domingo, 24 de mayo de 2020

De mañana no pasa

Llevo unos cuantos días que no soy capaz de resolver un solo acertijo geométrico. Me pregunto si será porque me estoy poniendo el listón muy alto o, más probable, porque se me ha embotado el celebro. Y es que por muchos recursos que uno pudiera tener, que no creo, estas situaciones de excepcionalidad impostada cuando se prolongan en el tiempo acaban por arrasar lo que el Padre Astete llamaba las potencias del alma, usease, memoria, entendimiento y voluntad. Uno solo siente impotencia y rabia. Y a la postre, desistimiento. ¿Porque qué sentido tiene todo esto? 

En fin, como se suele decir, de mañana no pasa. Lo que sea, cualquier locura me servirá. Tengo que escapar de esta isla desierta a la que me arrojó el último naufragio. Ya vi huellas humanas en la playa y la inquietud que se ha apoderado de mi espíritu no me deja descansar. Y no es cuestión de construir una nueva empalizada para afianzar la seguridad. No, tendré que salir a dar la cara porque de lo contrario estaré muerto. 


viernes, 22 de mayo de 2020

Tuve mi lote

Las personas tenemos  que hacer tan poco para sobrevivir en esta era que nos ha tocado en suerte que, para no morir de hastío, nos tenemos que inventar ocupaciones que se miren como se miren son un puro alarde de la nada. Tal es el caso del profesor García Maestro que debía estar al borde del abismo del aburrimiento y entonces, como quien se agarra a la rama de un árbol que allí había, se puso a escribir un tocho de miles de páginas al que tituló Crítica de la Razón Literaria según el Materialismo Filosófico de Gustavo Bueno. Cuando lo acabó, se debió dar cuenta de que estaba en las mismas y, entonces, la rama de árbol que le salvó de la caída fueron los vídeos en YouTube. Oficialmente, esos vídeos, tratan de eso que se supone es su especialidad, la crítica literaria, pero, por lo menos a mí, esa parte de su discurso me la trae al pairo. Lo me parece sumamente interesante es todo lo que dice, y como lo dice, aprovechando que el Pisuerga... ya saben. Claro, tiene la ventaja de ser un músico consumado. Así no es rara esa habilidad para hilar conceptos sin perder el compas. En realidad, si bien se mira, su verdadera especialidad es la de no dejar títere con cabeza. Y, como es de esperar en tales casos, unas veces se atina más que otras, cosa que, por otra parte, está ligada a la subjetividad de cual a la hora de apreciar. En fin, sea como sea, el caso es que hay por ahí otros filósofos que también deben estar tan al borde del abismo como él y por eso se han agarrado al árbol de colgar vídeos, muy respetuosos, eso sí, criticando la mentada crítica de la razón literaria. Y así, de crítica en crítica, podríamos llegar hasta el mismísimo big-bang y seguiríamos estando en un puro alarde de la nada.  

Personalmente nunca he soportado a los críticos de profesión. Esos que, ya sea en la tele o en la filmoteca, tratan de explicarte la película que vas a ver, supongo que para que no andes perdido y vayas a acabar interpretándola de forma diferente a como a ellos les gusta que, por supuesto, es la correcta. A mí, las películas que veo o las novelas que leo, me gusta comentarlas con mis amigos que, les puedo asegurar, no son precisamente chachas. Es un buen recurso para mantener la amistad con la tensión necesaria para que dure. 

El caso es que ayer terminé de leer el Decamerón. No es la primera vez que lo he terminado, pero, a efectos prácticos, como si hubiese sido la primera. Me pasó igual cuando acabe el otro día La Celestina, o La Lozana Andaluza o, un poco más atrás, el Quijote. Mi idea es que hay tanto en esos libros que mil veces que los leyeses, mil veces que sentirías que es la primera. Y es que de una vez para otra, uno se ha hecho más mayor y, si para unas cosas tiene menos alcance, para otras mucho mayor, especialmente para aquellas que tienen que ver con la acumulación de experiencia. Porque esa es la cuestión, que difícilmente puedes entender aquellas cosas que no has vivido, ya sea en carne propia, ya por delegación. Todos los líos de las señoras y señores del Decamerón, los entiendo perfectamente porque yo tuve mi lote. Y mis amigos también y me lo contaron. Y ahí está el punto y la razón de la inutilidad de esas críticas que hacen los expertos, que de oídas no se aprende ni entiende nada. Tu verás resolver mil problemas de geometría y como si no los hubieses visto a la hora de ponerte a resolverlos. Solo después de haberte puesto a resolverlos mil veces empiezas a resolver alguno de vez en cuando. Claro que hay genios que arrasan, pero encontrar uno de esos como lo de la aguja en el pajar. 

Así que, bueno, como no quiero quedarme en dique seco, hoy he comenzado a darme un homenaje de luz sofoclea. Espero que de ésta, Edipo, del que tantas veces digo cosas, me sea un poco más transparente. O sea, que pueda comprender un poco mejor sus endemoniados entresijos... que son los míos... y también los de ustedes. 

jueves, 21 de mayo de 2020

Miumiu

Uno se interesa mínimamente por saber lo que pasa en este país en el que por el querer de los dioses y mi incorregible desidia me ha tocado vivir y, una vez más, y cuando ya lo creía superado para siempre, me entran unas ganas de pirarme que no me dejan sosegar. Por Dios, ¿pero es que no es posible un poco de racionalidad? Claro, miro por la ventana y allí al fondo, sobre el otero, veo un gigantesco Sagrado Corazón de Jesús En Vos Confío. Es, por así decirlo, el símbolo por antonomasia de la ciudad. Se ve desde la autopista, se ve desde el tren. Nadie que pase, siquiera de refilón, se libra de su visión. Que lo sepa todo el mundo, nosotros los palentinos seguimos sacudiendo las alfombras por las ventanas porque aquí el corazón manda sobre la cabeza. 

Sí, algún tipo de maldición gitana tiene que estar pesando sobre nosotros. Por Dios, con la historia que tenemos, ¿es que no podríamos haber aprendido algo? Pues parece ser que no. ¿De qué nos sirvió Gracián? ¿De qué, Cervantes? Y tantos otros. ¿Es que acaso la gente no les lee? Es obvio que no. Aquí, a lo que parece, todo lo que no esté inspirado en el Sermón de la Montaña lo repele el entendimiento como en una especie de enfermedad autoinmune. No queremos nada que nos purifique; queremos seguir siendo chachas. ¡Una de Isabel Allende, marchando!

En fin, que les den. Ya uno no está en condiciones de saltar sobre las cordilleras, aunque la última palabra nunca está escrita. Así que, por el momento, lo mejor va a ser seguir aferrado a la práctica de vivir de espaldas a lo que me rodea. Ya llevo más de un año de tal guisa y, aunque sea imposible blindarse, sí que consigo evitar en cierta medida las tormentas de estulticia que reinan por doquier. ¡Por Dios Bendito, un poco de serenidad! Miren para otro lado. 

