domingo, 10 de diciembre de 2017

Descojone universal

¡Madre de Dios! No se si vieron ayer lo del Johnny Hallyday por la tele, supongo que sí porque hasta en la sopa, pero es que, ¡leches!, yo no he visto nunca algo tan parecido al descojone universal. La mayor concentración nunca vista desde la toma de la Bastilla de horteras, macarras, camellos y demás crème de la créme del subdesarrollo ciudadano. Y lo mejor de todo, el Presidente y dos expresidentes, de maestros de ceremonias de la vacarme. Desde luego hay que ver lo que es capaz de digerir el cuajo patriótico. Porque es que el tipo era un puro trampantojo que en lo único que sobresalía era en su habilidad para evadir impuestos. Claro que por otra parte fue maestro inigualable en la incitación a consumir cuero, drogas, motos, tatuajes, pierçings, lacas y supongo que perros de presa. De música, mejor no hablar. 

El caso es que hoy a primera hora de la mañana he leído en algún periódico un artículo pasado de erudición de un tal Siruela sobre la actualidad de los decadentes del siglo XIX. Lo he querido releer luego, pero no lo he encontrado por ningún lado. ¡Misterios del marketing! En fin, sea como sea, aquellos señores estaban horrorizados por los estragos que producía en el medio ambiente la revolución industrial y, a falta de mejor consuelo, se pusieron a experimentar con drogas por tal de ver que se podía extraer de los perturbados estados de conciencia que con ellas se consigen. Algo parecido, a qué engañarse, a lo que hice yo, y tantos de mis amigos, en esa época de la vida en la que lo tienes todo pero quieres tener más. Y, sí, se consigue tener más, aunque sea a un alto precio: la experiencia de la decadencia, cosa, por supuesto, nada despreciable a efectos de tomar conciencia de la insufrible levedad del ser. Sea como sea, uno consiguió sobrevivir a la ordalía con una cierta habilidad para la comprensión exhaustiva de los textos nacidos al calor de las experiencias vividas por aquellos mentados decadentes del XIX.

Pongamos por caso, "Les Paradis artificiels" de Baudelaire. Su lectura me puso negro sobre blanco todo lo que había sentido en mis experimentaciones sin poder ponerle palabras. Efectivamente, comprar un poco de euforia para mejor poder comulgar con los santos es una bendición que nos han concedido los cielos. Pero, ojo, porque de ahí a comprar supremacismo sólo hay un paso que en dos días te puede dejar fuera de onda y más solo que la una. Zombi, en definitiva, como todos aquellos que asistían ayer a la ceremonia de nueva toma de la Bastilla oficiada por el asshole de Macrón. En fin, ya digo, el descojone universal. 

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