sábado, 16 de mayo de 2020

Lord Acton


Estaba estos días siguiendo el ciclo de conferencias sobre Ludwing von Misses que en su día impartiera en la Universidad Francisco Marroquin de Guatemala el director del Instituto Acton, profesor Gabriel Zanotti. Bueno, la cosa tiene su miga y, tanta, que me cuesta encontrar un comienzo para el rollo que les quiero largar sobre el particular.
Empezaré por la definición que el Instituto Acton se da a sí mismo:

"El Instituto Acton tiene como misión promover una sociedad libre y virtuosa, caracterizada por la vigencia de los derechos personales y la economía de mercado, en armonía con la Fe católica."

O sea, derechos personales, y libre mercado: libertad individual y Ludwing von Misses. Así describía Lord Acton, el que da el nombre al Instituto, la libertad: 

"La libertad es la prevención del control por otros."

Por echar más leña al fuego les diré lo que para el profesor García Maestro -léase Gustavo Bueno- es la libertad: es una dialectica entre tu libertad y la mía. Todo el mundo trata de imponer su libertad a la de los otros y eres libre en la medida que consigues imponerte. Es decir, imponer la tuya y prevenirte de la de los otros.

Por cierto que Lord Acton era católico y precisamente por ello los muy liberales ingleses no le dejaron acceder a la universidad de Cambridge. Así que se fue a estudiar a Munich y a lo mejor hasta salió ganando. Pelillos a la mar. El caso es que Lord Acton es conocido sobre todo por haber soltado en cierta ocasión una frase afortunada: "todos los políticos se corrompen y los políticos totalitarios se corrompen absolutamente".  

En definitiva, ¿qué es lo que el Instituto Acton quiere promover entre los católicos? Pues lo mismo que Ludwing von Misses entre el público en general, a saber, el carácter sagrado de la libertad individual, de la propiedad privada y del libre mercado... y no por nada sino porque la experiencia histórica tiene demostrado hasta la saciedad que son lo tres pilares sobre los que se asienta el proceso civilizatorio. ¡Imagínense el inmenso conundrum que es todo esto despues de siglos predicando desde los púlpitos el Sermón de la Montaña y la expulsión a latigazos de los mercaderes del templo! Claro que para eso tenemos el marxismo, no el de Carlos sino el de Groucho: estos son mis principios, si no le gustan, aquí tengo estos otros. 

Porque esa es la cuestión, poner a los que, no digo ya en tiempos preteridos sino en el candente presente con su papa peronista y toda la hostia de una culta población, han sido tirando a marxistas, de los de Carlos en este caso, a blasonar de liberales avant-la-lettre, como diría el culto de la parroquia. Bueno, Gabriel Zanotti, que tiene todos mis reonocimientos, propone que, para empezar, habría que disolver el Estado Vaticano. ¡Hala, peronistas a tomar pol saco! Esto, ya, me parece, no es topar con la Iglesia sino, más bien, con el mismo Dios. 

En fin, creo que por hoy ya me explayé bastante. Demasiado, quizá. 

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