Cojan, agarren, y pídanle a YouTube un vídeo de Miumiu Guitargirl. ¿Cómo es posible que eso pueda suceder? Pues muy fácil, echando abajo el Cristo del Otero y entronizando en nuestra mentes al estudio y la razón. Entiéndanlo de una vez: el estudio y la razón no necesitan de monumentos que les idealicen. Se bastan con los resultados de su ejercicio para rozar la divinidad. 

En fin, disfruten con Miumiu y, si no pueden, ya saben, Isabel Allende y a fregar escaleras.   

miércoles, 20 de mayo de 2020

Tiempos de tribulación

En tiempos de tribulación no hacer mudanza, que dijo el clásico... o la clásica, que para cualquier persona normal tanto da que las cosas sensatas salgan de la polla o del coño. Porque el caso es ese, que huele a tiempos de tribulación y no precisamente por el coronavirus, aunque el bichito haya podido contribuir a poner las cartas boca arriba. Sí, algo raro viene pasando de un tiempo a esta parte cuando puede ser posible que en países campeones de la libertad individual puedan tener cancha personajes como Corbyn o Sanders. Claro, la lógica respuesta de la ciudadanía fue dar una victoria aplastante a Boris Johnson, en un caso, y menos aplastante, pero incuestionable, la victoria de Trump, en el otro. Por así decirlo, el centro del espectro político tiende a vaciarse. Bueno, ¡y que decirles de aquí, en esta España nuestra! ¿Quién va a ser el ingenuo que piense que a los actuales gobernantes se les puede plantar cara desde opciones contemporizadoras como el mal menor? Ni de coña. Hay como una instintiva percepción de que eso del mal menor es un cuento chino. Porque hasta el más tonto del barrio sabe que todos los grandes males empezaron por un mal menor que los apaciguadores a sueldo se encargaron de restarle importancia. Que también esto ya lo advirtió el clásico, que si un mal en sus comienzos no se combate, fuerzas del abandono va cobrando que después hacen inviable el remedio. En fin, para algo se inventaron las guerras civiles.  

Sea como sea la realidad, al margen de cómo yo la perciba, el caso es que vengo de un tiempo a esta parte con apetito de mudanza. Y es que esto de estar demasiado bien instalado en esta Palencia decimonónica que todavía sacude las alfombras en los balcones me produce desasosiego, no por lo de los balcones, sino por la tendencia a la devastadora molicie que es inherente al bienestar gratuito. Sí, lo confieso, empiezo a encontrarme molesto, y mucho, conmigo mismo. Mirándome en exceso el ombligo y angustiándome ante el avance inexorable de las arrugas. En definitiva, no otra cosa que la reaparición por enésima vez de mis particulares fantasmas, los de la estabilidad. 

Mudarse, sí, ya sé, lo dijo Kavafis, es imposible porque uno siempre lleva la ciudad dentro de sí. Vale, lo acepto, porque haya vivido donde haya vivido siempre he vivido de la misma forma, haciendo exactamente lo mismo y tal. Pero eso no ha quitado para que haya sentido el efecto benéfico de la terapia. El reto de la movida con su inevitable cortejo de pequeños inconvenientes a superar me tiene por una temporada fuera de mi. Eso es todo, que no es poco. Porque, de acuerdo, hoy día, calcaos como quien dice todos los sitios. El mismo internet, los mismos Mercadonas, las mismas mandangas burocráticas... bueno, en unos lados es mas barata y mejor la vivienda y en otros es más deleitoso el paisaje. Cosas sin importancia, pero que echas a faltar cuando no las tienes. Todo artimañas de la mente para que sientas la vida. 

En fin, a lo que iba, tiempos de tribulación o no, algo habrá que hacer a la medida de las propias posibilidades, porque lo contrario, quedarse quieto a la espera de mejores tiempos, o de aguas más calmas, como aconsejan los que bien te quieren... imagínense lo que nos hubiésemos perdido si Robinson Crusoe hubiese hecho caso a los sabios consejos de su padre; hubiésemos tenido un anodino ciudadano del upper level of de lower class del que solo hubiésemos podido aprender que para vivir así mejor morirse.  

martes, 19 de mayo de 2020

Marqueses Galapagareños

Contemplo con enorme satisfacción como un grupo de vecinos obsequian con una cacerolada al Marqués de Galapagar. ¡Oye, que lo de ser inciviles está al alcance de cualquiera! ¡Pues qué te habías creído! Porque el caso es que aquí se había tenido mucha paciencia con los zurdos, pero puede que de ésta eso se esté acabando. Vi el otro día al citado Marqués tachando de inmundicia, así, tal como suena, a una diputada que le había recabado una determinada información. Un vicepresidente del gobierno de la nación insultando de tal forma a un oponente desde la tribuna del Congreso de los Diputados, por así decirlo, el sancta santorum de la patria. Y eso no fue todo; añadió que a la gente como la mentada diputada, el pueblo, o sea, los esbirros del Marqués, les iban a expulsar de España tal y como hicieron el siglo pasado. No lo entendí, la verdad, porque si alguien fue expulsado con el rabo entre las piernas de este país el siglo pasado fueron precisamente los que pensaban justo como ahora piensa él. Sí, sin duda este muchacho está metido en un buen lío. Una vez que el personal pierde el respeto al tirano, ¡pobre del tirano! Entonces es más que probable que sea la misma chusma que antes le jaleaba la que arrastre su cadáver por las calles. ¡Y qué le vamos a hacer si el mundo es ansí!

El problema que tienen ahora todos esos descerebrados que camparon por sus respetos durante el último siglo es que la competencia se les ha subido a las barbas. El País, Le Monde, New York Times, CNN y demás tribunas hasta ahora incuestionables, van quedando ya en pasto para vejetes nostálgicos de un mundo light. ¿Se acuerdan del éxito que tenían por entonces todos los productos ligth? Todo tenía que entrar con vaselina. Hasta el aprender se tenía que hacer jugando. ¡Más tontos y no nacemos! En fin, que veo ahora a, un suponer, el abuelo Gabilondo cantando una de sus milongas y ya no me irrito ni nada, al contrario, me invade una ternura que me dan ganas de abrazarlo. ¡Por Dios bendito, qué gente! Se diría que más que en la tierra ya llevan muchos años en el cielo a la diestra de Dios Padre. Porque de siniestra nada. Si ha habido en el mundo una gente a la que los pobres les hayan importado una mierda, esa han sido esos paladines de la corrección política, es decir, viva yo como Dios y a los demás que me la chupen.  

Sí, las cosas importantes de este mundo transcurren con lentitud, pero, también, imparables. Marx y Keynes están siendo derrotados sin paliativos por Von Misses y Hayek. El primer paso, el de la Academia, ya está prácticamente ganado. Y a partir de ahí ya podemos suponer lo que va a pasar. Jóvenes generaciones de economistas empezarán a difundir a los cuatro vientos la buena nueva y, poco a poco, el mundo irá despertando de esta pesadilla de sumisión al Estado.

