De entre las pocas cosas cosas que me divierten en este mundo, aparte de las películas de Clint Eastwood, son las ruedas de prensa de Donald Trump. Me recuerdan a cuando Chuck Norris se apea del todo terreno y se pone a repartir las únicas explicaciones que entienden los necios. Digamos que se trata de economía en estado puro, que ya lo dijo no recuerdo quién, que no hay mayor consumo de energía que el que se produce cuando tratas de razonar con un discapacitado mental, o sea, alguien que interpreta el mundo por medio de su particular fe o religión... cosa que, no sé si se habrán enterado, pero es lo que predomina en el mundo hasta límites rayanos en la unanimidad. Si tu le dices a alguien que estás de acuerdo con Huerta del Soto cuando afirma que el Estado es el demonio, pueden pasar dos cosas: una, si te escucha un mindundi cualquiera te tomará por loco; dos, si lo oye uno cualquiera de los millones que viven a costa del Estado te señalará como enemigo público número uno y pondrá todos sus esfuerzos en tratar de abatirte. Porque hay fe para dar y tomar al respeto: nuestro bienestar lo debemos a la existencia del Estado. Y cuanto más Estado, mayor bienestar. Y si no piensas así, eres, sencillamente, inmundicia... que no es que lo diga yo, que eso es la que llamó el otro día el Coletas a una diputada de no sé qué partido político que se estaba resistiendo a la unanimidad a ultranza. En fin, baste con acordarnos de todos los que ardieron en la hoguera por decir verdades que incomodaban al poder en curso. Aunque, claro, siempre acaba por llegar un Galileo y entonces al poder se le pone el culo prieto y no le queda más remedio que echarse para atrás.
Pues sí, lo que está haciendo Donald no es más que enfrentarse a ese poder hegemónico que todo lo emponzoña. Y es en las ruedas de prensa donde mejor se escenifica esa lucha en la que antes o después, por simple lógica histórica, la razón se volverá a imponer por una temporada a la fe. La eterna guerra: razón contra fe; ciencia contra cultura; individuo contra rebaño; libertarismo contra socialdemocracia. Clint Eastwood contra el establishment, en definitiva.
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