jueves, 21 de mayo de 2020

Miumiu

Uno se interesa mínimamente por saber lo que pasa en este país en el que por el querer de los dioses y mi incorregible desidia me ha tocado vivir y, una vez más, y cuando ya lo creía superado para siempre, me entran unas ganas de pirarme que no me dejan sosegar. Por Dios, ¿pero es que no es posible un poco de racionalidad? Claro, miro por la ventana y allí al fondo, sobre el otero, veo un gigantesco Sagrado Corazón de Jesús En Vos Confío. Es, por así decirlo, el símbolo por antonomasia de la ciudad. Se ve desde la autopista, se ve desde el tren. Nadie que pase, siquiera de refilón, se libra de su visión. Que lo sepa todo el mundo, nosotros los palentinos seguimos sacudiendo las alfombras por las ventanas porque aquí el corazón manda sobre la cabeza. 

Sí, algún tipo de maldición gitana tiene que estar pesando sobre nosotros. Por Dios, con la historia que tenemos, ¿es que no podríamos haber aprendido algo? Pues parece ser que no. ¿De qué nos sirvió Gracián? ¿De qué, Cervantes? Y tantos otros. ¿Es que acaso la gente no les lee? Es obvio que no. Aquí, a lo que parece, todo lo que no esté inspirado en el Sermón de la Montaña lo repele el entendimiento como en una especie de enfermedad autoinmune. No queremos nada que nos purifique; queremos seguir siendo chachas. ¡Una de Isabel Allende, marchando!

En fin, que les den. Ya uno no está en condiciones de saltar sobre las cordilleras, aunque la última palabra nunca está escrita. Así que, por el momento, lo mejor va a ser seguir aferrado a la práctica de vivir de espaldas a lo que me rodea. Ya llevo más de un año de tal guisa y, aunque sea imposible blindarse, sí que consigo evitar en cierta medida las tormentas de estulticia que reinan por doquier. ¡Por Dios Bendito, un poco de serenidad! Miren para otro lado. 

Cojan, agarren, y pídanle a YouTube un vídeo de Miumiu Guitargirl. ¿Cómo es posible que eso pueda suceder? Pues muy fácil, echando abajo el Cristo del Otero y entronizando en nuestra mentes al estudio y la razón. Entiéndanlo de una vez: el estudio y la razón no necesitan de monumentos que les idealicen. Se bastan con los resultados de su ejercicio para rozar la divinidad. 

En fin, disfruten con Miumiu y, si no pueden, ya saben, Isabel Allende y a fregar escaleras.   

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