Porque ese es el meollo del asunto, el Estado. ¿A qué nos estamos refiriendo cuando decimos Estado? Se lo diré, a tipos como El Marqués de Galapagar y legiones como él, viviendo del cuento, es decir, sangrando los bolsillos de las personas que se ganan la vida con el sudor de su frente. La misma jugada de siempre, en definitiva: una minoría opresora imponiéndose sobre la mayoría sumisa... hasta que a esa mayoría se le inflan los cojones y decide ponerse a escuchar otro tipo de músicas. Y ya saben que las músicas nuevas, por definición, traen anhelos de libertad. Bueno, yo no lo veré, pero moriré con la convicción de que las siguientes generaciones se tendrán que inventar nuevos problemas para dar sentido a sus vidas porque estos que tenemos ahora con los marqueses galapagareños están a punto de pasar a mejor vida.   

lunes, 18 de mayo de 2020

La Escapada

La caverna de Platón. Escapar de ella. ¿Cómo? Bueno, es tan penoso como lo de matar al padre. No sé si habrán visto la película que hizo Pasolini sobre Edipo. Edipo va por el camino, se supone que de vuelta a su patria, y de pronto se encuentra a un tipo que le impide avanzar. Él no lo sabía, pero el tipo era su padre. Y le cuesta casi media película deshacerse de él. No había forma de rematarle. Pues bien, escapar de la caverna no lleva media sino la vida entera. Crees que ya estás fuera y, aunque solo sea por matar el aburrimiento, dedicas unas cuantas horas, o días, al estudio, y, ¡oh, sorpresa!, te das cuenta que todavía te falta mucho para salir a la luz del sol. Las paredes que tienes que escalar son resbaladizas y, para dar más emoción al asunto, los que están abajo te tienen cogido por los pies y no das a basto a pegarles patadas para desembarazarte de ellos. 

Algo de eso es lo que me está pasando desde que me apunte a las conferencias de la Universidad Francisco Marroquín y similares. Me estoy dando cuenta de que tiran de mis pies hacia abajo multitudes inabarcables. Todo eso que hice en la vida para intentar ser más culto ahora caigo en la cuenta de que no era sino sumergirme cada vez más en el fondo de la caverna. ¡Tanta y tanta literatura como leí sin percatarme de que estaba escrita para las chachas! Igual que el cine, igual que tantas que creí amistades y solo eran vampiros que me chupaban la energía que necesitaba para escalar esas que les digo resbaladizas paredes. 

En resumidas cuentas, que no sé si merecerá la pena tanto esfuerzo. Porque empezar a ver y tener que vivir entre ciegos no creo que sea muy rentable que digamos. Aunque siempre me quedará el consuelo de Don Quijote. No importan los batacazos que te lleves porque tarde o temprano se demostrará que los molinos son gigantes. 

domingo, 17 de mayo de 2020

Grandpa Amu

Yo, cuando oigo la palabra cultura no sé si sacar la pistola o descojonarme. Así es que para referirme a ella siempre diga "la cosa de la cultura" que, parafraseando el dicho de Juan de la Cosa, no es lo mismo que la cultura de la "cosa", ya saben a qué me estoy refiriendo. Bueno, también me acuerdo de aquel chiste que contaba Tito, un amigo de juventud de los que se quedó en las cunetas de la historia: un extranjero llega a España y en todas las iglesias encuentra unas huchas con un cartelito en el que pone "para el culto de la parroquia". Entonces, pregunta a uno que andaba por allí por el significado de ese cartelito. El culto de la parroquia, le contesta, es el cura párroco que sabe seis idiomas. En definitiva, que la gente que va por ahí de culta lleva desde siempre en el ADN la manía de mendigar. 

Viene a cuento lo que les cuento porque he vuelto a escuchar hace un rato el vídeo del profesor García Maestro titulado: El bienestar de la cultura es el malestar de la libertad. En mi inmodesta opinión no hay explicación acerca de lo que nos acontece que pueda superar a la que se da en ese video. ¿Para qué necesitamos hoy día inquisiciones, policías políticas, y demás cuerpos represivos estatales, si tenemos Sabinas, Almodóvares, Coelhos, netflixes, Halcón Viajes, "uno más de la familia", etc., para lobotomizar a las masas depauperadas de autoestima, cualquier cosa que eso sea? No, el Estado no tiene que mover un dedo para neutralizar a los disidentes: de eso ya se encargan las masas lobotomizadas. Primero te hacen el vacío, después te denigran, y, si no basta, te apedrean tal y como vi ayer en un video que hacen en la mismísima universidad de Berkeley a quien no pasa por el aro  del feminismo, animalismo, ambientalismo y demás trastornos del espíritu inherentes a la condición de lobotomizado. 

En fin, vayan a YouTube, busquen, encuentren, comparen y, si quieren acertar, quédense viendo como Grandpa Amu construye un puente.  


sábado, 16 de mayo de 2020

Lord Acton


Estaba estos días siguiendo el ciclo de conferencias sobre Ludwing von Misses que en su día impartiera en la Universidad Francisco Marroquin de Guatemala el director del Instituto Acton, profesor Gabriel Zanotti. Bueno, la cosa tiene su miga y, tanta, que me cuesta encontrar un comienzo para el rollo que les quiero largar sobre el particular.
Empezaré por la definición que el Instituto Acton se da a sí mismo:

"El Instituto Acton tiene como misión promover una sociedad libre y virtuosa, caracterizada por la vigencia de los derechos personales y la economía de mercado, en armonía con la Fe católica."

O sea, derechos personales, y libre mercado: libertad individual y Ludwing von Misses. Así describía Lord Acton, el que da el nombre al Instituto, la libertad: 

"La libertad es la prevención del control por otros."

Por echar más leña al fuego les diré lo que para el profesor García Maestro -léase Gustavo Bueno- es la libertad: es una dialectica entre tu libertad y la mía. Todo el mundo trata de imponer su libertad a la de los otros y eres libre en la medida que consigues imponerte. Es decir, imponer la tuya y prevenirte de la de los otros.

Por cierto que Lord Acton era católico y precisamente por ello los muy liberales ingleses no le dejaron acceder a la universidad de Cambridge. Así que se fue a estudiar a Munich y a lo mejor hasta salió ganando. Pelillos a la mar. El caso es que Lord Acton es conocido sobre todo por haber soltado en cierta ocasión una frase afortunada: "todos los políticos se corrompen y los políticos totalitarios se corrompen absolutamente".  

En definitiva, ¿qué es lo que el Instituto Acton quiere promover entre los católicos? Pues lo mismo que Ludwing von Misses entre el público en general, a saber, el carácter sagrado de la libertad individual, de la propiedad privada y del libre mercado... y no por nada sino porque la experiencia histórica tiene demostrado hasta la saciedad que son lo tres pilares sobre los que se asienta el proceso civilizatorio. ¡Imagínense el inmenso conundrum que es todo esto despues de siglos predicando desde los púlpitos el Sermón de la Montaña y la expulsión a latigazos de los mercaderes del templo! Claro que para eso tenemos el marxismo, no el de Carlos sino el de Groucho: estos son mis principios, si no le gustan, aquí tengo estos otros. 

