domingo, 10 de octubre de 2021

El mentiroso está cojo

DW, la televisión oficial alemana, lo mismo que ese interminable ramillete de televisiones oficiales francesas, no paran de informar sobre lo desesperada que es la situación en el RU. Las consecuencias del Brexit, claro está. Sin embargo, mis hijas, que viven precisamente en Londres, nada han notado sobre el particular salvo lo de las colas de la gasolina. Por lo demás, hacen el habitual pedido al supermercado y se lo llevan a casa sin que falte nada. 

Es inevitable que cuando la gente se asusta empiece, como primera reacción de defensa, a decir mentiras. Y no cabe la menor duda de que hay canguelo en las altas esferas de la UE, es decir, en Francia y Alemania que son los grandes beneficiados del invento puesto que son los que más tienen para vender. Porque, en cierta medida, la UE tiene algo de mercados cautivos. Con toda esa burocracia de Bruselas regulando hasta a qué hora puedes lanzar los P2. Londres ya se fue y Varsovia tiene un pie fuera, por no hablar de las tensiones disgregadoras que crecen imparables por doquier. 

Pero todo esto, de puro sabido, ya aburre. Lo que quería resaltar hoy es la desfachatez con la que se miente con vistas a conseguir unos fines. Los fines y los medios: siempre nos dijeron que los unos no justifican los otros. Pues, la Sra. Merkel, el Sr. Macron, entre otros, se pasan por el culo esas menudencias. Atizan a sus perros mediáticos como si estuviesen en una competición per veure qui la diu més grossa, que diría un catalán. 

Y ahí está el punto y la gravedad de toda esta cuestión, que cuando més grossa es la mentira con más entusiasmo se la cree la gente. Y nadie está libre de pecado. En lo de creerse las mentiras, quiero decir. Nos las cuelan por todos los ángulos. Y es que el campo mediático está lleno de maradonas, messis y ronaldos que donde ponen la intención generan la credulidad. 

Por ponerles un ejemplo, ahí tienen a Lea Salomé que desde que la vi el día que inauguraron France 24 quedé prendado de su potencia comunicadora. Parecía algo limpio al servicio de la buena causa. Aunque quizá no fuese más que el erotismo que desprendía su afortunada figura. Pues bien, véanla hoy día transformada en perro dogo del poder en curso. ¡Cómo trata a los opositores en el plató! Y por contra cómo trata a los de su correa. Se ha convertido en un personaje nauseabundo. Pero no para todos. Tengan en cuenta que un setenta por ciento de los franceses se han dejado inyectar la droga de la verdad oficial. Y de ese setenta por ciento, un porcentaje muy significativo opina que a los no inyectados hay que pasarlos por la piedra. Es lo que tiene el saber generar credulidad, que en realidad lo que estás haciendo es fabricar talibanes. 

En fin, sea como sea, como nos solía decir  mi madre cuando nos pillaba en flagrante contradicción, antes se coge a un mentiroso que a un cojo. Y no te digo, ya, cuando se da la circunstancia de que el mentiroso además está cojo, cual es el caso que nos ocupa. 

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