viernes, 30 de septiembre de 2016

A Don Pedro Cabezudo, in memórian


Andaban por allí Andrenio y Critilo escuchando las severas leyes que mandó promulgar Vejecia por todo el ancianismo, que para unos fueron favores, si rigores para otros.

Subido en lugar eminente, el Secretario intimó desta suerte:

<<Primeramente, que no sólo puedan, sino que deban decir las verdades, sin escrúpulo de necedades, que si la verdad tiene muchos enemigos también ellos muchos años y poca vida que perder. Al contrario se les prohíben severamente las lisonjas activas y positivas, esto es, que ni las digan ni las escuchen porque desdize mucho de su entereza un tan civil artificio de engañar y una tan vulgar simplicidad de ser engañados.

>>Iten que den consejos por oficio, como maestros de prudencia y catedráticos de experiencia; y esto, sin esperar que se les pidan, que ya no lo practica la necia presunción. Pero, atento a que suelen ser estériles las palabras sin las obras, se les amonesta que procedan de modo que siempre precedan los ejemplos a los consejos. Darán su voto en todo, aunque no les sea demandado, que monta más el de un solo viejo chapado que los de cien moços caprichosos. Dirán mal de lo que parece mal, mucho más de lo que es malo, que esto no es murmurar sino hacer justicia; y lo que en ellos sería recatado silencio, entre la gente moça passaría por declarada aprobación.

>>Iten más, se les permite olvidarse de las cosas, que las más del mundo son para olvidadas. Podrán entrarse libremente por las casas ajenas, acercarse al fuego, pedir de beber, alargar la mano al plato, que a canas honradas nunca debe haber puertas cerradas. Permítaseles el encolerizarse tal vez con moderación, no dañando a la salud, por cuanto el nunca enojarse es de bestias.

>>Iten que puedan hablar mucho, porque bien; aun entre los muchos porque mejor que todos. Súfreseles el repetir los dichos y los cuentos, que tantas veces agradan y otras tantas enseñan, hiriendo de casera filosofía. Cuiden de no ser muy liberales, atendiendo a que no les falte la hacienda y les sobre la vida.

Y así, por esta intimación que me impone Vejecia es que me veo obligado a no callar una ni ninguna. Que, por edad, de todo tengo opinión y a buen seguro muy atinada. Les cuento:

Tal y como yo veo las cosas, en el cómputo general de la política la parte que corresponde a los, por así decirlo, profesionales de la política es bastante irrelevante. Porque política hacemos todos para que la nave vaya. Y política con mayúsculas. Imagínense la que se habrá tenido que hacer para poner de acuerdo a miles de ganaderos, agricultores, industriales, etc., y así dar nacimiento a AGROPAL. Si no hubiesen existido auténticos líderes como, por poner un ejemplo, D. Pedro Cabezudo, un veterinario de pueblo, nunca se hubiesen llegado a desarrollar esos proyectos de progreso y bienestar. Porque el caso es ese, que la sociedad está llena de liderazgos políticos anónimos que armonizan voluntades y contribuyen en grado superlativo a que podamos enorgullecernos de lo que somos: una sociedad bollante.

Entonces, me dirán, por qué esa pequeña parte de la política acapara casi todo el interés mediático y la gran política apenas ocupa unas líneas. Pues muy sencillo, cuestión todo de la garra del espectáculo que da cada una de ellas. La gran política, trabajo, estudio, trabajo, es un aburrimiento de muerte para contada. Para vivida supongo que es otra cosa, pero eso a efectos mediáticos no cuenta. Sin embargo la política de las pequeñas cosas, la de los políticos profesionales, es enormemente literaria porque por medio de excusa interpuesta, la ideología y tal, se enfrentan intereses que tienen que ver con la supervivencia. Los que ganan se comen todo el pastel y los que pierden a comerse los mocos. Y así a nadie puede extrañar que del debido control al adversario que manda se pasé sin solución de continuidad al odio al enemigo.  Y ya tenemos ahí el duelo de pasiones. Se empieza llamando a alguien incompetente y se acaba llamándole ladrón o incluso hijo de puta. Lo que sea con tal de ir inflando el globo de la superioridad moral que es lo que teóricamente da los réditos. Porque se supone que la gente prefiere que organicen las pequeñas cosas colectivas las personas de mayor fuste y para ganar en eso más que construir el propio hay que destruir el del competidor. Así, una guerra a muerte, espectáculo garantizado para la chusma.

Sí, así es, todo mentira, todo ficción. Ni existen ideologías diferentes ni superioridades morales. Lo único que existe es la lucha por esos sueldos de la administración que en vez de adquirirse por oposición, o sea, estudiando, se consiguen embaucando al personal mejor que los competidores. Si tú les ofreces veinte, yo cuarenta y de paso el paraíso en el mismo paquete. Ya puestos, a ver si cuela y me votan más que a ti. Un oficio, en definitiva, para truhanes en el mejor de los casos y en el peor para vagos con aspiraciones. Menos mal, como les digo, que apenas pintan nada. Aunque a veces como espectáculo ni tan mal.

miércoles, 28 de septiembre de 2016

Por los míos mato


En las conversaciones mañaneras en La Cañía no suele tener gran protagonismo la actualidad política. Lo más, lo más, alguna frase con pretensiones de ingeniosa por su sintetismo malicioso. Somos gente ilustrada y por eso sabemos que todos esos relatos periodísticos rebosantes de trascendencia son puro alarde de la nada. Maniobras distracción para que el pueblo llano pueda tener una cierta sensación de protagonismo: podemos cambiar el mundo… y un jamón con tres chorreras. Pero hoy, por lo que sea, hemos dado en redundar sobre la figura trágica que, al decir de muchos, tiene paralizada a España, lo cual, por cierto, es mucho decir a juzgar por lo que vemos. El tío, mandamás de un partido político, pierde elección tras elección, pero no se quiere ir. Y en el entretanto ni come ni deja comer al amo. Está aferrado con uñas y dientes al puesto que casi todos consideran que le viene supergrande. Por así decirlo, si creyésemos lo que dicen prácticamente todos los comentaristas políticos, es un tapón que está impidiendo la libre circulación de los gases inherentes a una pesada digestión, la de la crisis de turno con su estela de populismos redentores.  

Pues bien, y por qué no se va el tipo. Han corrido diversas opiniones, predominando sobre todas las que hacían referencia a su lamentable coeficiente mental. Craso error, he opinado yo, el tipo no se va ni con agua hirviendo porque los quinientos o mil paniaguados a los que ha colocado en puestos bien pagados enfrían el agua y le agarran por los cojones para que no se mueva. Si se va él se van todos, los quinientos o los mil que no tienen por lo general donde caerse muertos. Y ese es todo el asunto. Y se lo traigo a colación, no porque me interese un rábano, que no, sino por darse la curiosa circunstancia de que ojeando un artículo periodístico me encuentro con el siguiente párrafo, confirmación inequívoca de mi tesis:

“Le ha contestado Verónica Pérez, mano derecha de Susana Díaz, secretaria general del PSOE de Sevilla, "harta" de derrotas. Ella siempre ha ganado, aunque para eso haya hecho el sacrificio de no acabar una carrera, concejala desde los 20 años. Tan parecida a Susana. Ni Pedro Sánchez ni ella ven que el problema de fondo del partido es haberlo llenado de dirigentes sin profesión a la que regresar.”

