domingo, 31 de diciembre de 2017

El agujero existencial

Me dijo Fede con esa forma de persuasión vehemente que le caracteriza que siguiese escribiendo mis crónicas del desasosiego. Por su parte, Santi, desde el lejano Tokay, me dice como con melancolía que, desde que dejé de escribir aquí, apenas sabe ya de mí, porque es que la desidia hace a veces que nuestra correspondencia se demore más de la cuenta. Y, luego, yo, que he devenido en yonky de esta actividad cotidiana sin la cual, he podido darme cuenta estos días, el agujero existencial adquiere proporciones francamente desagradables. Así que voy a desdecirme y de paso retomar la adicción con la que, pienso, mejor relleno ese maldito agujero del que nadie escapa y yo el primero. 

Porque esa y no otra es la gran cuesta que tenemos que subir cada día para poder llegar a la cima en armonía con Morfeo. Porque si el agujero sigue vacío cuando el día se agota no hay manera de conciliar el sueño de los justos, es decir, el que repara. 

Y es que ese es, a mi nada modesto juicio, el gran engaño de la vida, pensar que se puede llenar el agujero yendo cuesta abajo y, además, de culo y sin frenos. Confundiendo siempre la justificada necesidad con el despreciable deseo. El complaciente eufemismo con la dolorosa realidad. 

Y así sigue la vida, pensando que vamos acertados y sintiendo que el águila sigue escavando cada día en nuestros hígados. Y ese es todo el misterio de nuestra prometéica condición, que sólo la sabiduría de Atenea puede convertir en diamante la roca del Caucaso a la que estamos encadenados por habernos creído más listos que los dioses. En fin, feliz cotillón y próspero Merimé. 

domingo, 17 de diciembre de 2017

La inmensa laguna

Un día de hace ya diez años, así porque sí me dio por ponerme a este negocio de los blogs para, así, vanitas, vanitatis, hacer públicos mis devaneos intelectuales. Siempre, toda la vida, anduve con este tipo de mandangas. Y en aquella primera entrada les contaba de donde viene, más o menos, esta propensión a buscar explicaciones para todo para después cantarlas. Y utilizaba para ello un parrafito de uno de los artículos de Larra en donde me había visto meridianamente retratado. Decía así: "... pues nunca está el hombre más filósofo que en sus malos ratos: el que no tiene fortuna se encasqueta su filosofía, como el falto de pelo su bisoñé; la filosofía es, efectivamente, para el desdichado lo que la peluca para el calvo; de ambas maneras se les figura a entrambos, que ocultan a los ojos de los demás la inmensa laguna que dejó en ellos por llenar la naturaleza madrastra."

Pasado ya el tiempo y ordeñada la vaca hasta la extenuación pienso que ya va siendo hora de pasar a otros menesteres. En fin. 

viernes, 15 de diciembre de 2017

La propina

En estas etapas de la vida que mi padre llamaba la propina he dado en vivir atormentado por ese precepto que algunos creen puritano pero que en realidad es judío: el que la hace la paga. Y no sólo eso sino que colea la deuda hasta siete generaciones tras él. Así, nunca como ahora he tenido una conciencia tan pesarosa por todas las tonterías que hice a lo largo de la vida. Y no encuentro resquicios para algún tipo de justificación. No, simplemente actué estúpidamente a impulsos de una autoestima estragada por un amor propio sin fondo. Poca inteligencia, mala educación, no pueden ser excusas porque, entonces, apaga y vamos. ¿Para qué entonces la justicia si nadie es realmente responsable de sus actos? No, olvidémonos del pensamiento socialdemócrata y volvamos a los orígenes de la realidad: recogiste tempestades porque sembraste vientos. Lo demás cuentos de la mona. 

Viendo el otro día esa a mi juicio obra de arte que es Boyhood vi que en un lugar destacado del colegio al que van los niños había un cartelón con la siguiente leyenda: cada cual es responsable de sus actos. Bien yo diría que ese debería ser el artículo primero de cualquiera de los decálogos que los profetas bajan del monte. Así, con algo tan meridiano bien interiorizado, todo lo demás viene por añadidura, empezando por la inoperancia de ampararse en la aprobación de la tribu. 

En fin, la propina, tiempo para purgar. Si es que eso es posible. 


Mi penitencia deba a mi deseo,
         pues me deben la vida mis engaños,
              y espero el mal que paso, y no le creo. 

