico-. Interesante contraste. Una oportunidad de oro para saber quién es quién y por qué lo es. Porque ya está bien de llenar páginas y páginas de periódico con las opiniones políticas de un tal Dani Rovira que por lo visto es un actor de cine de moda en el momento. Y así las tres cuartas partes de la opinión que se publicita en los medios: pura diarrea de iletrados. 

Y aquí sí que tenemos un problema mayor que el de Houston. La dificultad de encontrar grano entre tan ingentes cantidades de paja cuando no simple y llanamente mierda. Por cada vez que he encontrado en los medios el manifiesto de los profesores de universidad he tenido que padecer mil veces el de los más de mil intelectuales y artistas de izquierda. ¿Y por qué las cosas tienen que ser así? Pues muy sencillo, por lo que les apuntaba ayer, porque lo de la bondad de la naturaleza humana es una filfa. Venimos de fábrica cargados de rencor, odio y envidia hacia todo lo que sentimos que nos supera. Después, algunos, muy pocos, a base de esfuerzo y espíritu de superación consiguen comprender la importancia decisiva del mérito que es tanto como curarse de complejos. 

El mérito, eso que se suele confundir con el éxito. Y sobre todo con la fama. Y luego pasa lo que pasa, que pesa más la opinión de Almodovar o el mentado Dani Rovira que las de Savater o Juaristi. Una verdadera desgracia que a la postre se traduce en que las cunetas de nuestras carreteras estén llenas de basuras... sirva como metáfora. 

martes, 19 de septiembre de 2017

Abandona la manáa

Decir que todo lo malo que pasa es culpa de los que se dicen de izquierdas es casi un pleonasmo. Uno les ve en esos debates de la televisión o les lee -por puro masoquismo- en los periódicos y se maravilla por esa despreciable capacidad que tienen para tratar de disimular con adversativas su decir digo donde dijeron Diego. Esas adversativas que delatan su odio congénito a quienes venían de lejos teniendo la razón que ahora se arrogan ellos por cuestiones puramente tácticas. Porque no engañan, por lo menos a mí: sé a ciencia cierta que pasado el sofocón siempre vuelven a las andadas, a intentar cargarse al individuo constituido como tal, el enemigo natural a muerte del que se siente manada. 

He conocido de cerca a unos cuantos de esa especie y pienso que no hay descripción de ellos que pueda superar a la que hizo Nietzsche: son gente que ha leído dos libros y ha mantenido dos conversaciones con personas, a las que no tenía derecho. En su pequeñez mental, agravada por el resentimiento, consiguen cuadrar el mundo por medio de la sencillísima antítesis ricomalo/pobrebueno. Les parecerá que exagero, pero escarben un poco y verán qué poco tardan en darme la razón. 

En cualquier caso para que no piensen que soy tan fanático como aquellos a quienes detesto les voy a dar unas pistas de lo que me parece sensato para conseguir una paz viva sobre la tierra:

-desconfianza y desdén por propuestas y acciones extremas.

-desconfianza por las grandes teorías o sistemas políticos.

-escepticismo acerca de la natural bondad de la naturaleza humana.

-deseo de buscar compromisos y formar grandes coaliciones.

-pragmático énfasis en la ciencia, la evidencia y la verdad.

-una sana admiración por el patriotismo y desconfianza por las identidades políticas. 

-un firme respeto por la ley y fidelidad absoluta a los principios constitucionales. 

Y que conste que semejante lista no se me ha ocurrido a mí, aunque bien pudiera. La he tomado de "a moderate manifesto" de un tal Winegard.

En definitiva, como dice la canción: enamórate de la luna y abandona la manáa... es la única solución sensata. Se lo digo yo.  

lunes, 11 de septiembre de 2017

La razón práctica

En la isla de Tera, en el Egeo, eran ya demasiados para lo que el suelo podía alimentar. Como eran razonables decidieron resolverlo sin hacer correr la sangre. Fletaron un barco y luego echaron a suertes los que se iban y los que se quedaban. Y así fue que la mitad que le tocó marcharse se subió al barco y se perdió en el horizonte. Anduvieron una larga temporada de aquí para allá buscando donde asentarse, pero no dieron con nada de su gusto. Entonces se sentaron a deliberar y resolvieron volver a Tera. Pero en Tera, que ya se vivía mucho mejor, no les dejaron desembarcar. Les pertrecharon de nuevo con víveres y les obligaron a largarse. Habían sido sus hermanos, pero ya no lo eran por razones de índole práctica. 

