domingo, 17 de febrero de 2019

Pulsiones y simpatías

Cuentan las crónicas que Brezhnev, el que fuera secretario general del Comité Central del Partido Comunista de la Unión Soviética, ¡uf!, por los sesenta, setenta, del siglo pasado, fue en cierta ocasión de visita de Estado a la Alemania del lado de acá del muro. Pues bien, por las razones que considerasen oportunas, los mandatarios alemanes le regalaron de entrada a Brezhnev un mercedes construido para la ocasión con todo tipo de lujos cuasi orientales. Viéralo el cejudo personaje y de inmediato se subió en él para probarle. Por lo visto ni cien metros pudo rodar el cacharro antes de convertirse en chatarra. El ilustre personaje iba borracho como una cuba. Pero no se arrugó a la vista de la chatarra. De inmediato exigió a las autoridades alemanas que le regalasen otro igual. No sé cómo acabaría aquello. Con la firma de algún jugoso contrato para los alemanes, supongo.

Bueno, la Unión Soviética se fue al garete no mucho después de aquel sintomático suceso. Es evidente que había allí unas pulsiones suicidas muy por encima de las habituales en cualquier lugar del mundo. Porque con eso, con las pulsiones suicidas que nos embargan a todos los humanos en determinados momentos de la vida siempre hay que contar. Conocerlas y saberlas identificar es el primer paso para no perder pie. Es, en definitiva, el arte de la prudencia, uno de los más difíciles y por lo tanto escasos. 

Les cuento esto porque a veces tengo la sensación de que esas pulsiones se han apoderado del entorno y nadie salvo Casandra es capaz de identificarlas. Lo sentí el otro día al escuchar por puro azar al todavía presidente Dr. Sánchez. Y lo siento por igual cada vez que veo la que me parece estulta sonrisa del no sé si también Dr., Sr. Cuadrado. Y así uno detrás de otro de los que se les supone cordura, que ya de los otros, como de las mujeres del tango, mejor no hay que hablar. 

Bueno, la gente se cansa de tanta sensación de estar siempre viviendo en un brete. Y ahora elecciones por partida doble. ¿No podían haberlo simplificado? Entre unas cosas y otras el gigante chino crece. Sobre todo en simpatías. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario