martes, 19 de septiembre de 2017

Abandona la manáa

Decir que todo lo malo que pasa es culpa de los que se dicen de izquierdas es casi un pleonasmo. Uno les ve en esos debates de la televisión o les lee -por puro masoquismo- en los periódicos y se maravilla por esa despreciable capacidad que tienen para tratar de disimular con adversativas su decir digo donde dijeron Diego. Esas adversativas que delatan su odio congénito a quienes venían de lejos teniendo la razón que ahora se arrogan ellos por cuestiones puramente tácticas. Porque no engañan, por lo menos a mí: sé a ciencia cierta que pasado el sofocón siempre vuelven a las andadas, a intentar cargarse al individuo constituido como tal, el enemigo natural a muerte del que se siente manada. 

He conocido de cerca a unos cuantos de esa especie y pienso que no hay descripción de ellos que pueda superar a la que hizo Nietzsche: son gente que ha leído dos libros y ha mantenido dos conversaciones con personas, a las que no tenía derecho. En su pequeñez mental, agravada por el resentimiento, consiguen cuadrar el mundo por medio de la sencillísima antítesis ricomalo/pobrebueno. Les parecerá que exagero, pero escarben un poco y verán qué poco tardan en darme la razón. 

En cualquier caso para que no piensen que soy tan fanático como aquellos a quienes detesto les voy a dar unas pistas de lo que me parece sensato para conseguir una paz viva sobre la tierra:

-desconfianza y desdén por propuestas y acciones extremas.

-desconfianza por las grandes teorías o sistemas políticos.

-escepticismo acerca de la natural bondad de la naturaleza humana.

-deseo de buscar compromisos y formar grandes coaliciones.

-pragmático énfasis en la ciencia, la evidencia y la verdad.

-una sana admiración por el patriotismo y desconfianza por las identidades políticas. 

-un firme respeto por la ley y fidelidad absoluta a los principios constitucionales. 

Y que conste que semejante lista no se me ha ocurrido a mí, aunque bien pudiera. La he tomado de "a moderate manifesto" de un tal Winegard.

En definitiva, como dice la canción: enamórate de la luna y abandona la manáa... es la única solución sensata. Se lo digo yo.  

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