lunes, 11 de mayo de 2020

¡Anarquía vencerá!

En el eterno asunto de los cuernos siempre se dijo que el interesado es el último que se entera. La cuestión es que no solo pasa con los cuernos sino que más bien abarca todos los ámbitos de la realidad. Enterarse de qué va la realidad, es decir, el presente, es algo que escapa al común de los mortales y, eso, por mucho que las que se consideran mentes más preclaras del momento no paren de escarbar en él en un vano intento de desentrañarle. Me lo contaba mi abuelo, que cuando aquel cataclismo del 29 del siglo pasado, ese que hoy consideramos la madre de todos los cataclismos financieros, la gente pensaba que solo se trataba de uno más de los malos momentos de la historia. Nadie se percató de lo que se nos venía encima. Aunque, mejor sería decir, casi nadie. Hubo unos señores, concretamente en Austria, que lo vieron claro, aunque mejor sería decir que lo venían viendo claro desde que empezó la milonga socialdemócrata. Un tal Menger, otro tal Mises y, otro que tal bailaba, Hayek. Y unos cuantos más. 

Cien años han pasado y el común de los mortales sigue leyendo literatura para chachas y saliendo al balcón a las ocho a aplaudir a los héroes de nuestra sanidad pública. Me recuerda mucho a cuando la gente acudía en masa a las hogueras en las que se quemaba a los herejes a arrojar el palillo que llevaban entre los dientes al fuego; les habían asegurado que echar leña al fuego en tales circunstancia aseguraba la ganancia de una indulgencia plenaria. Algo así como un sueldecillo de por vida. ¡O sancta simplicitas!

Bueno, sabido es que, si por un lado, no hay mal que cien años dure, por otro, es mejor dejar a los enemigos en la muerte que pedir a los amigos en vida... es lógica de Lozana, es decir, de espíritu libre. O sea, cualquier cosa antes que andar por la vida en plan empatizar y tal. Ya saben, recogiendo sellos y papel de plata para mandar a los negritos y chinitos. Ellos, los pobres, que tuvieron tan mala suerte al nacer con ese color. 

Ya lo dijo aquella inolvidable folklórica de nombre María Jiménez, que el no follar se va a acabar. Y también, podía haber añadido, el balar como corderitos cuando pasa por delante el tirano de turno. En adelante, todo lo que se pueda hacer para desmontar el actual Estado de Sitio será el único camino posible de salvación. Ni sanidad pública, ni educación pública, ni nada de nada que sea público. Ni siquiera las mujeres. Todo, absolutamente todo, privado y en red para que si falla uno te puedas acoger a otro. En fin, que ya va siendo hora de que luz austriaca de fines del XIX y principios del XX empiece a ocupar el lugar que le corresponde por derecho propio. ¡Viva la anarquía!

2 comentarios:

  1. a mí la que me gustaba,de las folclóricas,era una que llamaban la Contrahecha" ,que estaba por cierto ,como un tren de cercanías(SAbina).esto del aborregamiento es lo que trae.Y si no,díselo al Coletas,que se le está poniendo el culo gaseosa .

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  2. Bueno, esto de las folkloricas son palabras mayores. Hay alguna película de Lola Flores, cuando andaba con Manolo Caracol, de las que quitan el hipo. También la Pantoja en un capitulo de Curro Jimenez es cosa para maravillarse. Respecto al culo gaseosa del Coletas me parece que se lo va a pegar a toda su cofradía.

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