Decir que todo lo malo que pasa es culpa de los que se dicen de izquierdas es casi un pleonasmo. Uno les ve en esos debates de la televisión o les lee -por puro masoquismo- en los periódicos y se maravilla por esa despreciable capacidad que tienen para tratar de disimular con adversativas su decir digo donde dijeron Diego. Esas adversativas que delatan su odio congénito a quienes venían de lejos teniendo la razón que ahora se arrogan ellos por cuestiones puramente tácticas. Porque no engañan, por lo menos a mí: sé a ciencia cierta que pasado el sofocón siempre vuelven a las andadas, a intentar cargarse al individuo constituido como tal, el enemigo natural a muerte del que se siente manada.
He conocido de cerca a unos cuantos de esa especie y pienso que no hay descripción de ellos que pueda superar a la que hizo Nietzsche: son gente que ha leído dos libros y ha mantenido dos conversaciones con personas, a las que no tenía derecho. En su pequeñez mental, agravada por el resentimiento, consiguen cuadrar el mundo por medio de la sencillísima antítesis ricomalo/pobrebueno. Les parecerá que exagero, pero escarben un poco y verán qué poco tardan en darme la razón.
En cualquier caso para que no piensen que soy tan fanático como aquellos a quienes detesto les voy a dar unas pistas de lo que me parece sensato para conseguir una paz viva sobre la tierra:
-desconfianza y desdén por propuestas y acciones extremas.
-desconfianza por las grandes teorías o sistemas políticos.
-escepticismo acerca de la natural bondad de la naturaleza humana.
-deseo de buscar compromisos y formar grandes coaliciones.
-pragmático énfasis en la ciencia, la evidencia y la verdad.
-una sana admiración por el patriotismo y desconfianza por las identidades políticas.
-un firme respeto por la ley y fidelidad absoluta a los principios constitucionales.
Y que conste que semejante lista no se me ha ocurrido a mí, aunque bien pudiera. La he tomado de "a moderate manifesto" de un tal Winegard.
En definitiva, como dice la canción: enamórate de la luna y abandona la manáa... es la única solución sensata. Se lo digo yo.
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