domingo, 3 de septiembre de 2017

¡Vade retro!

No me puedo hacer una idea de cuantas son las mascotas que han conseguido salvar los servicios de emergencia de Huston, pero a juzgar por las imágenes que he visto deben ser unos cuantos millones. Pero, en fin, eso no me parece lo más interesante de todo este contratiempo, nunca mejor dicho, que vienen padeciendo los últimos días los tejanos. Por lo que me he podido enterar en esos estupendos debates de ideas que hacen en Blomberg, la CNN y tal, de lejos le viene el garbanzo al pico. Todos esos maravillosos barrios anegados que vemos se ubican en territorios que en un principio estaban fuera de todos los planes urbanísticos de la ciudad porque las ciencias probabilísticas les daban un índice de peligrosidad que les descartaban de cualquier pretensión de ser urbanizables. Se sabía con un porcentaje significativo de certeza que tarde o temprano habría de pasar lo que ha pasado. O sea, que si las autoridades de Huston hubiesen utilizado en los últimos años la razón de la ley  no hubiésemos estado tan entretenidos y confortables estos días contemplando lo mal que les va a otros. Porque ya saben lo que reconforta salir bien parado en la comparación con quienes nos venían apabullando con sus riquezas sin par. Tan ricos que, por cierto, también, como los catalinos, se quieren, o se querían, separar de sus vecinos por considerarles unos pringaos. 

Es muy curioso, desde luego, esta propensión que cada vez con más desparpajo tienen muchas autoridades de saltarse la ley pensando siempre en el cuan largo me lo fiáis. El triunfo del donjuanismo, del faustismo, o, para simplificar, del pacto con el diablo. Oye, no pasa nada y cuando el diablo pase su factura pues ya se pagará a escote. La única preocupación entonces es que podamos salvar a todas nuestras mascotas. Y en esto va quedando el mundo, en el último en pactar, maricón. Porque a ver quién va a ser el guapo que va a ir a pedir cuentas a los que urbanizaron lo inurbanizable, lo mismo que a los que promovieron el Brexit, o a los putos catalinos que nos están torturando con sus amagos guerracivilistas. Está en el pacto que hicieron poder camuflarse en la nube democrática para ser inidentificables y al diablo, por otra parte, le da igual quien pague con tal de cobrar. Es más, seguro que al diablo, tan malo como es, le encanta que paguen justos por pecadores, o idiotas por listillos. Ademas, así, salvando a los listillos, asegura mejor su negocio porque renovarán el contrato tan pronto como bajen las aguas. 

Cuan largo me lo fiáis, se diría, es la frase, o el sintagma por decirlo más fino, que señorea este mundo precipitado. No me cabe la menor duda porque no conozco a prácticamente nadie, y yo al primero, que se pueda hurtar a su magia hipnotizante. ¡Oye, lo que dura dura! Y después, pues siempre nos quedará saborear el recuerdo con nostalgia, lo que viene a ser como el París que les quedaba a los protagonistas de Casablanca. O sea, la nada, el infierno.  

En fin, allá cada cual con sus fantasías. Por mi parte voy a ver si soy capaz de mantener lo más alejado posible al diablo, cosa que dudo mucho que pueda conseguir siquiera minimamente. 

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