Porque esa es la cuestión, poner a los que, no digo ya en tiempos preteridos sino en el candente presente con su papa peronista y toda la hostia de una culta población, han sido tirando a marxistas, de los de Carlos en este caso, a blasonar de liberales avant-la-lettre, como diría el culto de la parroquia. Bueno, Gabriel Zanotti, que tiene todos mis reonocimientos, propone que, para empezar, habría que disolver el Estado Vaticano. ¡Hala, peronistas a tomar pol saco! Esto, ya, me parece, no es topar con la Iglesia sino, más bien, con el mismo Dios. 

En fin, creo que por hoy ya me explayé bastante. Demasiado, quizá. 

viernes, 15 de mayo de 2020

Explicaciones

De entre las pocas cosas cosas que me divierten en este mundo, aparte de las películas de Clint Eastwood, son las ruedas de prensa de Donald Trump. Me recuerdan a cuando Chuck Norris se apea del todo terreno y se pone a repartir las únicas explicaciones que entienden los necios. Digamos que se trata de economía en estado puro, que ya lo dijo no recuerdo quién, que no hay mayor consumo de energía que el que se produce cuando tratas de razonar con un discapacitado mental, o sea, alguien que interpreta el mundo por medio de su particular fe o religión... cosa que, no sé si se habrán enterado, pero es lo que predomina en el mundo hasta límites rayanos en la unanimidad. Si tu le dices a alguien que estás de acuerdo con Huerta del Soto cuando afirma que el Estado es el demonio, pueden pasar dos cosas: una, si te escucha un mindundi cualquiera te tomará por loco; dos, si lo oye uno cualquiera de los millones que viven a costa del Estado te señalará como enemigo público número uno y pondrá todos sus esfuerzos en tratar de abatirte. Porque hay fe para dar y tomar al respeto: nuestro bienestar lo debemos a la existencia del Estado. Y cuanto más Estado, mayor bienestar. Y si no piensas así, eres, sencillamente, inmundicia... que no es que lo diga yo, que eso es la que llamó el otro día el Coletas a una diputada de no sé qué partido político que se estaba resistiendo a la unanimidad a ultranza. En fin, baste con acordarnos de todos los que ardieron en la hoguera por decir verdades que incomodaban al poder en curso. Aunque, claro, siempre acaba por llegar un Galileo y entonces al poder se le pone el culo prieto y no le queda más remedio que echarse para atrás.

Pues sí, lo que está haciendo Donald no es más que enfrentarse a ese poder hegemónico que todo lo emponzoña. Y es en las ruedas de prensa donde mejor se escenifica esa lucha en la que antes o después, por simple lógica histórica, la razón se volverá a imponer por una temporada a la fe. La eterna guerra: razón contra fe; ciencia contra cultura; individuo contra rebaño; libertarismo contra socialdemocracia. Clint Eastwood contra el establishment, en definitiva.   

miércoles, 13 de mayo de 2020

Suite en Re menor




Éste es el ejercicio que nos propone hoy Salvatore Vargas. Digamos que es álgebra de un nivel bastante elemental. Sólo tienes que quedarte clavado mirándolo y no tardarás mucho en encontrar la vía de salida. Todo es cuestión, como dice David Calle, de practicar, practicar y practicar y aprobaréis. Elemental, Watson. ¿O es que hay algo que merezca la pena en la vida que no sea así? 

Ahora, que estamos pasando por este trance de cuyo nombre ya no quiero ni acordarme, la gente del común se harta a decir que, después de esto, los hábitos de la gente van a cambiar. Y yo digo como hubieran dicho ante tal suposición las domésticas que había en mi casa cuando era niño: ¡Y un jamón con tres chorreras! Aquí lo que puede ser que vaya a cambiar, en todo caso, es la cantidad de dinero que va a tener la gente en el bolsillo. Menos, probablemente. Y, entonces, sí, los hábitos cambiarán porque a la fuerza ahorcan. Pero, por lo demás, el mantenimiento e, incluso, el acrecentamiento, de los vicios de bajo coste será lo que se imponga. ¡Pues anda que no hay experiencia histórica sobre el asunto!

En fin, cada loco con su tema. Ayer me mandaron un video en el que un maestro simpatiquísimo, o empatiquísimo como se diría ahora, enseñaba, jugando, por supuesto, a unos niños, de cinco años o así, a apreciar los cuadros que hay en el Museo del Prado. A los dos minutos de mirar el vídeo ya tenía las tripas revueltas. Los ingenieros sociales metiendo las narices en todo. Por qué no dejarán a la gente, y sobre todo a los niños, que vayan a su bola. ¡Qué coño pinta un niño en un museo! Igual que un turista. Que se vayan a la playa que es lo suyo. O a bañar jibosos, como decían en mi pueblo. Claro que jibosos propiamente dicho ya prácticamente no quedan. 

En cualquier caso, pasemos los trances que pasemos e intenten lo que intenten los ingenieros sociales, siempre serán una inmensa mayoría los que hagan cola frente a los estancos y una mínima minoría los que se entretengan con las propuestas de Salvatore Vargas... o yo qué sé, intentando aprender a tocar con la guitarra una suite en Re menor de Robert de Visé. Es una simple cuestión de la condición humana. 


Diseño Divino

No sé, porque los recuerdos ya se confunden con los sueños, pero si no ando equivocado fue un día tal como hoy, un 13 de mayo, cuando la Virgen María bajó de los cielos a Cova de Iría. Así, con un par de ovarios, fue y le dijo a su hijo, que es Dios, aunque se supone que un poco menos Dios que su Padre por aquello de mantener las formas, y que, además, lo tiene jodido porque se supone que es un Padre que nunca la va a palmar, aunque, por otra parte, tampoco está muy claro si el Padre es el padre, porque hay un tercero en discordia, el Espíritu Santo, que, en teoría fue el que insuflo a la Virgen María lo que hay que insuflar para dejar preñada a una mujer... un galimatías de familia, como ven, pero, bueno, a lo que íbamos, que le dijo: oye, quiero echar una mano a los portugueses que son buena gente, muy devotos nuestros y tal, y andan algo apuradillos de pasta. Y así fue que surgió todo eso de Fátima, que es un verdadero emporio que ha sacado de la miseria a generaciones de portugueses del distrito de Samtarem. Para que luego vaya el papa peronista y diga lo que dice, que si tal y que si cual, y toda esa mandanga igualitarista. ¡Pero si es que hasta la Familia Real Celestial se muestra absolutamente partidaria de los procedimientos capitalistas para la expansión de su imperio ideológico. ¡Anda que no han vivido como Dios, valga la redundancia, millones y millones de listillos del invento a lo largo de los siglos! Lo que llaman el clero, o la clerecía, que es que nunca hubo ni habrá gente con semejantes habilidades para vivir del cuento. ¡Pues anda que no, que acabo de leer el Decamerón y la Lozana Andaluza que no tratan de otra cosa que de todo lo que comen y follan los curas! Y con total, no digo, ya, impunidad, no, digo naturalidad, como si fuese consustancial a la naturaleza humana aprovecharse de aquellos a los que dices querer salvar. Para que espabilen, claro está.  