                                                                                       Hasta por el culo me conocen

jueves, 14 de diciembre de 2017

La seva identitat

No sé qué es lo que pretende el gobierno con ese venga y dale de que no boicoteemos los productos catalanes. Nos quieren convencer de que nos traguemos nuestra antipatía porque nos está perjudicando económicamente. Muy bien, sí, pero y qué me dicen de la satisfacción interior que se tiene cuando estando en la sección de charcutería de Mercadona escoges un chorizo de Guijuelo en vez de uno de Tarradellas. Primero porque sabes que te llevas un producto infinitamente mejor y segundo por el regodeo sentimental de darle una patada en culo al enemigo. Porque para mí los catalanes se han convertido en enemigos y decirlo de otra manera sería un eufemismo. Y que quede claro que no fui yo el que empezó todo esto con algo similar al estúpido y odioso som y serem

Y, sí, ya sin tapujos, estoy radicalmente a favor de la independencia de Cataluña. He estado echando cuentas y he llegado a la conclusión de que, en conjunto, saldría beneficiado. Y ellos, ni te digo.  Con longanizas no iban a atar a los perros que lo harían con butifarras para no dañar su identitat. La identitat de esos, pongamos, dos millones de personas que por estar cerrilmente cohesionados pesan infinitamente más que los otros seis que andan desperdigados en lo que hace a sus sentimientos. Porque, esa es la cuestión perfectamente constatable, que de esos seis millones de desperdigados, por lo menos a cinco, se la sopla el que sea pel davant o pel darrera. Y luego, no olviden el dato definitivo, el de que entre esos dos millones de cerrilmente convencidos están casi todos los propietarios de las pequeñas y medianas empresas, por no hablar de las grandes, que sueñan con hacer de Cataluña un paraíso fiscal. Y no digamos jurídico, porque eso va de soi. Sí, convénzanse, las cartas están echadas y "ellos" tienen todos los triunfos. 

Por lo demás, ese milloncejo de hermanos del alma que están allí sufriendo por no ser de la seva saldrían ganando, y mucho, trasladando su residencia al otro lado de la frontera. Porque por aquí, hay sitio de sobra, montones de oportunidades y no huele a mierda. Y además, y sobre todo, aquí hay generosidad. Aquí, de esta parte de la frontera, salvo raras excepciones, primero son los amigos y después la pela. Aquí nos matamos por pagar. Y no por tontos sino porque nos viene de lejos saber que "soy un fue, y un será, y un es cansado" y que "en el hoy y mañana y ayer, junto pañales y mortaja, y he quedado presentes sucesiones de difunto". ¡Es la cultura, tío! Esa es la real diferencia. 

Así que ya les digo, siempre que pueda escoger prescindiré de lo que venga de Cataluña. Y si me preguntaren por mis preferencias votaría porque sean independientes de facto, ya que de todo lo demás ya lo son. Al fin y al cabo yo me siento miembro de una comunidad de varios cientos de millones a la que una sangría de seis millones de fanáticos le iba a venir de perlas para regenerar la comunidad de afectos que le dicen. En fin, a veces, parece que la razón choca con los sentimientos y viceversa. En está ocasión estoy casi convencido de que la una y los otros van al alimón. ¡Que se vayan de una vez, por Dios!

miércoles, 13 de diciembre de 2017

Por bulerías

Todo depende de la perspectiva. Si uno se interesa por eso de los blockchain, el ethereum y demás puntas punteras de la tecnología casi se echa a temblar al enterarse de lo que se nos viene encima. Como cuando se pasó del burro al coche más o menos. Pero luego, por la noche, en el silencio del salón en penumbra, agarra el laptop para demandarle a youtube un vídeo de Fernanda de Utrera y Diego del Gastor por bulerías, y es entonces cuando caes en la cuenta de que el mundo es inamovible: donde hay genio hay Olimpo y lo demás es el Hades. A partir de ahí sólo cabe el obrar en consecuencia. 

Es decir, cultivar ese embrión de genio que todos llevamos dentro para poder dar salida de forma ordenada, o armónica, a todos esos demonios que la naturaleza colocó en nuestro inconsciente. Aprender a expresarse por aquel procedimiento para el que cada uno esté más dotado. En la medida que lo consigues, te liberas y dejas de dar el coñazo. Incluso, si exceles, puedes pasar a formar parte de la sal de la tierra. O sea, a añadir sabor a los alimentos del espíritu. Los que nos hacen humanos. 

