jueves, 28 de septiembre de 2017

Nimiedades

Perdidos en la memoria, lejanos en el recuerdo, tengo los comentarios que escuchara un día a propósito de la moda que se iba imponiendo entre los señoritos de la capital de ir por la calle cogidos de la mano con sus novias también señoritas. Era un atrevimiento que muchos consideraban cursi. Hasta entonces, lo más, lo más, cuando el trato ya estaba cerrado, era que ella se cogiese del brazo de él siempre y cuando el brazo de él estuviese pudorosamente cubierto al menos por la manga de una camisa. Sin duda aquel contacto que no por leve dejaba de ser carnal anunciaba ya la inminencia del despelote que cuatro días después habría de señorear el mundo. 

Y en medio del despelote, que la chiquillería fuese o no cogida por la mano o por donde hubieren de menester para mejor apurar su deseo reprimido era ya cosa de la menor importancia. Lo único que se pedía ya era una cierta discreción cuando se pasaba a mayores. Una cuestión, por cierto, de muy difícil delimitación por aquello de que es imposible poner puertas al campo. En fin, en ello estamos y no hay nada más cutre que asombrarse de cualquier extralimitación al respecto, aún habiendo niños delante. 

Pues bien, como se suele decir, uno cree que lo ha visto todo en este mundo y de repente cae en la cuenta de que no. Vas por la calle y empiezas a ver algo que te choca. Esta moda que hay en Palencia, y no sólo en la capital, de que las parejas, de cincuenta o sesenta para arriba, vayan por las calles cogidas de la mano. Enamorados como quien dice. Es enternecedor y no me puedo explicar por qué procedimiento se ha llegado a tales procederes, valga la redundancia. Pienso que quizás lo promuevan los curas desde los púlpitos. Porque aquí se va mucho a misa. Pero también puede que contribuyan los que las malas lenguas dicen gomórricos viajes del imserso. No sé, da igual en cualquier caso, pero llama la atención igual que la llamó cuando empezaron los jóvenes. Así que lo único que nos queda ahora es esperar a ver si la cosa va a pasar a mayores como en aquel entonces y vamos a empezar a ver a los viejos retozando por césped de los parques. Estaría gracioso. 

2 comentarios:

  1. gomórricos viajes del inserso..muy bueno.Hace anhos,por cuestiones de trabajo,me tocó dormir en un hotel e playa valenciano,fuera de temporada y por eso lleno de ancianos del inserso...no te lo puedes imaginar cómo se las gastaban...,como dicen los alemanes poco ilusstrados.."Sodoma y Gomera"

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  2. Diría yo que se trata de la historia de un desquite. O del intento al menos. A los pobres les llegó la pilule cuando ya no la necesitaban. Pero, en fin, de ilusión también se vive.

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