Hay cosas en el mundo que, por así decirlo y valga la redundancia, ni Dios va a cambiar nunca, entre otras causas porque no le sale a cuenta. La creencia en los crecepelos, por ejemplo, que proporciona un cálido refugio a los acomplejados por la calvicie. La creencia en definitiva.
Tirando de comedia en youtube uno se da cuenta de que, en resumidas cuentas, el humor no es otra cosa que ridiculizar las creencias. Al respecto, claro, las religiones se llevan la palma. Porque mira que hay que tener ganas, o necesidad, de consuelo para creer semejantes patochadas. Pero, luego, hay multitud de actitudes cotidianas de los mortales cuya justificación sólo se sustenta en que "se llevan". O sea, puro ponérselo a huevo a la conciencia crítica para hacer chistes.
Así, uno se pone a ver vídeos de religious jokes y es el cuento de nunca acabar. Empiezas por Dave Allen y ya la aplicación se encarga de seguir por George Carlin y luego otro y otro hasta que cuando ya empiezas a estar harto va y aparece una entrevista a Daniel Dennet, un tipo que, por si no lo saben, es uno de entre los más reputados azote de idiotas que existen en este momento. Pero no desde el humor sino desde el estudio científico de la conciencia. Y claro, el hombre se expresa y poco puede decir que no digamos todos los que tenemos dos dedos de frente: que los que razonan partiendo de premisas basadas en la fe son el cáncer del mundo. A partir de ahí y sabiendo lo que son las terapias del cáncer y sus pobres resultados ya nos podemos imaginar lo que nos espera.
Pero bueno, tampoco hay que desesperar. Porque dicen los entendidos en la materia que ya hemos conseguido convertir determinados cánceres en enfermedad crónica. La gente que los padece vive con su angustia secreta pero, por lo demás, parece normal. Como esos cristianos que van por ahí sin que se les note a primera vista que creen en la transustanciación del Padre en el Hijo. Si no les tocas el tema, ni se acuerdan. Aunque, tampoco es que la cosa vaya a ser inocua, que el que propende a tragar pasa, un suponer, de Cristo a Walt Disney como del vino a la mariguana. El caso es que le coloquen. Una realidad alternativa que le dicen.
En fin, ¡qué mundo éste de compradores de crecepelos!
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