El caso es ese, que el que no está de espabilar no espabila aunque le muelan a palos. Toda la historia de la humanidad ha sido igual, unos pocos partiendo el bacalao y el resto como corderitos. Y la realidad es tan tozuda que no hay sistema educativo que valga para cambiar el eterno estado de las cosas. Es como si fuera algo que está inscrito en el ADN de la especie: la inmensa mayoría de los humanos solo puede sobrevivir si se acoge a las fabulaciones que les cuenta la pequeña minoría con capacidad para fabular. En realidad puede que no se trate más que de una forma de división social del trabajo. Algo así como las abejas en la colmena. Diseño divino, para que nos entendamos. 

Sí, algo sobrenatural tiene que estar en el origen de tanta incongruencia. Ya te digo, la Virgen María, el Che Guevara... y ahora viene el Coletas y, ¡ala!, ingentes masas de corderitos detrás. Pero cómo puede ser, te preguntas, ¿es que no ven lo que está pasando en Cuba y Venezuela? Sí, no me cabe la menor duda, tiene que estar Dios por medio para que eso pueda pasar. 

martes, 12 de mayo de 2020

Culo gaseosa

Está uno a punto de tirar la toballa cuando sin saber cómo ni por qué cae sobre el mensaje de Jesús Huerta de Soto sobre el Covid-19 y, como por ensalmo, me vuelve a invadir la maldita esperanza, el motor de los necios que dijo no me acuerdo quién. No nos engañemos, el virus que nos está matando es el que creó un tal Marx y que se ha sustanciado en lo que se conoce como socialismo, es decir, la negación de la libertad individual como fuerza generadora de bienestar. Según esa ideología la libertad individual lleva inexorablemente a la injusticia, desigualdad y, a la postre, a la guerra. Un nudo gordiano, esa ideología, que en las escasas ocasiones que se ha conseguido desatar ha  tenido que ser con un golpe de espada. Y es que la envidia y el rencor son los poderosos turbomotores que mantienen al socialismo a la cabeza de todas las carreras. Y díganme ustedes cuando se ha conseguido apaciguar a un envidioso, o rencoroso, por medio de la razón. Nunca jamás. Envida, o rencor, y razón, como el agua y el aceite. Sí, sí, y si no lo creen vayan a YouTube y miren los miles de vídeos de gente que asegura que prefiere mil veces la igualdad en la pobreza que desigualdad en la riqueza. El ser humano está hecho de tal forma que por muy bien que viva se le llevarán los demonios si ve que el vecino del quinto vive mejor que él. Es un sinsentido que, como supongo sabrán, es el más común de los sentidos. 

Así ha sido toda la historia de la humanidad, una dialéctica entre la razón y la superchería. Afortunadamente, aunque sea arrastrándose, la razón nunca ha parado de avanzar. Y es que ha creado hitos tan poderosos que no hay odio, ni envidia, ni rencor, suficientes en el mundo para poder borrarlos. Frente a una Identidad de Euler todos los doctrinarismos del mundo tienen que agachar la cabeza. Así que, tranquilos, porque como dice muy acertadamente hoy Nacho, al Coletas se le está poniendo el culo de gaseosa.    

lunes, 11 de mayo de 2020

¡Anarquía vencerá!

En el eterno asunto de los cuernos siempre se dijo que el interesado es el último que se entera. La cuestión es que no solo pasa con los cuernos sino que más bien abarca todos los ámbitos de la realidad. Enterarse de qué va la realidad, es decir, el presente, es algo que escapa al común de los mortales y, eso, por mucho que las que se consideran mentes más preclaras del momento no paren de escarbar en él en un vano intento de desentrañarle. Me lo contaba mi abuelo, que cuando aquel cataclismo del 29 del siglo pasado, ese que hoy consideramos la madre de todos los cataclismos financieros, la gente pensaba que solo se trataba de uno más de los malos momentos de la historia. Nadie se percató de lo que se nos venía encima. Aunque, mejor sería decir, casi nadie. Hubo unos señores, concretamente en Austria, que lo vieron claro, aunque mejor sería decir que lo venían viendo claro desde que empezó la milonga socialdemócrata. Un tal Menger, otro tal Mises y, otro que tal bailaba, Hayek. Y unos cuantos más. 

Cien años han pasado y el común de los mortales sigue leyendo literatura para chachas y saliendo al balcón a las ocho a aplaudir a los héroes de nuestra sanidad pública. Me recuerda mucho a cuando la gente acudía en masa a las hogueras en las que se quemaba a los herejes a arrojar el palillo que llevaban entre los dientes al fuego; les habían asegurado que echar leña al fuego en tales circunstancia aseguraba la ganancia de una indulgencia plenaria. Algo así como un sueldecillo de por vida. ¡O sancta simplicitas!

Bueno, sabido es que, si por un lado, no hay mal que cien años dure, por otro, es mejor dejar a los enemigos en la muerte que pedir a los amigos en vida... es lógica de Lozana, es decir, de espíritu libre. O sea, cualquier cosa antes que andar por la vida en plan empatizar y tal. Ya saben, recogiendo sellos y papel de plata para mandar a los negritos y chinitos. Ellos, los pobres, que tuvieron tan mala suerte al nacer con ese color. 

Ya lo dijo aquella inolvidable folklórica de nombre María Jiménez, que el no follar se va a acabar. Y también, podía haber añadido, el balar como corderitos cuando pasa por delante el tirano de turno. En adelante, todo lo que se pueda hacer para desmontar el actual Estado de Sitio será el único camino posible de salvación. Ni sanidad pública, ni educación pública, ni nada de nada que sea público. Ni siquiera las mujeres. Todo, absolutamente todo, privado y en red para que si falla uno te puedas acoger a otro. En fin, que ya va siendo hora de que luz austriaca de fines del XIX y principios del XX empiece a ocupar el lugar que le corresponde por derecho propio. ¡Viva la anarquía!

sábado, 9 de mayo de 2020

¡Pregúntate!

Dice el profesor García Maestro: "Pregúntate por qué eres tolerante con quien te niega la libertad."  En poco más de dos minutos queda meridianamente explicada la filosofía del tirano. Una filosofía que traducida a la praxis nunca falla. Ni les falló a los nazis ni les falla a estos gobiernos socialdemócratas que señorean el mundo. ¡Dios, si levantase la cabeza Hitler y viese hasta qué punto han triunfado en el mundo sus ideas! Y no solo en lo de los perros, aunque lo de los perros, bien sure, es como la síntesis perfecta del constructo ideológico: decir lealtad en lo que solo es sumisión. 

Siempre es igual, la manipulación del lenguaje. Y donde la manipulación no funciona, el monopolio estatal de la fuerza, o sea, cuestión de matices, pero que sepas que tú no te perteneces. Ni siquiera a la hora de morir. Tendrás que hacerlo de acuerdo con los cánones que estipule el tirano, siempre pensados en función de su potencial aterrorizante del populacho. 