Claro, yo comprendo que a la inmensa mayoría le deje frío ver un vídeo de Diego del Gastor. Lo mismo que leer una entrada del Libro del Desasosiego o pedalear por Campos entre trigales en sazón. Y es que no se hizo la miel para la boca del asno. No sólo para crearla, también hay que escalar peldaños para captar la belleza. 

 Y sí, desde luego, está muy bien el coche y el youtube y el blockchain e, incluso, el ethereum, y nos aprovecharemos de lo que su uso nos proporciona, pero no nos confundamos, porque en lo esencial, en el genio para concretar, estamos en donde estábamos en la noche de los tiempos. Ni se llega más lejos por ir en coche en vez de pedaleando ni se genera más confianza con el blockchain que con el apretón de manos. Así que menos lobos con el progreso y más Diego del Gastor para progresar. 

lunes, 11 de diciembre de 2017

Compliance

 Cuando empecé a ejercer la medicina se hablaba como de cosa de marcianos que en los hospitales americanos siempre había abogados en la puerta alentando a los pacientes que salían a poner querellas a los médicos. Una sistemática infalible ya que por la propia naturaleza de las cosas es inevitable que un determinado porcentaje de tratamientos no funcionen con la consiguiente frustración y mala disposición hacia el médico del paciente. Pocos años después, estábamos aquí en las mismas y, salvo dejados como yo, todos los médicos contrataban un seguro en previsión de sentencias condenatorias. Porque, qué duda cabe que hay malas prácticas, pero no suele ser sencillo determinar si son por negligencia o por error involuntario y ahí es en donde suele ser definitivo la presión mediática sobre el juez que lleva el caso. En resumidas cuentas, que la justicia ciega puede amargar la vida a un justo a nada que tenga el día un poco sentimental. Y así fue que, para curarse en salud, los médicos acabaron por hacer firmar papeles autoinculpatorios a los pacientes para cualquier prueba de tres al cuarto. El otro día la dermatóloga me hizo firmar antes de aplicarme el nitrógeno líquido en una queratosis seborréica. ¡Cómico! 

Y así la Justicia ha ido expandiendo sus tentáculos como una mancha de aceite. Pocas actividades humanas se salvan de su ojo escrutador. Ni siquiera en lo que hasta anteayer se consideraba el territorio sagrado de la intimidad. Ahora es como si sobre cada tálamo estuviese Temis vigilando a ver si se hacen las cosas como es debido. Y amárrate los machos como no la satisfagas. Porque no deja pasar una. Así que no es de extrañar que los vampiros salgan ahora por la noche con el formulario en el bolsillo para hacérselo firmar a la víctima antes de cualquier clavada de colmillos. Como lo de la queratosis seborréica en definitiva. Una salvaguarda contra las arbitrariedades de Temis. 

Ayer mismo estuvieron todo el día las televisiones británicas relatando a modo de recordatorio conminativo que un poderoso caballero que había salido de caza nocturna sin los preceptivos formularios en el bolsillo había muerto en la trena cansado de esperar la redención. Así que ya ven, de un plumazo se han cargado el principal incentivo para acumular poder: si ya no se va a poder agarrar a las mujeres por el coño, como dice Trump, mejor tirarse a la bartola que matarse a trabajar para fundar un imperio. ¡Por Dios bendito, qué vida más triste nos espera!

Ayer, mi hija, que como trabaja en la City se entera de muchas cosas, me informaba sobre la palabra de moda en el mundillo de los negocios: compliance. Nada que ver con aquella compliance -distensibilidad pulmonar- que yo medía colocando un balón en el esófago conectado a un transductor de presión. La compliance de ahora es conformidad con la ley. O sea, que si tú montas una empresa y no quieres acabar de mala manera lo primero que tienes que hacer es implementar un departamento de compliance que te asegure que hasta la más mínima decisión que tomas se ajusta como un guante a la ley vigente. Imagínense lo que va a ser un mundo sin chanchullos. Ni clientelismos, ni nepotismos, ni sobornos, ni na de na. Ya me dirán, así, para qué vamos a querer una Junta en Andalucía o una Generalidad en Cataluña. La política ajustada a la ley no necesita políticos para nada. Necesita simplemente un potente ordenador. 

