lunes, 4 de diciembre de 2017

Vitoriano


Siempre que voy por un camino en medio de la nada me acuerdo de Vitoriano. Todos sus cuadros eran eso, un camino perdiéndose en el horizonte. Su hermano, que también pintaba, y con bastante renombre por cierto, era parecido, solo que más ambicioso: algo así como meteoritos proyectados en el universo infinito. El más allá siempre; quizá la muerte que les tenía obsesionados. Desgraciadamente les llegó temprano a los dos.

Anduvimos ayer caminando por esas inmensidades vacías. Sólo los ocasionales graznidos de cuervos y urracas perturbaban el silencio abrumador. Y en el cielo, siempre, el vuelo majestuoso de la pareja de milanos reales de guardia. Por lo demás, el yo consigo mismo frente a la nada. Terreno abonado a la melancolía. ¡Y qué le vamos a hacer! 

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