Claro, si allí hubiese imperado el Sagrado Corazón de Jesús en Vos Confío, que duda cabe de que la espada hubiese acabado decidiendo. Pero en Tera preferían venerar a Apolo. A las duras y a las maduras. 

En fin, parece mentira que aquí y ahora todavía andemos con lo de la razón pura. Como si Kant no hubiese dedicado  un libro de mil páginas a criticarla. La fuerza de la razón, señores, estriba en que es práctica. Y no por nada sino porque solo el sentido práctico de la vida permite discernir cuando conviene invertir los términos, es decir, pasar de la fuerza de la razón a la razón de la fuerza. Que no por otro motivo nos hemos pertrechado de cañones y todas esas cosas. 

domingo, 10 de septiembre de 2017

Por quién doblan


Me pregunto por quién doblan las campanas. En Villada, donde la única fonda que hay en el pueblo se llama La Cárcel. Pasó ya el verano y sin haber llegado todavía el otoño, sólo cuatro viejos que beben aguardiente en los bares de la plaza dan fe de que allí queda vida. Por cada casa abierta hay cuatro cerradas de las que tres se caen. Y puede que me quede corto. No es el fin de una época, es el fin de una era. 

Apresúrense si quieren tener una idea de lo que fue la matriz de un imperio. Porque la decadencia es tal que pronto no quedará nada. La inmensidad de los Campos sigue siendo la misma pero su proporcionalidad con el hombre quedó reducida a nada con la llegada del motor de explosión. Allí, cuatro gatos se sobran y se bastan para lo que hay que hacer. El resto, son viejos que esperan pacientemente que vengan sus hijos por las fiestas. El resto del año, ya digo, aguardiente por las mañanas en los bares de la plaza. 

Pero, bueno, de pronto, en medio de la inmensidad, entre ruinas de monasterios de adobe, un milagro: Hotel Mesón LaTata. Hemos comido de madre y luego hemos sesteado en un banco de una alameda que había por allí. 

En fin, a ustedes que les gusta viajar, no se lo pierdan.  

sábado, 9 de septiembre de 2017

El escorpión

Como dice Cayetana, el escorpión socialista siempre vuelve. Por mucho que le salves la vida, él siempre tendrá el aguijón presto para clavártele al primer descuido que tengas. Esa fábula que debiera ser de enseñanza obligatoria en todas las escuelas desde primero de primaria. El resentido no tiene cura. 

Por eso, señoras y señores, olvídense ustedes de los nacionalistas. El verdadero cáncer del mundo son los socialistas. Su única ideología es odiar al que le va bien. Su única estrategia es la venganza. Su única táctica, seducir a los adolescentes que andan en lo de matar al padre.  

Así es, no les quepa la menor duda, que ese forúnculo supurante que es el nacionalismo no es más que la consecuencia de la perdida de defensas inmunitarias que produce ese cáncer que les digo. A los socialistas, con tal de poder fastidiar a los que saben cambiarse a si mismos sin necesidad de tutelas son capaces de empantanar todo el campo para que el juego sea imposible. 

Es terrible, no lo olviden nuca, esa gente que es incapaz de constituirse como individuo. Siempre andan por ahí a la busca de un ser libre para clavarle su aguijón ponzoñoso. Sólo así pueden liberar algo del odio que les impide respirar con normalidad. Así que estén atentos, porque el escorpión se camufla entre la hojarasca y te puede picar cuando vas distraído paseando. Pero si ven uno, no lo duden, aplástenlo con todas sus fuerzas hasta que rezume la última gota de odio que le corroe por dentro. 