Sin profesión a la que regresar y yo por los míos mato.

martes, 27 de septiembre de 2016

Fractales


Salgo a la calle y justo a dos metros del portal hay un mendigo. Es un chico joven, mejor vestido que yo, con el pelo cortado de diseño. Diez metros más allá, una señora por los sesenta, un aire de familia bien, con el pelo cano y una vestimenta perfectamente combinada, también pide. Veinte metros más allá, es un señor alto como una torre y perfectamente vestido. Cocinero gallego sin trabajo, reza su reclamo. Por no hablar del que se pone en la escalinata del auditorio, en su veintena, de dos metros para arriba, con sus múltiples pierçings, su gigantesco perro con bozal y siempre fumando porros y bebiendo cartones. Sí, hay demasiados mendigos en la Calle Mayor y ninguno tiene pinta de venir de la miseria estructural. Simplemente, pienso, es gente escasamente dotada por la naturaleza que ha hecho de la necesidad virtud. Y claro, ellos seguramente no lo saben, pero el servicio que prestan a toda esa gente que necesita que su mano izquierda se entere de lo que hace la derecha, es inestimable. Mayormente se trata de señoras añosas, pero también algún señor que seguramente fue compañero de colegio del mendigo, o acaso de francachelas en los años mozos. La pequeña ciudad es un pañuelo. Es, en fin, como si todo quedase entre los de casa, que nadie es más que nadie y cada cual representa su imprescindible papel.

Todo, pensamos, tiene su explicación. Lo de los mendigos también. Lo mismo que el movimiento de un grano de polen que flota en una superficie líquida. Alguien descubrió que los líquidos, igual que los gases, están compuestos de moléculas sueltas que andan siempre de aquí para allá, aumentando su locura en función del ascenso de su temperatura. Si por el camino se topan con algo, como el famoso grano de polen, lo hacen ir de aquí para allá. Imposible de predecir su dirección por mucho que la matemática moderna con su milonga de los fractales pretenda cierta lógica.

Los fractales, el efecto mariposa, las predicciones metereológicas, nuestro propio devenir, ¿qué sentido habría de tener la vida si llegásemos a ser capaces de predecirlo todo? Sería, supongo, como vivir suicidado. Y sin embargo no hay nada en lo que pongamos más empeño. Como si la meta de la vida, el remedo de la felicidad, fuera conseguir que nada te sorprendiera nuca. La gran milonga de la seguridad, que es la de los fractales y viceversa. Misión imposible, porque el caso es que, como las moléculas en un líquido o gas, a lo loco se vive mejor:

“-¡Entrad aquí, no teneis que mediros, que todos somos locos, los muchos y los pocos!

Tomáronse la honra, que en la tierra de los necios el loco es el rey, y guiados por su gran hombre entraron allá. Vieron como los demás andaban, pero no discurrían, cada uno con su tema y algunos con dos, y tal con cuatro. Había caprichosas opiniones, y cada uno celebraba la suya: el uno de entendido, el otro de dezidor, este de galán, aquél de bravo, tal de linajudo y cual de afectado; de enamorados, muchos; de descontentos de todo, algunos; los graciosos, muy desgraciados; los dexados, muy fríos; los porfiados, insufribles; los singulares, señalados; los valientes, furiosos; los muy voluntarios, fáciles; los encarecedores, desacreditados; los tiesos, enfadosos; los vulgares, desestimados; los juradores, aborrecidos; los descorteses, abominados; los rencillosos, malquistos; los artificiosos, temidos. Admirado Andrenio de ver tan trascendente locura, quiso saber la causa, y dixéronle:

-Advertí que esta es la semilla que más cunde hoy en la tierra, pues da ciento por uno, y en partes a mil: cada loco hace ciento, y cada uno de estos otros tantos, y así en cuatro días se llena una ciudad. Yo he visto llegar hoy una loca a un pueblo y mañana haber ciento imitadoras de sus profanos trages. Y es cosa rara que cien cuerdos no bastan a hacer cuerdo un loco y un loco vuelve orates a cien cuerdos. De nada sirven los cuerdos a los locos; estos si hacen gran daño aquellos: es en tanto grado que ha acontecido poner un loco entre muchos y muy cuerdos, por ver si se remediaría, y como en todo cuanto hablaba y hacía le repugnaban, comenzó a dar gritos, diziendo que le sacasen de entre aquellos locos si no querían que perdiese el juicio en cuatro días. “