Resumiendo: hágase la Ley y abúrrase el mundo. 

domingo, 10 de diciembre de 2017

Descojone universal

¡Madre de Dios! No se si vieron ayer lo del Johnny Hallyday por la tele, supongo que sí porque hasta en la sopa, pero es que, ¡leches!, yo no he visto nunca algo tan parecido al descojone universal. La mayor concentración nunca vista desde la toma de la Bastilla de horteras, macarras, camellos y demás crème de la créme del subdesarrollo ciudadano. Y lo mejor de todo, el Presidente y dos expresidentes, de maestros de ceremonias de la vacarme. Desde luego hay que ver lo que es capaz de digerir el cuajo patriótico. Porque es que el tipo era un puro trampantojo que en lo único que sobresalía era en su habilidad para evadir impuestos. Claro que por otra parte fue maestro inigualable en la incitación a consumir cuero, drogas, motos, tatuajes, pierçings, lacas y supongo que perros de presa. De música, mejor no hablar. 

El caso es que hoy a primera hora de la mañana he leído en algún periódico un artículo pasado de erudición de un tal Siruela sobre la actualidad de los decadentes del siglo XIX. Lo he querido releer luego, pero no lo he encontrado por ningún lado. ¡Misterios del marketing! En fin, sea como sea, aquellos señores estaban horrorizados por los estragos que producía en el medio ambiente la revolución industrial y, a falta de mejor consuelo, se pusieron a experimentar con drogas por tal de ver que se podía extraer de los perturbados estados de conciencia que con ellas se consigen. Algo parecido, a qué engañarse, a lo que hice yo, y tantos de mis amigos, en esa época de la vida en la que lo tienes todo pero quieres tener más. Y, sí, se consigue tener más, aunque sea a un alto precio: la experiencia de la decadencia, cosa, por supuesto, nada despreciable a efectos de tomar conciencia de la insufrible levedad del ser. Sea como sea, uno consiguió sobrevivir a la ordalía con una cierta habilidad para la comprensión exhaustiva de los textos nacidos al calor de las experiencias vividas por aquellos mentados decadentes del XIX.

Pongamos por caso, "Les Paradis artificiels" de Baudelaire. Su lectura me puso negro sobre blanco todo lo que había sentido en mis experimentaciones sin poder ponerle palabras. Efectivamente, comprar un poco de euforia para mejor poder comulgar con los santos es una bendición que nos han concedido los cielos. Pero, ojo, porque de ahí a comprar supremacismo sólo hay un paso que en dos días te puede dejar fuera de onda y más solo que la una. Zombi, en definitiva, como todos aquellos que asistían ayer a la ceremonia de nueva toma de la Bastilla oficiada por el asshole de Macrón. En fin, ya digo, el descojone universal. 

sábado, 9 de diciembre de 2017

Un mundo mejor

Leo un artículo de Juan Abreu. Dos ideas que comparto al cien por cien. Una: llamar cultura al folklore es una exageración. Dos: civilizarse es distanciarse de la tribu. Con sólo esas dos ideas ya podemos construir un mundo infinitamente mejor.

A Juan Abreu le vengo siguiendo desde aquel intento fallido que fue FACTUAL. Fallido por demasiado ambicioso para el momento. Quizá ahora, ocho o diez años después, hubiera conseguido tirar adelante, aunque, por otra parte, puede que su espíritu esté ya impregnando a la prensa en general. Porque, no lo duden, está cambiando y sin duda para mejor. Incluso en catecismos tan reaccionarios como El País o La Vanguardia se nota ya la mejoría. Y esto, no lo duden tampoco, ha de traer cierta sanación a esa parte del cuerpo social que tiende a acogerse a ideologías destructivas para mejor sobrellevar su incapacidad de distanciarse de la tribu. Muchos se van a sentir huérfanos y van a tener que buscarse la vida, lo cual, ya saben, es la mejor manera de madurar. 

Pero, lo que les quería decir es que, si quieren pasar un buen rato, lean al Juan Abreu que escribe sobre erotismo. Lo borda. Personalmente no creo que haya un tema literario más  ameno y también más difícil de tratar. Porque a nada que te pasas un pelín ya estas cayendo en el porno, que tampoco es que pase nada, pero no queda fino... aunque lo fino en estos temas, para que nos vamos a engañar, esta a cuatro centímetros de lo cursi que es lo peor de todo en asuntos literarios. 

