Leo un artículo de Juan Abreu. Dos ideas que comparto al cien por cien. Una: llamar cultura al folklore es una exageración. Dos: civilizarse es distanciarse de la tribu. Con sólo esas dos ideas ya podemos construir un mundo infinitamente mejor.
A Juan Abreu le vengo siguiendo desde aquel intento fallido que fue FACTUAL. Fallido por demasiado ambicioso para el momento. Quizá ahora, ocho o diez años después, hubiera conseguido tirar adelante, aunque, por otra parte, puede que su espíritu esté ya impregnando a la prensa en general. Porque, no lo duden, está cambiando y sin duda para mejor. Incluso en catecismos tan reaccionarios como El País o La Vanguardia se nota ya la mejoría. Y esto, no lo duden tampoco, ha de traer cierta sanación a esa parte del cuerpo social que tiende a acogerse a ideologías destructivas para mejor sobrellevar su incapacidad de distanciarse de la tribu. Muchos se van a sentir huérfanos y van a tener que buscarse la vida, lo cual, ya saben, es la mejor manera de madurar.
Pero, lo que les quería decir es que, si quieren pasar un buen rato, lean al Juan Abreu que escribe sobre erotismo. Lo borda. Personalmente no creo que haya un tema literario más ameno y también más difícil de tratar. Porque a nada que te pasas un pelín ya estas cayendo en el porno, que tampoco es que pase nada, pero no queda fino... aunque lo fino en estos temas, para que nos vamos a engañar, esta a cuatro centímetros de lo cursi que es lo peor de todo en asuntos literarios.
En cualquier caso Abreu no es Anais Nin saliendo del cuarto de su padre chorreando semen por entre las piernas, ni el Bruno de Houellebecq con su psicosexopatía discapacitante, ni tampoco la obsesión adolescente de My Secret Life. Para mí Abreu es sobre todo el sexo como manifestación suprema de la inteligencia. Es el disfrute sano de la vida. Eros venciendo a Tánatos, para que nos entendamos.
¡Ay, Dios, cuánto mejor sería el mundo si la gente leyese estas cosas en vez de tanta tontería!
No hay comentarios:
Publicar un comentario