Hoy viene en ABC un artículo sobre Franco de un tal Guy Sorman que lo podría suscribir al cien por cien. La transición política a la democracia fue tenaz y meticulosamente preparada por él, viene a decir. Pero también señala que hará falta que pase otra generación para que se puedan decir cosas así con naturalidad. Y es que, a nivel colectivo pasa lo mismo que al individual, que necesitamos hacernos viejos para tener perspectiva y aceptar los errores del pasado. Aunque, todo hay que decirlo, unos más que otros y, algunos, están tan enfermos, o son tan cortos, que no tienen salvación así vivan más que Matusalén. En fin, sea como sea, me alegro de que se empiece a airear lo que a mí me parece que es la verdad sobre este malhadado asunto que tanto consuelo ha proporcionado a los eternos perdedores... como diría Sostres, que ellos sigan pudiendo mientras nosotros sigamos teniendo.
Para serles sincero, como diría un vendedor de burros teñidos, o el mejor Felipe González, me importa una mierda todo este asunto de los eternos perdedores y su compulsiva necesidad de vivir instalados en la ficción. Lo único que quiero es vivir lo más alerta posible para salirme de ella tan pronto como me empieza a atrapar. En definitiva, quiero ser consciente de mis límites y, también, hasta qué punto los puedo ensanchar con las dotes que me proporcionó natura. No me quiero engañar, ni puedo con las Feynman Lectures ni consigo desentrañar con una mínima profundidad los misterios del número e. Llevo un año con esa matraca y después de los iniciales avances me encuentro con obstáculos que no hay dinamita que vuele. Entonces la única opción que me queda es dar marcha atrás para ver si es posible dar un poco más de consistencia a los fundamentos. Es el eterno drama del aficionado, que no empezó ni cuando ni por donde debiera haberlo hecho.
En resumidas cuentas que por mucho que lo desee no puedo interpretar partituras que sobrepasan el grado preparatorio, pero, ¡vive dios!, cómo disfruto cuando escucho una música que entiendo magistralmente interpretada. Y es que el caso es que me he topado con una sinfonía de nombre blackpenredpen que interpreta un chino de Berkeley con el mismo encanto que Lang Lang lo hace con las de Beethoven. Y en ello estoy, colgado del tema por ver si, ya que no ensanchar mis límites, por lo menos olvidarme por un rato de mi mísera condición... ¡apurar, cielos, pretendo!
No hay comentarios:
Publicar un comentario