En cualquier caso Abreu no es Anais Nin saliendo del cuarto de su padre chorreando semen por entre las piernas, ni el Bruno de Houellebecq con su psicosexopatía discapacitante, ni tampoco la obsesión adolescente de My Secret Life. Para mí Abreu es sobre todo el sexo como manifestación suprema de la inteligencia. Es el disfrute sano de la vida. Eros venciendo a Tánatos, para que nos entendamos. 

¡Ay, Dios, cuánto mejor sería el mundo si la gente leyese estas cosas en vez de tanta tontería! 

viernes, 8 de diciembre de 2017

¡Anda qué no!

Como la gente sabe que todo lo relacionado con los perros me chifla, un gracioso me mandó el otro día un vídeo en el que se ve a una señora toda embutida en pieles menos sus partes sacrosantas convenientemente depiladas, un koyak que le dicen, y que obliga a su marido a disfrazarse de perro si quiere tener sexo. Pero es que además el cuitado no puede meter lo suyo sino que tiene que contentarse con acoplar en los diversos orificios de la susodicha animalista un juguete que remeda a un pene de perro que por cierto es una cosa bastante asquerosa. Y así anda el patio y supongo que por tal es que nuestros políticos parlamentarios vayan a dedicar sendas sesiones a debatir sobre la naturaleza de las mascotas, cabra de la legión incluida, supongo. Bueno, digo debatir por decir algo porque en que no son cosas están todos de acuerdo, incluidos los nacionalistas, lo que ya es decir. Por eso el misterio ahora consiste en saber qué condición les van a dar. Y yo me temo lo peor por aquello de que para esa gente tira más un voto que soga de marinero o pelo de coño. 

Uno más de la familia dice la gente orgullosa señalando a su perro. Y le llevan al peluquero y consideran que son los cuarenta o sesenta euros mejor gastados de su vida. Y van con ellos por la calle llenándolo todo de lo que sin duda consideran que son imundicias divinas. Y yo, que soy un desgraciado sin perro que me quiera, me debería alegrar cada vez que piso una de ellas porque sabido es que da suerte. Bueno, en realidad nada nuevo bajo el sol que ya los egipcios de cuando Tutankamón consideraban sagrados a los escarabajos y te podían matar por pisar uno, aunque fuese por descuido.

Y ya, si quieren rizar el rizo, acuérdense de aquella película que quería ser una especie de hagiografía de his Holiness the 14th Dalai Lama. Pues bien, a His Holiness se le ocurió que sería bueno que sus seminaristas viesen cine americano. Y a tal efecto mandó construir una nave a guisa de cine. Pero, ¡ay hijo!, había para ello que remover la tierra y con ello provocar la muerte potencial de unos cuantos gusanitos. ¡Intolerable contradicción, hermano! Y así fue que cientos de monjes estuvieron meses removiendo la tierra con sus manos para evitar la menor posibilidad de gusanicidio. Claro, que a cien metros de allí hubiese miles de tibetanos muriéndose de hambre, pelillos a la mar. A His Holines se la bufaba. Y al occidente ahíto también y por eso odiaban a los chinos que querían hacer comer a los tibetanos a la fuerza. Ya saben, los budistas, esa gente tan santa que tanto tiene que enseñar sobre una única identidad para todo lo que vive. Y si no lo creen pregúntenselo a los rohingyas de Birmania que están estos días disfrutando del amor infinito hacia lo vivo de sus compatriotas budistas. 

Y hoy, portada de todos los periódicos, que un adolescente tira al gato por la ventana, lo filma y lo sube a la red. A Dios gracias ya está detenido y puesto a disposición de la justicia. ¡Anda qué no!

jueves, 7 de diciembre de 2017

Crecepelos

Hay cosas en el mundo que, por así decirlo y valga la redundancia, ni Dios va a cambiar nunca, entre otras causas porque no le sale a cuenta. La creencia en los crecepelos, por ejemplo, que proporciona un cálido refugio a los acomplejados por la calvicie. La creencia en definitiva. 

