lunes, 4 de septiembre de 2017

A merced de las mareas

 ¿Por qué hacemos las cosas que hacemos? ¿Realmente merece la pena hacerlas? ¿Nos dan el resultado que apetecemos? ¿Que me pasaría si dejase de hacerlas? Y así un montón de interrogantes sobre los que conviene trabajar para no andar por el mundo como un zombi y, sobre todo, dando la lata a los que el azar hizo compañeros de viaje. 

La verdad es que ya no me siento a gusto en casi ningún lugar que no sea el salón de mi casa y la llanura desierta. ¿Es buena idea dejarse seducir por esa querencia? ¿Debiera esforzarme por ampliar el campo de batalla? ¿Podría, en cualquier caso, hacerlo? No sé, porque cada vez es más insistente el zumbido de las trompetas que anuncian retirada. 

El agua de mi río ya da señales de una salinidad potente y si miro hacia delante sólo veo inmensidad. Sin duda estoy ya en el estancamiento del delta, a merced de las mareas. Hasta que una más viva... 

   

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