Las personas tenemos que hacer tan poco para sobrevivir en esta era que nos ha tocado en suerte que, para no morir de hastío, nos tenemos que inventar ocupaciones que se miren como se miren son un puro alarde de la nada. Tal es el caso del profesor García Maestro que debía estar al borde del abismo del aburrimiento y entonces, como quien se agarra a la rama de un árbol que allí había, se puso a escribir un tocho de miles de páginas al que tituló Crítica de la Razón Literaria según el Materialismo Filosófico de Gustavo Bueno. Cuando lo acabó, se debió dar cuenta de que estaba en las mismas y, entonces, la rama de árbol que le salvó de la caída fueron los vídeos en YouTube. Oficialmente, esos vídeos, tratan de eso que se supone es su especialidad, la crítica literaria, pero, por lo menos a mí, esa parte de su discurso me la trae al pairo. Lo me parece sumamente interesante es todo lo que dice, y como lo dice, aprovechando que el Pisuerga... ya saben. Claro, tiene la ventaja de ser un músico consumado. Así no es rara esa habilidad para hilar conceptos sin perder el compas. En realidad, si bien se mira, su verdadera especialidad es la de no dejar títere con cabeza. Y, como es de esperar en tales casos, unas veces se atina más que otras, cosa que, por otra parte, está ligada a la subjetividad de cual a la hora de apreciar. En fin, sea como sea, el caso es que hay por ahí otros filósofos que también deben estar tan al borde del abismo como él y por eso se han agarrado al árbol de colgar vídeos, muy respetuosos, eso sí, criticando la mentada crítica de la razón literaria. Y así, de crítica en crítica, podríamos llegar hasta el mismísimo big-bang y seguiríamos estando en un puro alarde de la nada.
Personalmente nunca he soportado a los críticos de profesión. Esos que, ya sea en la tele o en la filmoteca, tratan de explicarte la película que vas a ver, supongo que para que no andes perdido y vayas a acabar interpretándola de forma diferente a como a ellos les gusta que, por supuesto, es la correcta. A mí, las películas que veo o las novelas que leo, me gusta comentarlas con mis amigos que, les puedo asegurar, no son precisamente chachas. Es un buen recurso para mantener la amistad con la tensión necesaria para que dure.
El caso es que ayer terminé de leer el Decamerón. No es la primera vez que lo he terminado, pero, a efectos prácticos, como si hubiese sido la primera. Me pasó igual cuando acabe el otro día La Celestina, o La Lozana Andaluza o, un poco más atrás, el Quijote. Mi idea es que hay tanto en esos libros que mil veces que los leyeses, mil veces que sentirías que es la primera. Y es que de una vez para otra, uno se ha hecho más mayor y, si para unas cosas tiene menos alcance, para otras mucho mayor, especialmente para aquellas que tienen que ver con la acumulación de experiencia. Porque esa es la cuestión, que difícilmente puedes entender aquellas cosas que no has vivido, ya sea en carne propia, ya por delegación. Todos los líos de las señoras y señores del Decamerón, los entiendo perfectamente porque yo tuve mi lote. Y mis amigos también y me lo contaron. Y ahí está el punto y la razón de la inutilidad de esas críticas que hacen los expertos, que de oídas no se aprende ni entiende nada. Tu verás resolver mil problemas de geometría y como si no los hubieses visto a la hora de ponerte a resolverlos. Solo después de haberte puesto a resolverlos mil veces empiezas a resolver alguno de vez en cuando. Claro que hay genios que arrasan, pero encontrar uno de esos como lo de la aguja en el pajar.
Así que, bueno, como no quiero quedarme en dique seco, hoy he comenzado a darme un homenaje de luz sofoclea. Espero que de ésta, Edipo, del que tantas veces digo cosas, me sea un poco más transparente. O sea, que pueda comprender un poco mejor sus endemoniados entresijos... que son los míos... y también los de ustedes.
Es que ,querido Pedro,este Maestro me resulta infumable,con esa cara de almorrana mal curada.Ese aire doctrinal y de Sacristía de barrio Obrero.Clavao a los Podemitas,con eso te digo todo.Yo me voy y poner ahora con Gracián,y con -Torres Villarroel,que era de todo ,hasta matasanos ,como tú.Un abazo
ResponderEliminarLo de la almorrana lo has clavao. De ahí la mala leche. A mí me hace gracia. No te arrepentirás de leer a Gracián. A Torres Villarroel le leí en Salamanca, como corresponde. No solo fue matasanos sino que también analizó el ofició y lo dejó para el arrastre. Yo ya lo sabía, que al médico solo se debe ir cuando tienes las tripas afuera, o sea, a la desesperada. No hay profesión más peligrosa. Por cada uno que curan matan o hacen sufrir calvarios innecesarios a millones de personas.
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