Tirando de comedia en youtube uno se da cuenta de que, en resumidas cuentas, el humor no es otra cosa que ridiculizar las creencias. Al respecto, claro, las religiones se llevan la palma. Porque mira que hay que tener ganas, o necesidad, de consuelo para creer semejantes patochadas. Pero, luego, hay multitud de actitudes cotidianas de los mortales cuya justificación sólo se sustenta en que "se llevan". O sea, puro ponérselo a huevo a la conciencia crítica para hacer chistes. 

Así, uno se pone a ver vídeos de religious jokes y es el cuento de nunca acabar. Empiezas por Dave Allen y ya la aplicación se encarga de seguir por George Carlin y luego otro y otro hasta que cuando ya empiezas a estar harto va y aparece una entrevista a Daniel Dennet, un tipo que, por si no lo saben, es uno de entre los más reputados azote de idiotas que existen en este momento. Pero no desde el humor sino desde el estudio científico de la conciencia. Y claro, el hombre se expresa y poco puede decir que no digamos todos los que tenemos dos dedos de frente: que los que razonan partiendo de premisas basadas en la fe son el cáncer del mundo. A partir de ahí y sabiendo lo que son las terapias del cáncer y sus pobres resultados ya nos podemos imaginar lo que nos espera. 

Pero bueno, tampoco hay que desesperar. Porque dicen los entendidos en la materia que ya hemos conseguido convertir determinados cánceres en enfermedad crónica. La gente que los padece vive con su angustia secreta pero, por lo demás, parece normal. Como esos cristianos que van por ahí sin que se les note a primera vista que creen en la transustanciación del Padre en el Hijo. Si no les tocas el tema, ni se acuerdan. Aunque, tampoco es que la cosa vaya a ser inocua, que el que propende a tragar pasa, un suponer, de Cristo a Walt Disney como del vino a la mariguana. El caso es que le coloquen. Una realidad alternativa que le dicen. 

En fin, ¡qué mundo éste de compradores de crecepelos!   

miércoles, 6 de diciembre de 2017

Crujiente

Una de las cosas más alucinantes de estos últimos años es la disponibilidad inmediata de maestros para cualquier cosa que se quiera aprender. Un suponer, esa falseta por bulerías de Diego del Gastor con sabor a ida y vuelta. Pues bien, sólo tienes que pedírselo a youtube y tienes un montón de posibilidades que, además, los internautas se han encargado de filtrar de mejor a peor para que no te canses rebuscando. Porque esa es otra, que con esto hemos descubierto lo que nunca hubiésemos supuesto ateniéndonos a los discursos triunfantes en los medios, que no es otra cosa que la ingente cantidad de conocimiento que acumula la sociedad en general. Y ésta es la realidad más crujiente, como diría LoremariluGT, que el conocimiento ha salido del reducto de las élites para expandirse por el mundo como si fuese una mancha de aceite que lo va impregnando todo alrededor. 

Y ahí precisamente está la madre del cordero, que ya no hay escusa. El que no mejora en lo suyo es simple y llanamente porque es un bandarra y como tal será considerado por cualquiera que esté vivo. Entonces, ya, sólo le quedará una opción para no derrumbarse: afiliarse a uno de esos partidos políticos que exaltan la pereza mental y preconizan la destrucción del individuo pensante. Un triste consuelo, en cualquier caso, porque como estamos viendo en el mundo en general y por estos lares en particular, no es más que ilusión para hoy y frustración para mañana. Y sus Iglesias, un mausoleo en ruinas por mucho que se hagan notar.

La crujiente realidad: a mayor conocimiento más individualidad y menos manadas sanfermineras. El mundo se va a hacer irremisiblemente aburrido. ¡A Dios gracias!  

martes, 5 de diciembre de 2017

Shakesperiano

Si me preguntase uno de esos entrevistadores medio tontos que tanto abundan cual es el autor que más me ha impactado en la vida tendría que contestarle sin lugar a dudas que era autora y se llamaba Richmal Crompton. Escribió la saga de Guillermo, desde el Conquistador al Proscrito, y sin su lectura mi infancia seguramente habría sido una mierda y el resto de mi vida seguramente también... aunque no estoy muy seguro de que no lo haya sido. Luego, en la adolescencia leí bastantes novelas de aventuras, pero  las que me han quedado indelebles en la memoria han sido sobre todo las inglesas: La Isla del Tesoro y Robinsón Crusoe son casi religión para mí y nunca pasan muchos años antes de les vuelva a pegar un repaso. En definitiva, cuando en el año 67 del siglo pasado aterricé en Londres no fue por casualidad. Venia arrastrando de lejos una querencia por la forma de ser anglosajona y, al final, puse manos a la obra. Y fíjense si habré tenido éxito en mi empeño que toda mi descendencia vive allí. 

