miércoles, 20 de febrero de 2019

Cansancio

En la historia de la humanidad han sucedido cosas que nunca nos pararemos lo suficientemente a pensar  en ellas para extraerlas todas las enseñanzas que contienen. Miren sino la actitud que tuvo la Iglesia Romana respecto de los descubrimientos de Galileo. Fue una actitud absolutamente cerril no sólo por equivocada sino también por vengativa. Y, a la postre, cuando ya era de dominio público la tremenda equivocación cometida, ¿en qué le afectó para mal ese cerrilismo? Ahí continúan hoy tan campantes plantandole cara a todo atisbo de racionalidad que cuestione sus arcaicas convicciones. Plantándole cara, claro está, porque saben los muy ladinos que las convicciones del populacho también son arcaicas por definición. ¡Ay, señor, a qué ímprobos trabajos nos condenas cuando nos exiges que vayamos adaptando nuestras convicciones al avance de nuestros conocimientos! No es ese pastizal en el que la chusma se pueda alimentar. 

Y en esas estamos y en esas estaremos. Y no por otra cosa es que cada día que pasa se agrande más a mis ojos el elogio a la vida retirada de Fray Luis, que también él supo por experiencia lo que es enfrentarse al cerrilismo de la Iglesia. De cualquier iglesia, diría yo, que nunca hubo en el mundo sinvergüenza sin luces que no corriese a apuntarse a una de ellas por puro instinto animal de supervivencia. ¿En dónde si no iban a encontrar esas gentes limitadas mayores posibilidades de medro personal?

En fin, ya estuvo bien. Así que en adelante: 


A la sombra tendido,
de hiedra y lauro eterno coronado,
puesto el atento oído
al son dulce, acordado,
del plectro sabiamente meneado.



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