Viendo el otro día esa a mi juicio obra de arte que es Boyhood vi que en un lugar destacado del colegio al que van los niños había un cartelón con la siguiente leyenda: cada cual es responsable de sus actos. Bien yo diría que ese debería ser el artículo primero de cualquiera de los decálogos que los profetas bajan del monte. Así, con algo tan meridiano bien interiorizado, todo lo demás viene por añadidura, empezando por la inoperancia de ampararse en la aprobación de la tribu.
En fin, la propina, tiempo para purgar. Si es que eso es posible.
Mi penitencia deba a mi deseo,
pues me deben la vida mis engaños,
y espero el mal que paso, y no le creo.
Hasta por el culo me conocen
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