Bastantes años después, cuando empecé a dar muestras de cierta capacidad de raciocinio las circunstancias me situaron en un ambiente en donde todo el debatir giraba alrededor de las obras de Shakespeare. De aquella casi me vuelvo loco. Era como quedarse en carne viva. Sin la menor piedad. Luego vino el Leviatan de Hobbes y más de lo mismo. En fin, y de allí a los cómicos de ahora que, a mi juicio, no tienen parangón en lo de despellejarse a sí mismo. 

Resumiendo, que mi opinión de aquella sociedad es que todo se confabula allí para que las personas sean individuos constituidos como tales antes de ser cualquier otra cosa. Y, a la vista están los resultados que tal táctica, digamos que cultural, les ha procurado a lo largo de los últimos siglos. Por así decirlo, en todo esto de la modernidad todos hemos ido a rebufo de ellos. Incluidos los narcisistas franceses, bien sure.

Y por eso es que me extrañe tanto todo lo que está pasando por aquellos pagos ahora. El asunto del Brexit y todo eso. Sin duda ha sido un error de cálculo garrafal del que es probable que vayan a sacar grandes enseñanzas. De hecho, si miras las televisiones inglesas, parece como si tuviesen montado un drama shakesperiano ininterrumpido. Se arrojan argumentos unos a los otros con la típica precisión cortante que les caracteriza, pero la realidad es que no se pueden mover un milímetro. Me recuerda mucho a aquella gloriosa frase de Franco de que todo está atado y bien atado. Y seguramente, por las buenas nadie lo va a desatar. Tendría que correr la sangre y a nadie le va a interesar, por lo menos mientras la mayoría viva tan bien. Ayer, por ejemplo, parecía que habían dado un pasito hacia delante y todas las cabeceras lo celebraban, pero a la media hora, alguien, los unionistas del Ulster en este caso, pusieron sus remilgos y todo a tomar por el saco otra vez.

En fin, seguiremos atentos a la pantalla. 

lunes, 4 de diciembre de 2017

Vitoriano


Siempre que voy por un camino en medio de la nada me acuerdo de Vitoriano. Todos sus cuadros eran eso, un camino perdiéndose en el horizonte. Su hermano, que también pintaba, y con bastante renombre por cierto, era parecido, solo que más ambicioso: algo así como meteoritos proyectados en el universo infinito. El más allá siempre; quizá la muerte que les tenía obsesionados. Desgraciadamente les llegó temprano a los dos.

Anduvimos ayer caminando por esas inmensidades vacías. Sólo los ocasionales graznidos de cuervos y urracas perturbaban el silencio abrumador. Y en el cielo, siempre, el vuelo majestuoso de la pareja de milanos reales de guardia. Por lo demás, el yo consigo mismo frente a la nada. Terreno abonado a la melancolía. ¡Y qué le vamos a hacer! 

domingo, 3 de diciembre de 2017

La Hidra de Lerna

Dice Ferlosio que lo de Cataluña es un coñazo. Por mi parte no puedo estar más de acuerdo y procuro por todos los medios, bien que con poco éxito, que me afecte lo menos posible. Porque la realidad es que es tanto el bombardeo desde todos los ángulos que ni que te metas bajo tierra vas a estar a salvo. Algo está fallando, desde luego, y no parece que seamos capaces de dar con el qué. Así, quizá la solución que más me mola es la que apuntaba la historiadora Roca Barea: cortar por lo sano y que sean independientes las regiones que así lo deseen y que cada cual se organice luego por su cuenta. No creo yo que de esa manera fuese a ser mayor que la que estamos padeciendo al presente la hemorragia de energía vital. 

Para mí, aventajado discípulo de Pessoa, nada hay más insoportable, e intolerable, en esta vida que la gente que te quiere cambiar la vida porque se siente incapaz de cambiar la suya. Y mira que está el mundo lleno de esa chusma. Es por así decirlo como la Hidra de Lerna, que le cortas una de sus siete cabezas y le salen otras siete. Y no hay Hércules que valga para acabar con ella. 

Anoche estuve viendo por enésima vez Boyhood, ya saben, esa película que ve crecer a sus protagonistas en tiempo real.  Pues bien, de entre todos los personajes sólo hay uno que se interesa por la política. ¿Adivinan quién? Pues muy fácil, el padre cantamañanas. El fracasado que apoya a Obama frente a McCain porque su mente adolescente intuye que el uno representa el esfuerzo colectivo frente al esfuerzo individual del otro. Es una simplificación ridícula, claro, pero absolutamente poderosa por sus ingentes adeptos. Al final, gano Obama. ¿Y qué pasó que no hubiese pasado si hubiera ganado McCain? Se lo diré: sólo y exclusivamente que los fracasados dejaron de dar el coñazo por unos días. A los cuatro, volvieron a las andadas porque en ello les va la vida. 

Y en eso consiste todo el mal de este mundo, que los fracasados para resarcirse de su absoluta incapacidad de ocuparse de sí mismos tratan por todos los medios de implicar a los demás en sus delirios. Será genético, será mala educación, lo que sea, pero ¡madre mía, qué coñazo! Sí, la verdad, convendría ir pensando en remedios quirúrgicos porque con pastillas ya hemos visto que no se consigue nada.  

sábado, 2 de diciembre de 2017

Getting older

Le preguntan a un andaluz ante los micrófonos y las cámaras de la televisión estatal que qué le parece esto de la ola de frío en curso y, con ese desparpajo que caracteriza a los de la región, ha contestado: ¡Que dure, que dure, que así se van los microbios y la gente!

¿La gente? ¿A qué gente se está refiriendo? A los turistas no creo porque entonces apaga y vámonos. Sí, no cabe duda, tiene que haberse referido a los viejos. Los viejos duracell que ya van siendo una carga insoportable. Para la familia y para el Estado. Que a la familia ya tiene uno experiencia de lo que son estas cosas y al Estado no hay más que leer hoy los periódicos: para la última paga de las pensiones ha habido que pedir un préstamo a los bancos.  

Bueno, si están aburridos y quieren hacerse una idea de estas cosas pasando de paso un buen rato les recomiendo que vayan a youtube y pongan DAVE ALLEN-GETTING OLDER. Tiene subtítulos en español que aunque no es lo mismo, menos da una piedra. Sí, el verdadero problema, como bien apunta el cómico, es que al perder la memoria ya no nos acordamos de a quién queríamos matar cuando ya no se sirviese por sí mismo. Nadie quiere ser una carga para los demás, pero como cuando lo es no se entera pues que siga la fiesta. Es tremendo, pero así es en la inmensa mayoría de los casos. 

En fin, de todo hay que hablar. Pero, sobre todo, de todo hay que reírse. 

viernes, 1 de diciembre de 2017

Patria querida

Recuerdo que era una tarde de invierno, próxima la Navidad ya, cuando paseando por una calle adyacente a la catedral de Barcelona tuve una de esas percepciones de la perfección que dejan en el espíritu una huella indeleble. Y fue que un ciego estaba tocando al acordeón Asturias de Albéniz. Esa pieza sin aparentes dificultades técnicas tiene sin embargo algo que la hace endemoniadamente difícil de interpretar. Por lo menos para mí. Haga lo que haga, e insista lo que insista, me sale de una monotonía astragante. Y lo mismo siento la mayoría de las veces que se la escucho a los más variados interpretes. 

En realidad hace ya mucho que caí en la cuenta de que lo aparentemente fácil es lo más difícil. Y, además, de que es precisamente ahí en donde reside una de las grandes trampas de la vida. Porque con lo difícil, si se le aplica tesón, no se requieren grandes dotes para alcanzar la excelencia. Pero, con lo fácil, ¡ay!, olvídate del tesón: ahí la excelencia sólo puede venir de la mano del genio... cosa, que por otra parte, la naturaleza prodiga con cuentagotas. 

Así y todo, sin que la ilusión me ciegue, y por una especie de tozudez congénita más que nada, me puse otra vez con lo de Asturias por ver si con todos los tutoriales que me acabo de tragar en youtube consigo desentrañarle los intringulis a ese desaforado subir y bajar -por eso se llamará Asturias, supongo-. Porque hay que reconocer que, si no otra cosa, es por lo menos un ejercicio de lo más estimulante. 

En fin, miro por la ventana y veo que nieva. ¡Ya era hora!