Y en esas estamos y en esas estaremos. Y no por otra cosa es que cada día que pasa se agrande más a mis ojos el elogio a la vida retirada de Fray Luis, que también él supo por experiencia lo que es enfrentarse al cerrilismo de la Iglesia. De cualquier iglesia, diría yo, que nunca hubo en el mundo sinvergüenza sin luces que no corriese a apuntarse a una de ellas por puro instinto animal de supervivencia. ¿En dónde si no iban a encontrar esas gentes limitadas mayores posibilidades de medro personal?
En fin, ya estuvo bien. Así que en adelante:
A la sombra tendido,
de hiedra y lauro eterno coronado,
puesto el atento oído
al son dulce, acordado,
del plectro sabiamente meneado.
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