lunes, 25 de septiembre de 2017

Realidades paralelas

La premier británica ha ido a Florencia para decir a los europeos que en realidad lo de separarse de ellos es un artificio para poder estrechar aún más los lazos que les unen por medio de nuevos tratados. Un retorcimiento del lenguaje con el que se pretende conjurar el marrón que se avizora en el horizonte. Precisamente en Florencia, el mismo lugar en donde hace ya casi un siglo se reunió Mussolini con los treinta mil británicos ricos que por allí vivían para decirles que lo del fascismo no iba con ellos, que siguiesen viviendo allí como si no estuviese pasando nada. O sea, realidades paralelas, el eterno sueño de los imbéciles que no cesan de aumentar en proporción paralela a las incomodidades que genera la opulencia con su desbordamiento de ocio. 

Éste es un problema que nadie va a resolver nunca. La gente con el estómago lleno y mogollón de tiempo libre engendra necesariamente unas pulsiones suicidas que la llevan a meterse en problemas de los que luego cuesta Dios y ayuda resolver. No sé ustedes, pero yo tengo al respecto experiencia para dar y tomar: toda mi vida ha sido un continuo hacer tonterías para huir del aburrimiento y la baja autoestima. Y la verdad es que todavía no me explico cómo he podido sobrevivir a tantas situaciones comprometidas... al final, no sé por qué, siempre pude agarrarme a la rama de un árbol que crecía en la ladera del precipicio por el que me estaba despeñando. Como en los tebeos. 

Así es que uno ya no es que no crea en Dios, es que tampoco en el bicarbonato. Por no hablar de la intocable democracia que al final parece consistir en que tenemos que respetar todas las tonterías que hace la gente para despistar su nimiedad aunque con ellas esté dándonos por el saco sin parar. ¿Por qué no se va a poder ser separatista y gastar todas las energías en convencer a cuanta más gente mejor de las ventajas de separarse aunque se sepa que la realidad hace imposible ese sueño aún ofrendando ríos de sangre para conseguirlo? Nonsense. Y sin embargo no hay una autoridad superior que ataje el mal en sus principios. Y nos habían dicho, como haciendo un chiste, que la democracia es el menos malo de todos los sistemas políticos conocidos. Porque se suponía que era el único que permitía el desarrollo integral del individuo y la prosperidad de las naciones. Pues bien, más de uno está descubriendo que quizá era demasiado suponer. O acaso en la China de los Mandarines no se desarrollan los individuos y prospera la nación.  

En fin, tanta tontería para nada. Bueno, si, para este entretenimiento insano que consiste en enfrentar a creyentes contra no creyentes en la pócima curalotodo que no tiene efectos secundarios. ¡Anda que no he tragado yo de esas creyéndolas pasaporte al cielo, gilipollas de mí! Vida tirada por el retrete. Realidad paralela- 

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