viernes, 8 de octubre de 2021

La lascivia

El mundo, desde luego, ya no es lo que era. Iba yo absorto en mis abstrusas cavilaciones, por decirlo de alguna manera, cuando me ha pasado una chica corriendo acompañada de un perro. Era por donde lo que dicen muelle Gamazo y todavía no había amanecido. Corría un viento fresco del nordeste. De repente, la chica se ha caído al suelo aparatosamente. Deduzco que se he enredado con la correa del perro o algo parecido. La podía haber ayudado, pero cuando la he alcanzado continuaba en el suelo masajeando una de sus tatuadas piernas y jurando como un carretero. ¡Que la den!, me he dicho, y he pasado de largo.   

Me resulta de lo más curioso esta costumbre de soltar tacos sin venir a cuento que se ha apoderado de muchas mujeres. Voy de paseo por aquí al lado de casa y escucho. Apostaría a que las mujeres sueltan muchos más tacos que los hombres. Sobre todo abusan de las expresiones que incluyen la palabra cojones como pivote. Suena raro, porque sería más lógico decir que no les sale de los ovarios. Pero se ve que los ovarios les parece  cosa  de poca enjundia.

No sé, pero a mí todo esto como que me desincentiva.  Precisamente ahora, cuando la señora ministro de la cosa ha presentado en el congreso de los diputados un proyecto de ley por la cual se pretende poner multas de hasta 60.000 euros a los tíos que miren con lascivia a las tías. ¿Cómo voy a mirar yo con lascivia, ¡que mira que tengo para dar y tomar!, a una tía que te suelta: ¡no me toques los cojones! Pues no, la verdad, no creo que vaya a ser necesaria esa ley porque, a este paso, con tanta malsonancia, hasta la jodienda va a tener enmienda. 

En fin, supongo que las cosas son así porque Dios, el de Spinoza, escribe recto con renglones torcidos. Es decir, que todo lo que desincentive la lascivia es bueno para la lucha contra el calentamiento global. Porque, al fin y al cabo, ¿qué es la lascivia sino calentamiento?  

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