lunes, 26 de septiembre de 2016

Ampudia, patria querida





Hace poco más de un siglo los niños de Ampudia hicieron la primera comunión. Luego posaron para una foto conjunta. Ni una risa, mucho ceño y con lo brazos cruzados, como cuando se está enfurruñado. Y con esa escarapela algunos, como de graduados en Harvard. Supongo que los críos se pusieron como les mandó el cura, o el maestro, o el fotógrafo, o sus padres. Porque hay que dar al mundo una imagen de seriedad, de solvencia, incluso con un punto de fiereza. En cualquier caso los niños parecen todos ellos bien alimentados que no en vano Ampudia está en uno de los más importantes graneros de España. 

En Ampudia hay un museo curioso en el que entre otras muchas perlas hay una colección de fotografías de la primera mitad del siglo pasado. No tienen desperdicio. Puedes pasarte allí una hora contemplándolas con la sensación de haberte subido a la máquina del tiempo. El número de detalles históricos que puedes extraer es casi infinito. Desde luego que si los dos fotógrafos locales en vez de Ampudia hubiesen retratado un pueblo de Ohio a estas horas serían mundialmente conocidos. Es lo que tiene estar a la hora y en el lugar preciso, que por hacer lo mismo, e incluso mucho peor, se reconoce el mérito de la singularidad a lo que es bastante común. Porque, supongo, millones de pueblos estarán fotografiados, aunque pocos, y en eso reside el mérito, hayan conservado los negativos cual ha sido el caso de Ampudia. 

Cien años, una eternidad a primera vista. Aunque después, bien pensado, caes en la cuenta de que lo único que cambia es la costra. Cae una y la piel de debajo aparece rosada, con aspecto de fragilidad y de necesitar ser cubierta por algo que la proteja: una nueva costra. Y así va el mundo, de costra en costra sin que lo que hay debajo se inmute. Lo de debajo, la condición animal, lo de perpetuar la especie impulsados por los instintos, o sea, tontería tras tontería.

No, no creo que los que vivan dentro de cien o mil años vayan a ver cosas que en esencia sean muy diferentes a las que estamos viendo hoy. Porque las pasiones serán las mismas y los niños seguirán haciendo algún tipo de primera comunión para dejar constancia de su entrada en el mundo de los bárbaros. De ahí la imagen de enfurruñamiento que tan bien expresa la foto que les muestro. Bueno, hoy día se da a los niños una imagen angelical, pero ya lo dice la sabiduría popular: fíate de la Virgen y no corras... Estamos en las mismas.   

domingo, 25 de septiembre de 2016

Plaza Mayor

En realidad, por muchas vueltas que le des en busca de soluciones para el mal dormir, resulta que sólo hay una verdaderamente efectiva: el pegarte una paliza el día anterior. Es lo que hice ayer que, después, todo fue meterme en la cama a las diez y media y caer en coma hasta la cinco o así que me he despertado sin ni siquiera uno de esos puñeteros dolores que me suelen acompañar en los cotidianos despertares después de una noche de vueltas y revueltas. Quizá es que nuestra naturaleza, en origen, esta hecha para eso, para cansarse como paso previo al ir a descansar. Parece lógico que así sea y, se lo aseguro, funciona. 

El caso es que ayer por la mañana soplaba una brisilla de sudoeste que aunque no mucho algo nos ayudó a subir al páramo que hay entre Palencia y Astudillo. Eran casi las dos cuando llegamos allí con la intención de comer. Pero no había dónde. Acababan de ser las fiestas y los dos restaurantes del lugar estaban cerrados por vacaciones. Así que por los pelos pillamos abierto el supermecado local. Compramos pan, chorizo, queso y fruta y nos fuimos a la plaza de picnic. En un banco a la sombra desde el que se controlaba todo el glacis montamos la tienda. La verdad, mucho mejor que en el mejor restaurante. Con todo aquel espectáculo de familias despreocupadas y los numerosos y todavía estirados invitados a una boda que se celebraba en aquellos momentos en la iglesia adyacente. Ni que decir tiene que a medida que iba pasando el tiempo y las cervezas caían el estiramiento de aquella concurrencia fue tomando aires de francachela. 