Reino Unido: 67 millones de habitantes. Setecientas y pico mil muertes al año y otros tantos nacimientos. 18 millones de personas mayores de 65 años. 30.000 muertos por coronavirus. ¡Catástrofe! Todo el mundo acojonado. Bueno, ahora resulta que cuando no hay coronavirus los viejos muy reviejos no se mueren. Porque esa es otra: es de todo punto incorrecto llamar a los viejos, viejos, y ya no digo reviejos. Pues bien, se pongan como se pongan en los dos meses que va durando esta milonga del coronavirus en Reino Unido se habrán muerto de lo que sea 120.000, por lo bajo, viejos más o menos reviejos. Lo siento, pero es ley de vida. Y poner a todo el mundo a contar como van cayendo es de una perversidad rayana en la obra de arte. ¡Pero si es una aubaine que los viejos la palmemos! Para el Estado por supuesto, pero mucho más para los descendientes que, no solo puede que hereden algo, también se quitan de encima las molestias sin cuento que produce el contacto con la decadencia física absoluta. 

Por cierto, ¿han oído hablar a alguien en estos días de la pandemia que asoló el mundo el año 57 del siglo pasado? Claro, como por entonces nadie se puso a contar muertos no ha quedado marca de aquello en el imaginario colectivo. Pero los puedo asegurar que no fue menos, ni mucho menos, que esto de ahora. La diferencia, posiblemente, solo sea cuestión de la libertad que había entonces y la que hay ahora. Ya ven, las cosas no son tan sencillas. 

viernes, 8 de mayo de 2020

¡Bendiciones!

Supongo que ya sabrán de sobra que el gran sufrimiento del mundo es la ignorancia. Lo que a lo mejor no saben es que cuando están sufriendo puede ser que sea porque ignoran algo. Es fácil entenderlo si piensan en la adolescencia, esa edad en la que se adolece por falta de comprensión del mundo que te rodea. Pero no se hagan ilusiones porque ese adolecer nunca se apaga si la dicha es buena. O sea, si no eres un imbécil. Lo normal en los normales es que el dolor de la ignorancia sea el motor de la búsqueda del conocimiento. Y no por otra cosa es que el aprender sea la mayor fuente de satisfacción de que disponemos y, no por nada, sino porque el aprender cualquier cosa que sea siempre nos libera una porción del sufrimiento de la ignorancia. Por eso es tan mala pedagogía enseñar a los niños que hay que estudiar para ser alguien en la vida. No, eso, en cualquier caso, será un efecto secundario que se dará o no se dará; lo que seguro se da como efecto necesario del estudio es una mayor felicidad, precisamente porque entiendes mejor que es imposible entender lo que te rodea.

Bueno, dicho lo dicho, que ha sido no decir nada, paso a comentarles el placer que he sentido esta mañana viendo los videos de Economic Pills dedicados a la creación del dinero. El otro día, el 25 de abril, les largué aquí un rollo al respecto en una entrada que titulé Oro. Bien, la he releído y no me parece que esté mal del todo. Pero era conocimiento para párvulos. Los vídeos de los que les hablo hoy son un paso más allá para entender este desbarajuste que nos señorea y que en definitiva sería, siguiendo las enseñanzas de Marco Aurelio, el que nos ha traído esta pandemia que, en términos comparativos, afortunadamente, es una birria de pandemia... por más que se le quieran sacar réditos políticos. 

La creación del dinero es el arte del birli-birloque llevado a su máxima expresión. Usted ingresa en su cuenta corriente pongamos que 100 €. El banco por medio de una figura que llaman coeficiente de caja, o de reservas bancarias, tiene derecho a negociar con el 50% de esos 100 € que usted ingresó. Así, va una persona a ese banco a pedir un préstamo de 50 € y el banco le presta los cincuenta de que puede disponer de los cien que usted depositó. Y, además, los presta a x interés. Pues bien, usted sigue disponiendo de los 100 € caso que los necesitase y el que ha pedido prestado dispone de 50 €. Resumiendo: los 100 € se han convertido en 150 € por, como les decía, arte de birli-birloque. Porque solo está respaldado por la confianza de que usted no va a ir a pedir sus 100 €. O sea, la confianza, un sentimiento. Comparen con cuando respaldaba el oro. Claro, la diferencia a efectos prácticos es que antes la gente tenía solo lo que necesitaba y iba solo a donde tenía algo que hacer y, ahora, la gente tiene tiene todo lo que desea y va a donde se le antoja a no hacer nada. De una vida racional hemos pasado a una entelequia de vida. ¡Ay, el ahorro! ¡Cuán lejos te vas quedando y cómo te vamos a echar en falta de aquí a cuatro días!  

En fin, no voy a seguir porque es probable que lo esté explicando todo muy mal. En cualquier caso, si quieren aliviar el dolor de su ignorancia, ahí tienen los videos de Economic Pills que les aseguro no les defraudarán. 

¡Bendiciones!  

jueves, 7 de mayo de 2020

¡Atajo de comedores!

Si bien se mira, esta experiencia que nos está deparando el caprichoso transcurrir del tiempo es un regalo para el espíritu más allá de que consigamos sobrevivirla. Veníamos de un tiempo a esta parte, más o menos desde que servidor nació, deslizándonos por la realidad sin mayores sobresaltos. Y por eso era, porque sin sobresaltos no hay hitos, y sin hitos no hay historia, y por tanto vida, que nos esforzásemos en inventar milongas en las que acabábamos creyendo e, incluso, dándoles carácter de decisivas. Acuérdense de todo aquello de la transición de la dictadura a la democracia, que, a juzgar por la literatura a la que dio lugar, deberíamos pensar que fue la mundial cuando en realidad no fue más que un cierto incremento de chupadores de la piragua, por emplear una expresión tan querida a los Proscritos de Alar. Pasamos del partido único al multipartidismo y, por tanto, el Estado creció y tuvo que recaudar más impuestos para mantener a más parásitos, perdón, políticos. En realidad solo fue subir un escalón en la construcción socialdemócrata que había comenzado en los años cincuenta con el despegue económico. Porque esa es la única realidad del mundo desde que Bismarck a finales del XIX descubriera que la socialdemocracia era la el procedimiento ideal para someter al pueblo sin que el pueblo se diese cuenta de que estaba sometido. Hicieron falta un par de grandes guerras para que los americanos cayesen en la cuenta de lo que se estaban perdiendo y, entonces, Franklin Delano Roosevelt se inventó lo del New Deal que no era otra cosa que apuntarse al invento socialdemócrata. Y así es que está todo el mundo, unos con democracia que le dicen, otros con partido único que también le dicen, y otros, ya, pasados de rosca, que ni una ni otro, simplemente el Estado soy Yo y la gente que que no esté contenta que fabrique un cayuco y se vaya por los mares hasta donde sea capaz de llegar... pero todos, en definitiva, lo mismo, un Estado cada vez mayor para que podamos vivir de él cuantos más mejor, eso sí, teniendo como principal partida de gastos la dedicada a propaganda, que es tal la perfección que ha alcanzado semejante ciencia que ni las más preclaras mentes suelen ser capaces de detectar el lavado de cerebro al que están siendo sometidas. Y por eso es, porque ha venido como a despertarnos de esta larga noche del espíritu, por lo que les digo que debiéramos estar agradecidos al coronavirus. Pues sí, de estas ha resultado que el estado socialdemócrata no es Dios. Ni mucho menos. Ha tenido que quitarse la careta y le hemos podido ver como lo que en realidad viene siendo desde que se inventó: un tirano iletrado. ¿O es que no han echado ustedes una ojeada a los currículums de todos esos parlanchines que dicen gobernarnos? ¡Menudo atajo de comedores! ¿A ver como se las van a apañar ahora para salvar el sueldo? Y no digo el pellejo, porque si fuese por ganas...

miércoles, 6 de mayo de 2020

¡Benditos Acertijos!




Pocas cosas hay que me alivien el dolor de estos días miserables como el intento de resolver este tipo de acertijos. Le estoy infinitamente agradecido a Salvatore Vargas por tenerlos colgados en internet. Concretamente en Academia Internet. Desde nuestro querido Perú. 

Me desayuno con un vídeo de cegadora luz sofoclea, que diría el poeta, del profesor García Maestro, de título "La mayor traición de la democracia es negociar la negación de la libertad de los demócratas". Me ha dejado patidifuso. Comprendo que este señor no habla para cualquiera porque nadie más convencido que él de que hablar para cualquiera es como no hablar. Las cosas que merecen ser dichas solo las pueden comprender los que han hecho el esfuerzo previo de no correrse las clases. O sea, muy pocos. Porque parte de la idea de que el conocimiento o es aristocrático o no es. Y allá cada cual con sus milongas igualitarias. 

El caso es que el profesor Maestro, todo un pleonasmo, como el niño del cuento, grita que la democracia va desnuda. Y entonces, los que se han esforzado en entender, miran y, efectivamente, ven que va desnuda. Bueno, tal y como yo lo veo a la luz de sus explicaciones la cosa es muy sencilla. En realidad el poder, desde que existe, siempre ha utilizado el mismo procedimiento para perpetuarse: divide y vencerás. Ya el cristianismo, desde su misma inauguración como ideología oficial del estado, con Constantino concretamente, se las apañó para dividir a la tropa con lo de la transustanciación del padre en el hijo. La de muertos que no habrá causado esa entelequia. Se transustancia, no se transustancia y, ¡ale!, a matarse unos a otros. Y mientras tanto los papas y cardenales cómodamente instalados en Roma venga a tirarse a las lozanas andaluzas sin que nadie les llamase al orden. Lo de la democracia igual. Los de la revolución francesa se inventaron la entelequia izquierda/derecha. Los buenos y los malos, los generosos y los egoístas y, la gente, claro, teniendo motivos sobrados para considerarse moralmente superior y, por ende, justificado para matar al adversario. Ya digo, una entelequia. Y cuando se descubre que lo es, entonces va el poder y no se arredra y se inventa el feminismo, el animalismo, el cambio climático, o lo que haga falta para que la chusma tenga con qué estar distraída. Y mientras tanto los altos dignatarios ligándose a las titis de postín o comprándose chales en Galapagar. Gente que no tienen más mérito que el de haber sabido trepar en las mafias que son los partidos políticos precisamente porque su escasa inteligencia no les da para tener escrúpulos cuando hay que hace algo deleznable... sobre todo mentir. 

Y así, por tales vericuetos es como hemos venido a dar en esto que estamos: prisioneros en casa y aplaudiendo a las ocho. Y, ni nos suicidamos ni agarramos las armas que más a mano tenemos para ir a matar a todos los dignitarios o militantes de partidos que encontremos en nuestro camino. Acabáramos con eso y la excelencia prevalecería. En fin, ya digo, gracias a que dispongo de acertijos para entretenerme  porque, si no...

martes, 5 de mayo de 2020

Salsa de tomate

Lo que no se puede negar es que cuando se está pasando por un mal trance se tiene la sensación de estar en el centro del mundo y de la historia. Es entonces el momento ideal para que todos los que tienen alma de gurú, o sea, todo dios, se apresuren a decir la suya. Que si esto es por tal, que lo que hay que hacer, que si lo que va a pasar, que si un antes y un después, y un largo etc. de lucubraciones que se lleva el viento. Y es que como uno ha tenido una vida tan aburrida no le ha quedado más remedio que recurrir al jarabe de lectura para no tirarse por los sucesivos balcones que las circunstancias me ponían a mano Y por eso ha sido que, libro a libro, me haya enterado un poco de cómo ha sido el transcurrir de la humanidad desde la noche de los tiempos para acá. Se lo voy a decir: nunca paró de crecer el conocimiento de las leyes que rigen la naturaleza, pero, no se hagan ilusiones, eso no ha servido absolutamente para nada a efectos de liberarnos de las pulsiones primigenias, es decir, prevalecer para tener mejores oportunidades de transmitir nuestro ADN. Así que, ¿a qué tanto revuelo por una epidemia de tres al cuarto? De estas, e infinitamente más letales, las hubo cada dos por tres y, a los cuatro días de superadas, todo estaba exactamente igual que antes de empezar la ordalía. ¿O es que piensan que de ésta vamos a salir más sabios? ¡Por dios bendito, no sean ingenuos! De ésta si salimos de alguna manera diferente respecto otras similares va a ser en lo que hace a la acumulación de panículo adiposo y agravamiento de las más diversas adicciones perversas. Cualquiera que haya leído un poco sabe cómo se exacerban los vicios en las situaciones de estrés. Y eso por no hablar del triscapellejeo, que es un no parar. En fin, que se va uno a youtube y ahí se los encuentra a todos, incluido Iñaqui Gabilondo, ¡madre mía!, que es que me pregunto como puede ser que el tipo no se haya cansado a estas alturas de equivocarse en todo lo que viene diciendo desde que asistió al Sermón de la Montaña junto al lago Tiberiades. Por no hablar del jesuita de turno que dice que las personas tenemos, como los árboles, un crecimiento isonómico, es decir, que en verano crecen las ramas y en invierno, en la misma proporción, las raíces, o sea, que no tenemos que darnos prisa en salir a la calle porque en este invierno que nos están imponiendo los gobernantes nos están creciendo las raíces del espíritu y cuanto más aguantemos más fuertes saldremos después. Ya lo explicaba Roland Barthes, que los jesuitas habían llevado el lenguaje al grado cero del terror. Los tíos te la meten doblada y ni te enteras. De qué, si no, iban a tener tanto predicamento las ideologías disolventes que vienen señoreando el mundo de un siglo y pico para acá. Ya lo dice el emérito Armando de la Torre en sus amenas conferencias en la Francisco Marroquin, ¡olvídense ustedes de los hermanos Castro y sus secuaces! Acudan a las sacristías y allí encontrarán el virus. Bueno, ya me canso, como Nino Bravo, de vagar... en realidad de divagar, así que... me voy a comprar tomates para hacer salsa para los macarrones. 