En fin, el puto ser humano que no hay forma de que venga de fábrica con los deberes de la libertad de espíritu hechos.  

lunes, 4 de septiembre de 2017

A merced de las mareas

 ¿Por qué hacemos las cosas que hacemos? ¿Realmente merece la pena hacerlas? ¿Nos dan el resultado que apetecemos? ¿Que me pasaría si dejase de hacerlas? Y así un montón de interrogantes sobre los que conviene trabajar para no andar por el mundo como un zombi y, sobre todo, dando la lata a los que el azar hizo compañeros de viaje. 

La verdad es que ya no me siento a gusto en casi ningún lugar que no sea el salón de mi casa y la llanura desierta. ¿Es buena idea dejarse seducir por esa querencia? ¿Debiera esforzarme por ampliar el campo de batalla? ¿Podría, en cualquier caso, hacerlo? No sé, porque cada vez es más insistente el zumbido de las trompetas que anuncian retirada. 

El agua de mi río ya da señales de una salinidad potente y si miro hacia delante sólo veo inmensidad. Sin duda estoy ya en el estancamiento del delta, a merced de las mareas. Hasta que una más viva... 

   

domingo, 3 de septiembre de 2017

¡Vade retro!

No me puedo hacer una idea de cuantas son las mascotas que han conseguido salvar los servicios de emergencia de Huston, pero a juzgar por las imágenes que he visto deben ser unos cuantos millones. Pero, en fin, eso no me parece lo más interesante de todo este contratiempo, nunca mejor dicho, que vienen padeciendo los últimos días los tejanos. Por lo que me he podido enterar en esos estupendos debates de ideas que hacen en Blomberg, la CNN y tal, de lejos le viene el garbanzo al pico. Todos esos maravillosos barrios anegados que vemos se ubican en territorios que en un principio estaban fuera de todos los planes urbanísticos de la ciudad porque las ciencias probabilísticas les daban un índice de peligrosidad que les descartaban de cualquier pretensión de ser urbanizables. Se sabía con un porcentaje significativo de certeza que tarde o temprano habría de pasar lo que ha pasado. O sea, que si las autoridades de Huston hubiesen utilizado en los últimos años la razón de la ley  no hubiésemos estado tan entretenidos y confortables estos días contemplando lo mal que les va a otros. Porque ya saben lo que reconforta salir bien parado en la comparación con quienes nos venían apabullando con sus riquezas sin par. Tan ricos que, por cierto, también, como los catalinos, se quieren, o se querían, separar de sus vecinos por considerarles unos pringaos. 

Es muy curioso, desde luego, esta propensión que cada vez con más desparpajo tienen muchas autoridades de saltarse la ley pensando siempre en el cuan largo me lo fiáis. El triunfo del donjuanismo, del faustismo, o, para simplificar, del pacto con el diablo. Oye, no pasa nada y cuando el diablo pase su factura pues ya se pagará a escote. La única preocupación entonces es que podamos salvar a todas nuestras mascotas. Y en esto va quedando el mundo, en el último en pactar, maricón. Porque a ver quién va a ser el guapo que va a ir a pedir cuentas a los que urbanizaron lo inurbanizable, lo mismo que a los que promovieron el Brexit, o a los putos catalinos que nos están torturando con sus amagos guerracivilistas. Está en el pacto que hicieron poder camuflarse en la nube democrática para ser inidentificables y al diablo, por otra parte, le da igual quien pague con tal de cobrar. Es más, seguro que al diablo, tan malo como es, le encanta que paguen justos por pecadores, o idiotas por listillos. Ademas, así, salvando a los listillos, asegura mejor su negocio porque renovarán el contrato tan pronto como bajen las aguas. 

Cuan largo me lo fiáis, se diría, es la frase, o el sintagma por decirlo más fino, que señorea este mundo precipitado. No me cabe la menor duda porque no conozco a prácticamente nadie, y yo al primero, que se pueda hurtar a su magia hipnotizante. ¡Oye, lo que dura dura! Y después, pues siempre nos quedará saborear el recuerdo con nostalgia, lo que viene a ser como el París que les quedaba a los protagonistas de Casablanca. O sea, la nada, el infierno.  

En fin, allá cada cual con sus fantasías. Por mi parte voy a ver si soy capaz de mantener lo más alejado posible al diablo, cosa que dudo mucho que pueda conseguir siquiera minimamente.