Se lo he dicho muchas veces, para mí la superioridad de Castilla sobre cualquier otra región de España estriba sobre todo en la calidad de sus plazas mayores. Parecen todas diseñadas por genios. El pueblo se solaza y convive en ellas con una naturalidad rayana en la perfección. Todo cabe en ellas. El café de los señoritos y el rincón de los porreros. El banco de las comadres y el podio del bufón que nunca falta. Y los niños, claro está, que andan por allí en estado de naturaleza, es decir, de cuando antes de que el contrato social impusiese el miedo en el mundo. 

Total que la gente se fue retirando, los unos a sus casas a comer y los invitados al lugar de su celebración. Tuvimos curiosidad y les seguimos para ver de que iba la cosa porque en Astudillo no hay hotel o cosa por el estilo para acoger tales eventos.  Resultó ser en una era donde habían plantado una carpa a la que se accedía por un arco triunfal levantado a base de pacas. Entre la disposición de las pacas y una ruina de adobe en un flanco de la era el cuadro resultaba francamente singular. Pasamos de largo y fuimos a buscar un lugar para la siesta. No tardamos en encontrar dos bancos solitarios y a la sombra. 

Por la tarde la brisilla favorecedora de la mañana se había convertido en franco viento que nos atizaba de plein fouet al avanzar. Así los treinta kilómetros del recorrido se convirtieron en sesenta o acaso más. Pero todo se supera con tesón. Aunque acabes reventado. Çe la vie.

viernes, 23 de septiembre de 2016

Vexecia

Andaba ya Andrenio en la cumbre de la edad varonil y Critilo descaesciendo cuesta abaxo de la vida y aun rodando de achaque en achaque. Íbales convoyando aquel varón raro, muy de la ocasión que tan pronto se estiraba y convertía en gigante y por el otro extremo cuando a él le parecía, se volvía a encoger y se empequeñecía de modo que parecía pigmeo en lo poco y un niño en lo tratable. Andrenio estaba otónito de ver una virtud tan variable. Que tengo por blasón, les decía, perdonar a los humildes y contrastar los soberbios. 

Este, pues, hombre por extremos, les desengañó de ir a la corte de la grandeza donde querían para conseguir su alejada felicidad y les instó a ir a la astuta Italia, ofreciéndoles su compaña hasta los Alpes canos, distrito ya de la sonada Vexecia. "Y porque me empeñe -dezía- en mostraros el señorío verdadero, saber que no consiste en mandar a otros, sino a sí mismo. ¿Qué importa sugete uno todo el mundo, si él no se sugeta a la razón? Y por la mayor parte, los que son señores de más, suelen serlo menos de sí mismos, y tal vez el que más manda más se desmanda. El imperio no es felicidad sino pensión (carga), pero ser señor de sus apetitos es una inestimable superioridad. Asegurós que no hay tiranía como la de la passión, y sea cualquiera, no hay esclavo sugeto al más bárbaro africano como el que se cautiva de un apetito.¡Cuantas veces querría dormir a sueño suelto el necio amante!, y dízele su pasión: <<¡Quita, perro, que no se hizo para ti ese cielo, sino un infierno de estar suspirando toda la noche a los umbrales de la desvanecida belleza!>>... ¡Eh!, que no hay en el mundo señorío como la libertad del coraçón: eso sí que es ser señor, principe, rey y monarca de sí mismo. Esta sola ventaja os faltaba para llegar al colmo de una inmortal perfección; todo lo demás habíais conseguido, el honroso saber, el acomodado tener, la dulce amistad, el importante valor, la ventura deseada, la virtud hermosa, la honra autorizada y, desta vez, el mando verdadero."

