miércoles, 13 de mayo de 2020

Suite en Re menor




Éste es el ejercicio que nos propone hoy Salvatore Vargas. Digamos que es álgebra de un nivel bastante elemental. Sólo tienes que quedarte clavado mirándolo y no tardarás mucho en encontrar la vía de salida. Todo es cuestión, como dice David Calle, de practicar, practicar y practicar y aprobaréis. Elemental, Watson. ¿O es que hay algo que merezca la pena en la vida que no sea así? 

Ahora, que estamos pasando por este trance de cuyo nombre ya no quiero ni acordarme, la gente del común se harta a decir que, después de esto, los hábitos de la gente van a cambiar. Y yo digo como hubieran dicho ante tal suposición las domésticas que había en mi casa cuando era niño: ¡Y un jamón con tres chorreras! Aquí lo que puede ser que vaya a cambiar, en todo caso, es la cantidad de dinero que va a tener la gente en el bolsillo. Menos, probablemente. Y, entonces, sí, los hábitos cambiarán porque a la fuerza ahorcan. Pero, por lo demás, el mantenimiento e, incluso, el acrecentamiento, de los vicios de bajo coste será lo que se imponga. ¡Pues anda que no hay experiencia histórica sobre el asunto!

En fin, cada loco con su tema. Ayer me mandaron un video en el que un maestro simpatiquísimo, o empatiquísimo como se diría ahora, enseñaba, jugando, por supuesto, a unos niños, de cinco años o así, a apreciar los cuadros que hay en el Museo del Prado. A los dos minutos de mirar el vídeo ya tenía las tripas revueltas. Los ingenieros sociales metiendo las narices en todo. Por qué no dejarán a la gente, y sobre todo a los niños, que vayan a su bola. ¡Qué coño pinta un niño en un museo! Igual que un turista. Que se vayan a la playa que es lo suyo. O a bañar jibosos, como decían en mi pueblo. Claro que jibosos propiamente dicho ya prácticamente no quedan. 

En cualquier caso, pasemos los trances que pasemos e intenten lo que intenten los ingenieros sociales, siempre serán una inmensa mayoría los que hagan cola frente a los estancos y una mínima minoría los que se entretengan con las propuestas de Salvatore Vargas... o yo qué sé, intentando aprender a tocar con la guitarra una suite en Re menor de Robert de Visé. Es una simple cuestión de la condición humana. 


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