Contemplo con enorme satisfacción como un grupo de vecinos obsequian con una cacerolada al Marqués de Galapagar. ¡Oye, que lo de ser inciviles está al alcance de cualquiera! ¡Pues qué te habías creído! Porque el caso es que aquí se había tenido mucha paciencia con los zurdos, pero puede que de ésta eso se esté acabando. Vi el otro día al citado Marqués tachando de inmundicia, así, tal como suena, a una diputada que le había recabado una determinada información. Un vicepresidente del gobierno de la nación insultando de tal forma a un oponente desde la tribuna del Congreso de los Diputados, por así decirlo, el sancta santorum de la patria. Y eso no fue todo; añadió que a la gente como la mentada diputada, el pueblo, o sea, los esbirros del Marqués, les iban a expulsar de España tal y como hicieron el siglo pasado. No lo entendí, la verdad, porque si alguien fue expulsado con el rabo entre las piernas de este país el siglo pasado fueron precisamente los que pensaban justo como ahora piensa él. Sí, sin duda este muchacho está metido en un buen lío. Una vez que el personal pierde el respeto al tirano, ¡pobre del tirano! Entonces es más que probable que sea la misma chusma que antes le jaleaba la que arrastre su cadáver por las calles. ¡Y qué le vamos a hacer si el mundo es ansí!
El problema que tienen ahora todos esos descerebrados que camparon por sus respetos durante el último siglo es que la competencia se les ha subido a las barbas. El País, Le Monde, New York Times, CNN y demás tribunas hasta ahora incuestionables, van quedando ya en pasto para vejetes nostálgicos de un mundo light. ¿Se acuerdan del éxito que tenían por entonces todos los productos ligth? Todo tenía que entrar con vaselina. Hasta el aprender se tenía que hacer jugando. ¡Más tontos y no nacemos! En fin, que veo ahora a, un suponer, el abuelo Gabilondo cantando una de sus milongas y ya no me irrito ni nada, al contrario, me invade una ternura que me dan ganas de abrazarlo. ¡Por Dios bendito, qué gente! Se diría que más que en la tierra ya llevan muchos años en el cielo a la diestra de Dios Padre. Porque de siniestra nada. Si ha habido en el mundo una gente a la que los pobres les hayan importado una mierda, esa han sido esos paladines de la corrección política, es decir, viva yo como Dios y a los demás que me la chupen.
Sí, las cosas importantes de este mundo transcurren con lentitud, pero, también, imparables. Marx y Keynes están siendo derrotados sin paliativos por Von Misses y Hayek. El primer paso, el de la Academia, ya está prácticamente ganado. Y a partir de ahí ya podemos suponer lo que va a pasar. Jóvenes generaciones de economistas empezarán a difundir a los cuatro vientos la buena nueva y, poco a poco, el mundo irá despertando de esta pesadilla de sumisión al Estado.
Porque ese es el meollo del asunto, el Estado. ¿A qué nos estamos refiriendo cuando decimos Estado? Se lo diré, a tipos como El Marqués de Galapagar y legiones como él, viviendo del cuento, es decir, sangrando los bolsillos de las personas que se ganan la vida con el sudor de su frente. La misma jugada de siempre, en definitiva: una minoría opresora imponiéndose sobre la mayoría sumisa... hasta que a esa mayoría se le inflan los cojones y decide ponerse a escuchar otro tipo de músicas. Y ya saben que las músicas nuevas, por definición, traen anhelos de libertad. Bueno, yo no lo veré, pero moriré con la convicción de que las siguientes generaciones se tendrán que inventar nuevos problemas para dar sentido a sus vidas porque estos que tenemos ahora con los marqueses galapagareños están a punto de pasar a mejor vida.
con un par!!
ResponderEliminarSabes que en Madrid hay una cadena de zapaterías que se llama Con un par.
ResponderEliminarpues no..pero ingenioso,Querido Pedro
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