viernes, 29 de octubre de 2021

Casandras

Príamo y Hécuba, reyes de Troya, tuvieron hijos para todos los gustos. El primogénito, Héctor, les salió bastante bien, aunque el chaval cometió el error de matar a Patroclo, el novio de Aquiles, justo en el momento en el que Aquiles estaba pasando de la guerra porque Agamenón le había quitado a Briseida, una bella troyana que le había correspondido como botín de guerra. Bueno, aquella gente es que era muy de los de pel davant i pel darrera. En resumidas cuentas, que Aquiles se colocó el casco y la armadura y se fue a por Héctor. No tardó en pillarle y matarle y, luego, arrastró sus despojos por todo el campo de batalla por ver si así conseguía aplacar la ira que le estaba consumiendo por haber perdido el novio. 

El segundo, Paris, les salió demasiado guapo para cosa buena. Fue de su afición a las faldas que le llegase la desgracia a toda la familia. No se le ocurrió cosa mejor que raptar a Helena la mujer de Menelao, el hermano menor de Agamenón, el rey más poderoso de toda la Hélade. Ya saben como acabó aquello, aunque antes de la derrota total a Paris le dio tiempo de vengar la muerte de Héctor: le acertó a Aquiles con una flecha en el talón que era el único sitio vulnerable que tenía debido a no haber sido sumergido en la sangre del dragón. Tengan en cuenta que por algún sitio le habían tenido que sujetar para que no se les ahogase en aquella sangre milagrosa. En fin, que Paris, como era un elemento de cuidado andaba siempre en tratos con el artero Hermes que, seguramente, fue el que le descubrió el secreto del punto vulnerable de Aquiles. 

Entre Héctor y Paris había una chica, de nombre Casandra, que debía estar tan de coge pan y moja que hasta el mismísimo Apolo se encoño de ella. Con sus más y sus menos se llegaron a arreglar, ella le entregaba su prenda dorada y él, a cambio, le concedía el don de predecir el futuro. Pero ya saben lo que pasa con los hombres, aunque sean sean dioses, que una vez metida y sacada empiezan a escatimar sus promesas. Así fue que, sí, le dio a Casandra el don de la adivinación, pero se lo recortó con la malévola condición de que nadie se iba a creer sus predicciones. Y así fue como Casandra perdió su prenda dorada a cambio de a andar toda la vida desesperada, porque ¿se imaginan mayor faena que avisar que viene el toro y que nadie te crea? Es como para volverse loca, que es como en realidad acabó Casandra y, por ende, todos los que ejercen de tal. 

Porque esa es la cuestión que siempre hay por ahí, y no te digo ya en YouTube, multitud de casandras largando negras premoniciones. Porque blancas, a quoi bon si eso ya lo hace todo el mundo a nada que se meta un chute de cualquier cosa. Así que una premonición para merecer ser tenida como tal tiene que ser negra o apaga y vamos. Y de negras, ya digo, en la actualidad tenemos para dar y tomar, porque es que, además, como que el ambiente lo pide. ¿Qué mayor consuelo para tanta esperanza frustrada que escuchar a alguien decir que todo se va a ir a la mierda? Porque en esas estamos, en una gigantesca montaña de esperanzas frustradas a causa de la educación que se viene recibiendo de un tiempo a esta parte. Ya saben, los padres adolescentes, los maestros socialistas y, para rematar, los abuelos que se encargan de ir a recoger a los niños al colegio. En definitiva, una conjunción de circunstancias que hace que estemos acolechados... que así decimos en La Montaña cuando alguien está sometido a la tortura incesante del miedo inducido. Negras y mas negras desde todos los frentes. ¿Y quién es el que sabe cuales de entre todas esas casandras que largan sin parar se han acostado con Apolo? Desde luego que la mayoría no. Son simples impostoras. Pero... 

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