domingo, 17 de octubre de 2021

Hacérselo mirar

 


Ustedes se han preguntado alguna vez de dónde saca la chiquillería esas adscripciones ideológicas tan radicales. Ustedes se han seguido preguntando sobre el porqué de esa infinita tolerancia ciudadana hacia la inmundicia que orla absolutamente todos los zócalos de la ciudad. 

Una pista les puedo dar sobre lo de la chiquillería: ¿han conocido ustedes un solo maestro de escuela pública que no sea furibundo socialista? ¡Pero hombre de Dios, si hasta los de las escuelas privadas tienen esa enfermiza propensión! Desde luego que nada que ver con Don Jaime, aquel maestro que me preparó para el ingreso de bachillerato. Don Jaime, cuando los críos se le ponían pesados les hacía bajarse las medias hasta los tobillos y luego les hacía correr en círculo alrededor de los pupitres mientras él, sentado en uno de ellos, les iba atizando en las piernas desnudas según pasaban con una vara de mimbre como la que llevaba Antoñito el Camborio cuando iba a Sevilla a ver los toros. Y así fue que tantos alumnos de Don Jaime llegasen a tener titulaciones superiores. Los chavales de aquella escuela rural sabían lo que valía un peine, que bien lo pude yo comprobar cuando les acompañaba en sus excursiones por el campo bajo la batuta de Don Jaime. Todo lo que les enseñaba era práctico, desde construir una grúa a medir una tierra. Y desde luego que en aquella escuela no se cantaba el Cara al Sol como ahora dicen que se hacía en las escuelas de aquel entonces. La única ideología, si así puede llamarse, que se impartía en las escuelas que conocí en mi niñez era la lectura de los pasajes de El Quijote de más fácil comprensión.

Lo de la inmundicia en los zócalos, pues más de lo mismo. ¿Conocen a un solo maestro de escuela que no sea un ferviente amante de los animales? Porque, vamos a ver, ¿cómo se puede ser buena persona si no consideras a los animales como semejantes a ti? O sea, uno más de la familia, como se suele decir, aunque en este caso a ese uno más, por razones que se me escapan, se le permita cagar y mear en la calle. Bueno, si es lo que quiere la mayoría... o es que acaso no vivimos en una democracia. Que pa demócratas los maestros. ¡Dónde vamos a parar!

En fin, no sé, pero para mí que esto de los maestros habría que hacérselo mirar. 

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