Dice Ferlosio que lo de Cataluña es un coñazo. Por mi parte no puedo estar más de acuerdo y procuro por todos los medios, bien que con poco éxito, que me afecte lo menos posible. Porque la realidad es que es tanto el bombardeo desde todos los ángulos que ni que te metas bajo tierra vas a estar a salvo. Algo está fallando, desde luego, y no parece que seamos capaces de dar con el qué. Así, quizá la solución que más me mola es la que apuntaba la historiadora Roca Barea: cortar por lo sano y que sean independientes las regiones que así lo deseen y que cada cual se organice luego por su cuenta. No creo yo que de esa manera fuese a ser mayor que la que estamos padeciendo al presente la hemorragia de energía vital.
Para mí, aventajado discípulo de Pessoa, nada hay más insoportable, e intolerable, en esta vida que la gente que te quiere cambiar la vida porque se siente incapaz de cambiar la suya. Y mira que está el mundo lleno de esa chusma. Es por así decirlo como la Hidra de Lerna, que le cortas una de sus siete cabezas y le salen otras siete. Y no hay Hércules que valga para acabar con ella.
Anoche estuve viendo por enésima vez Boyhood, ya saben, esa película que ve crecer a sus protagonistas en tiempo real. Pues bien, de entre todos los personajes sólo hay uno que se interesa por la política. ¿Adivinan quién? Pues muy fácil, el padre cantamañanas. El fracasado que apoya a Obama frente a McCain porque su mente adolescente intuye que el uno representa el esfuerzo colectivo frente al esfuerzo individual del otro. Es una simplificación ridícula, claro, pero absolutamente poderosa por sus ingentes adeptos. Al final, gano Obama. ¿Y qué pasó que no hubiese pasado si hubiera ganado McCain? Se lo diré: sólo y exclusivamente que los fracasados dejaron de dar el coñazo por unos días. A los cuatro, volvieron a las andadas porque en ello les va la vida.
Y en eso consiste todo el mal de este mundo, que los fracasados para resarcirse de su absoluta incapacidad de ocuparse de sí mismos tratan por todos los medios de implicar a los demás en sus delirios. Será genético, será mala educación, lo que sea, pero ¡madre mía, qué coñazo! Sí, la verdad, convendría ir pensando en remedios quirúrgicos porque con pastillas ya hemos visto que no se consigue nada.
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