jueves, 7 de mayo de 2020
¡Atajo de comedores!
Si bien se mira, esta experiencia que nos está deparando el caprichoso transcurrir del tiempo es un regalo para el espíritu más allá de que consigamos sobrevivirla. Veníamos de un tiempo a esta parte, más o menos desde que servidor nació, deslizándonos por la realidad sin mayores sobresaltos. Y por eso era, porque sin sobresaltos no hay hitos, y sin hitos no hay historia, y por tanto vida, que nos esforzásemos en inventar milongas en las que acabábamos creyendo e, incluso, dándoles carácter de decisivas. Acuérdense de todo aquello de la transición de la dictadura a la democracia, que, a juzgar por la literatura a la que dio lugar, deberíamos pensar que fue la mundial cuando en realidad no fue más que un cierto incremento de chupadores de la piragua, por emplear una expresión tan querida a los Proscritos de Alar. Pasamos del partido único al multipartidismo y, por tanto, el Estado creció y tuvo que recaudar más impuestos para mantener a más parásitos, perdón, políticos. En realidad solo fue subir un escalón en la construcción socialdemócrata que había comenzado en los años cincuenta con el despegue económico. Porque esa es la única realidad del mundo desde que Bismarck a finales del XIX descubriera que la socialdemocracia era la el procedimiento ideal para someter al pueblo sin que el pueblo se diese cuenta de que estaba sometido. Hicieron falta un par de grandes guerras para que los americanos cayesen en la cuenta de lo que se estaban perdiendo y, entonces, Franklin Delano Roosevelt se inventó lo del New Deal que no era otra cosa que apuntarse al invento socialdemócrata. Y así es que está todo el mundo, unos con democracia que le dicen, otros con partido único que también le dicen, y otros, ya, pasados de rosca, que ni una ni otro, simplemente el Estado soy Yo y la gente que que no esté contenta que fabrique un cayuco y se vaya por los mares hasta donde sea capaz de llegar... pero todos, en definitiva, lo mismo, un Estado cada vez mayor para que podamos vivir de él cuantos más mejor, eso sí, teniendo como principal partida de gastos la dedicada a propaganda, que es tal la perfección que ha alcanzado semejante ciencia que ni las más preclaras mentes suelen ser capaces de detectar el lavado de cerebro al que están siendo sometidas. Y por eso es, porque ha venido como a despertarnos de esta larga noche del espíritu, por lo que les digo que debiéramos estar agradecidos al coronavirus. Pues sí, de estas ha resultado que el estado socialdemócrata no es Dios. Ni mucho menos. Ha tenido que quitarse la careta y le hemos podido ver como lo que en realidad viene siendo desde que se inventó: un tirano iletrado. ¿O es que no han echado ustedes una ojeada a los currículums de todos esos parlanchines que dicen gobernarnos? ¡Menudo atajo de comedores! ¿A ver como se las van a apañar ahora para salvar el sueldo? Y no digo el pellejo, porque si fuese por ganas...
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