Todo depende de la perspectiva. Si uno se interesa por eso de los blockchain, el ethereum y demás puntas punteras de la tecnología casi se echa a temblar al enterarse de lo que se nos viene encima. Como cuando se pasó del burro al coche más o menos. Pero luego, por la noche, en el silencio del salón en penumbra, agarra el laptop para demandarle a youtube un vídeo de Fernanda de Utrera y Diego del Gastor por bulerías, y es entonces cuando caes en la cuenta de que el mundo es inamovible: donde hay genio hay Olimpo y lo demás es el Hades. A partir de ahí sólo cabe el obrar en consecuencia.
Es decir, cultivar ese embrión de genio que todos llevamos dentro para poder dar salida de forma ordenada, o armónica, a todos esos demonios que la naturaleza colocó en nuestro inconsciente. Aprender a expresarse por aquel procedimiento para el que cada uno esté más dotado. En la medida que lo consigues, te liberas y dejas de dar el coñazo. Incluso, si exceles, puedes pasar a formar parte de la sal de la tierra. O sea, a añadir sabor a los alimentos del espíritu. Los que nos hacen humanos.
Claro, yo comprendo que a la inmensa mayoría le deje frío ver un vídeo de Diego del Gastor. Lo mismo que leer una entrada del Libro del Desasosiego o pedalear por Campos entre trigales en sazón. Y es que no se hizo la miel para la boca del asno. No sólo para crearla, también hay que escalar peldaños para captar la belleza.
Y sí, desde luego, está muy bien el coche y el youtube y el blockchain e, incluso, el ethereum, y nos aprovecharemos de lo que su uso nos proporciona, pero no nos confundamos, porque en lo esencial, en el genio para concretar, estamos en donde estábamos en la noche de los tiempos. Ni se llega más lejos por ir en coche en vez de pedaleando ni se genera más confianza con el blockchain que con el apretón de manos. Así que menos lobos con el progreso y más Diego del Gastor para progresar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario