Ayer a las nueve pm se produjo la primera cacerolada en mi calle. Fue muy curioso. Sonaba un traqueteo extraño y, como estaba muerto de aburrimiento, corrí a asomarme a la ventana para ver de qué se trataba. Era un matrimonio de ancianos en un balcón de uno de los extremos de la calle, en realidad paseo. Estaban cada uno con su cacerola y lo que fuere, dándole con entusiasmo. Otra gente, seguramente tan aburrida como yo, se asomó a los balcones a saciar su curiosidad. La mayoría, miraron un instante a la pareja de viejos, se metieron para dentro y antes de treinta segundos ya habían vuelto a salir con algún artilugio en las manos. Antes de haber pasado tres minutos ya había un estruendo en el barrio más que considerable. Los del balcón que nos atruena todos los días con música, por supuesto, en esta ocasión, se llamaron Andana. Más claro, el agua: el de la música es de los que tienen pegada la lengua al culo de Pedro Sánchez y el bolsillo a una canongía estatal y los de las cacerolas eran personas a la espera de una oportunidad. En cualquier caso, es curioso observar como se desencadenan las acciones humanas: al fin al cabo no somos más que reacciones químicas.
Mira tú por donde, a los ocho de la tarde sonaba a toda pastilla en el balcón de marras el himno a la alegría de ese cantante granadino tan hortera y, en otros balcones, gente joven, bailaba y batía palmas. Se podría haber dicho que esto donde vivimos es lo más parecido posible a la Arcadia. Pero, ya digo, que mira tú por donde que no hubo de transcurrir ni media hora para que las cañas se volviesen lanzas. Es decir, del juego se pasó a la guerra. Del "to er mundo eh güeno" al "los socialistas son unos redomados hijos de perra". Ahora ya no hay excusas para los que no se habían querido enterar... porque es que hay que ver cómo obnubilan las mentes las lenguas pegadas a los culos por mor de una canongía.
Y al atardecer, cuando salí a tirar la basura, con la somera revuelta que di a las manzanas adyacentes, ya me pude percatar de que han empezado a pintar los bastos. En todas las persianas echadas de los establecimientos hosteleros había profusión de cartelería en rojo y negro anunciando el traspaso de negocio por imposibilidad de seguir adelante con las condiciones de apertura que les quiere imponer la autoridad incompetente. Los bares, la honra y prez de la patria mía:
Miré los muros de la patria mía,
si un tiempo fuertes ya desmoronados
pues en estas estamos,Pedro.Nos encontramos en grandes trabajos ,como diría Cervantes.Pero ya la decencia perdió hace mucho tiempo su buén nombre.Que me explique alguien cómo se puede caer tan bajo.Cómo estos cenutrios han llegado a donde están.Cosa inexplicable,no lo entiende ni Juanelo.
ResponderEliminarPues si no lo entiende ni Juanelo, apañados estamos. Aunque por otra parte ya hay advertencias desde antiguo de que éste es el destino inevitable de la democracia: el gobierno de los más jetas.
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