Cojan, agarren y escriban dos números enteros, u y v. Porque el caso es ese que con dos números enteros cualesquiera se puede hallar un triángulo rectángulo en el que los catetos y la hipotenusa sean también números enteros. Es muy sencillo, pero claro está después de que alguien, utilizando los mágicos números complejos, diese con la fórmula para hacerlo: cateto uno (u^2-v^2), cateto dos ( 2uv), hipotenusa (u^2+v^2). Indiscutiblemente es un hallazgo que se diría necesitó de milenios de exprimir neuronas.Sin embargo, lo realmente curioso y sumamente interesante es que si lees te puede enterar de que en esa tablilla de la foto que fue esculpida hace cuatro mil años lo que hay en realidad son secuencias de números enteros que se corresponden con la fórmula de marras. Así que, perspectiva al canto porque venimos de lejos muy curtidos ya.
Así y todo, al respecto de la promoción de la lectura, incluidos los clásicos, por supuesto, que tanta expectativas levanta en los aprendices de ingeniero social, personalmente, cada día soy más escéptico. Cada día que pasa estoy más convencido de que en la naturaleza hay una sabia distribución de funciones. Así, pienso que se haga lo que se haga tanto para incentivar como para desincentivar la lectura siempre habrá más o menos los mismos porcentajes de personas que se apasionan con esa actividad. Y dentro de esa actividad en los diferentes niveles, que se puede estar toda la vida leyendo y a duras penas sacar algo en limpio. Por todo ello, yo lo dejaría estar. Que la gente vaya a su bola que es seguro que siempre habrá unos cuantos encargados de mover el mundo. Y el resto, la inmensísima mayoría, pues eso, a vivir sin perspectiva y tan felices. O es que acaso Dionisos no lo es mucho más que Apolo. Sobre todo si la felicidad se mide por el ruido que se mete.

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