Coincidiendo con el día de la fiesta nacional me llega un mensaje en el que se describen hechos ominosos acaecidos en una universidad catalana. Claro, yo de Cataluña me lo sé más o menos todo. Es que he leído unas cuantas veces hasta el final el Quijote. ¿Y qué se encuentra Don Quijote nada más llegar a Cataluña? Pues, en el countryside, bandoleros que campan por sus respetos y, en la city, chorizos que se enriquecen con cabezas parlantes... lo que no quita para que también la considere archivo de la cortesía, albergue de los extranjeros, hospital de los pobres, patria de los valientes, venganza de los ofendidos y correspondencia grata de firmes amistades. Sí, he vivido allí unos cuantos años y doy fe de todo lo que dice Cervantes. Allí mandan los bandoleros, eso sí, muy educados y efectivos.
Me hacen gracia esos estudiantes constitucionalistas que se sienten ofendidos porque los bandoleros les han roto el chiringuito. ¿En qué cabeza cabe ir de frente en tierra de bandoleros y de cabezas parlantes? A esa gente hay que abordarla de costado y ocultando las intenciones bajo siete velos. Pero claro, los que se dicen constitucionalistas son los que menos leen el Quijote y, si lo leen, los que menos le entienden. ¿Se imaginan hablarle a Don Quijote de constituciones? Pa constituciones, mis cojones, hubiera respondido.
Lo suyo, allá, es como aquello que decía Erasmo de los banquetes: bebes o te vas. Pues en Cataluña te compras un trabuco o una cabeza parlante o te vas. Es lo que hice yo, largarme. Imagínense, estar todo el día comiendo en restaurantes de lujo, viajando de cinco estrellas, recibiendo comisiones, etc., a cambio de tener tratos con los bandoleros de la industria farmacéutica... que también tienen algo de cabezas parlantes. Pero sí, si te agencias esos instrumentos puedes plantar allí el chiringuito en donde quieras que nadie vendrá a molestarte porque de inmediato te identificarán como uno de los suyos.
Así que, celebren todo lo que quieran los españoles la fiesta nacional que los catalanes com cal se lo pasarán por el forro. Porque el Quijote no engaña y hay lo que hay. Yo por mi parte soy partidario, perdonen la redundancia, de celebrar las nofiestas nacionales. Es lo mismo que el nocumpleaños que celebraban el Sombrerero Loco, la Liebre de Marzo y el Lirón, en los sueños de Alicia. Tiene la ventaja de que no sabes los noaños que cumples, lo mismo que con las nofiestas nacionales no sabes en qué país vives lo cual entre otras cosas te evita tener que colocar chiringuitos constitucionalistas en una universidad catalana.
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