En otro orden de cosas, aquí tienen un bello problema de álgebra. 


domingo, 3 de mayo de 2020

La patria mía

Ayer a las nueve pm se produjo la primera cacerolada en mi calle. Fue muy curioso. Sonaba un traqueteo extraño y, como estaba muerto de aburrimiento, corrí a asomarme a la ventana para ver de qué se trataba. Era un matrimonio de ancianos en un balcón de uno de los extremos de la calle, en realidad paseo. Estaban cada uno con su cacerola y lo que fuere, dándole con entusiasmo. Otra gente, seguramente tan aburrida como yo, se asomó a los balcones a saciar su curiosidad. La mayoría, miraron un instante a la pareja de viejos, se metieron para dentro y antes de treinta segundos ya habían vuelto a salir con algún artilugio en las manos. Antes de haber pasado tres minutos ya había un estruendo en el barrio más que considerable. Los del balcón que nos atruena todos los días con música, por supuesto, en esta ocasión, se llamaron Andana. Más claro, el agua: el de la música es de los que tienen pegada la lengua al culo de Pedro Sánchez y el bolsillo a una canongía estatal y los de las cacerolas eran personas a la espera de una oportunidad. En cualquier caso, es curioso observar como se desencadenan las acciones humanas: al fin al cabo no somos más que reacciones químicas. 

Mira tú por donde, a los ocho de la tarde sonaba a toda pastilla en el balcón de marras el himno a la alegría de ese cantante granadino tan hortera y, en otros balcones, gente joven, bailaba y batía palmas. Se podría haber dicho que esto donde vivimos es lo más parecido posible a la Arcadia. Pero, ya digo, que mira tú por donde que no hubo de transcurrir ni media hora para que las cañas se volviesen lanzas. Es decir, del juego se pasó a la guerra. Del "to er mundo eh güeno" al "los socialistas son unos redomados hijos de perra". Ahora ya no hay excusas para los que no se habían querido enterar... porque es que hay que ver cómo obnubilan las mentes las lenguas pegadas a los culos por mor de una canongía. 

Y al atardecer, cuando salí a tirar la basura, con la somera revuelta que di a las manzanas adyacentes, ya me pude percatar de que han empezado a pintar los bastos. En todas las persianas echadas de los establecimientos hosteleros había profusión de cartelería en rojo y negro anunciando el traspaso de negocio por imposibilidad de seguir adelante con las condiciones de apertura que les quiere imponer la autoridad incompetente. Los bares, la honra y prez de la patria mía: 


                          Miré los muros de la patria mía,
                          si un tiempo fuertes ya desmoronados

                          ...
                                                                                ...
                          y no hallé cosa en qué poner los ojos
                          que no fuese recuerdo de la muerte.


¡Qué grande era Quevedo!

viernes, 1 de mayo de 2020

A tuerto o a derecho

A tuerto o a derecho, mi casa hasta el techo. En esto Celestina y la Lozana coinciden al cien por cien. Es como lo del monje que lleva a una puta al hombro y cuando alguien le pregunta que, para qué la lleva, le contesta que todo sirve para el convento. Es una pulsión curiosa esta de almacenar. Yo diría que es directamente proporcional a la miseria física y espiritual de quien la experimenta. Recuerdo que cuando todavía me prestaba a las obras de caridad, una pareja de pobres desgraciados estaban empeñados en que fuese un día a cenar a su casa. Cedí de mala gana y allí que me presenté. La casa era un cuchitril que no creo que llegase a los cincuenta metros cuadrados, pero lo realmente sorprendente es que por ella solo se podía transitar de canto. En realidad me habían invitado porque querían sorprenderme con su habilidad para aprovechar el espacio para guardar cosas. Los escasos pasillos los habían trufado de armarios del suelo al techo y no creo que entre ellos quedasen ni treinta centímetros diáfanos. Luego me enteré de que la susodicha pareja se había separado a los pocos días de mi visita. Lo entendí perfectamente porque ya no tenían la menor posibilidad de colocar un armario más en su casa. ¿Qué les podía unir entonces?

Hay otro refrán, muy usado en el siglo de oro, que también refleja a la perfección esa pulsión dañina: no hay saber como el tener. Y por eso es, porque a la gente del común no hay nada que le ponga tanto como creerse que sabe, que se lancen como posesos a tener de todo y un poco más. Da igual de lo que se trate, el caso es que mi casa esté hasta el techo. Si son libros, pues libros, si son viajes, pues viajes, si son conquistas, pues conquistas, pero, sobre todo, cachivaches a los por una especie de perturbación mental se les ha asignado un valor sentimental. Recuerdo perfectamente con que orgullo se enseñaba toda esa porquería cuando empezó el desarrollo económico. Iba la gente a cualquiera de aquellos viajes que organizaba  Educación Sin Descanso y nunca perdonaban comprar un souvenir de los lugares en los que habían estado. De hecho, lo mejor de aquellos viajes era la compra de los souvenires. Luego, al llegar a casa, los colocaban en una estantería del aparador que había en todos los comedores. Yo iba a aquellas casas a visitar algún enfermo y cuando acababa, mientras me lavaba las manos, en vez de preguntarme por el enfermo, me relataban el sentido de aquellas figuritas de mierda. Para ellos eran la prueba del nueve de que no eran unos mindundis. En fin. 

A veces, en los desesperados intentos de sortear el aburrimiento, vengo a caer en uno de esos programas televisivos en los que una pareja se dedica a restaurar casas viejas. Siempre en los EEUU de América. Pues bien, esas casas no solo las restauran sino que también, lo más sorprendente, las decoran. Para mejor venderlas según no paran de argumentar. Bueno, uno tiende a pensar que la decoración es algo personal y por eso, caso de hacerla, tendría que ser cosa del comprador. Pero no, se ve que a los compradores en general lo que les gusta es que su casa esté hasta el techo de mierdas antes, incluso, de haber empezado a vivir en ella. La verdad es que no me lo puedo explicar, porque son casas carísimas en barrios chic de Chicago o sitios por el estilo. Es como si esa gente, tan evolucionada por lo demás en todo, se aferrase a los fetiches como el náufrago a la famosa tabla. Uno más, en definitiva, de los atavismos que no hay forma de soltar. Claro, hagamos lo hagamos y triunfemos en la vida lo que triunfemos, el componente náufrago es imposible que se nos vaya de la cabeza. Es el miedo a morir que siempre anda por ahí rondando y, a la postre, toda la vida es un puro hacer tonterías por ver si con ellas nos olvidamos un poco de esa única realidad incuestionable. 

 Nada sirve para nada, pero unas cosas menos que otras y tener hasta el techo seguramente la que menos. Y como nada es inocente, la que menos nos beneficia puede ser la que más nos perjudica. Consumir lo que sea, para salir del paso casi siempre, tiene su perversa contrapartida, la que ayer les mentaba, que te impide ahorrar, es decir, aspirar a la libertad... la única ilusión por la que, como dijo dijo Don Quijote a Sancho, merece la pena sacrificarse. Así que, ¡a buenas horas me vienes con estas filosofías!