Es el mito de Proteo: no otra cosa es el mando verdadero. Saber adoptar la forma que más conviene a cada situación. Es decir, tener el control perfecto de las pasiones o, más difícil si cabe, de las emociones. Lo que nos aconseja Pessoa, en definitiva, para cambiar el mundo, cambiarse a sí mismo, que esa tarea, dice, te llevara toda la vida. O sea, que sólo de la vejez, la sonada Vexecia, se puede esperar algo sino de felicidad sí de sosiego. Siempre y cuando, claro está, hayas pasado la vida acompañando y escuchando con atención a los viejos amigos muertos. Y a los vivos, por supuesto. 

jueves, 22 de septiembre de 2016

Relaja la raja II

La casualidad ha querido que cayese dos o tres veces en el programa dedicado a la familia Kardashian y que las dos o tres veces quedase enganchado. Al final, he llegado a pensar que quizá este programa sea de lo poco que merece la pena ver en televisión. Porque no puede ser por nada que una cosa en apariencia tan tonta haya adquirido esa resonancia internacional y que, además, no vaya siendo ya cosa de dos días. Y es que por lo que he podido inferir de mis cortas incursiones esta gente se dedica a una especie de pedagogía de costumbres lo cual no es otra cosa que el papel que sociedad asignó durante los siglos pasados a la aristocracia. 

Antes de ayer, por ejemplo, en el poco tiempo que permanecí atento escuche dos perlas que me encantaron. La primera estaba dedicada al valor sentimental que solemos dar a los objetos materiales. La jefa de la familia decide que todo eso que tienen en casa, en apariencia valioso, no es sino basura que ocupa espacio, no sólo en la casa sino también en las mentes. Entonces decide organizar una venta con fines benéficos en el jardín de su casa. La hermana pequeña lo lleva muy mal y trata de impedir la venta de algunas cosas. Así que su hermana que la pilla con las manos en la masa le explica la chorrada que es darles valor sentimental y, para rematar, le suelta un "relaja la raja" que es todo un tratado de psicología, porque no nos engañemos, la inmensa mayoría de las cosas sin sentido, como acumular balumba, que hacen los mortales no tienen otra causa que la tensión acumulada en la raja por ausencia de un adecuado uso. Ya saben que América. otra cosa no, pero psicoanálisis por un tubo desde el mismo momento en el que Freud desembarcó en New York y, al ver el recibimiento que le hacían, les dijo: si supierais lo que os traigo no estaríais tan contentos. De hecho, de aquel desembarco se deriva no poco de la magia del cine de Holywood y de la madurez de aquella sociedad, sin duda la mayor del mundo por mucho que les duela a los socialdemócratas europeos. 

La otra perla hacía referencia a la obesidad de uno de los miembros de la familia. También en clave psicoanalítica. La obesidad no tiene desde luego una causa genética sino sencillamente un estar mal en la vida que trata de paliarse comiendo. El tipo además de obeso estaba lleno de tatuajes. ¿Y por qué se tatuaba? Porque cada vez que se miraba en el espejo y se sentía fatal acudía al tatuador. Ya se sabe, con tal de no agarrar el toro por los cuernos uno hace la tontería que sea para tener la sensación de que está haciendo algo liberador. Entonces van al tatuador porque es lo que está de moda. La moda que no se sustenta en otra cosa que en la gente que no se siente a gusto consigo misma. La falta de autoestima en definitiva que asola a todas esas gentes que a causa de una mala educación tiene la voluntad por los suelos. En fin. 

martes, 20 de septiembre de 2016

Relaja la raja

El alvia a Madrid parecía por lo lleno uno de aquellos trenes de cuando "vente a Alemania Pepe". Hasta los lavabos habían sido acondicionados a tal efecto, tan intransitables estaban. Ya, esperando en la estación, me había sorprendido el gentío con aquellos maletones y los carritos que se han puesto de moda para llevar la balumba de la playa. ¡Que no farte de na! Jubilados mayormente que se dirigían a Alicante a apurar el veraneo. Luego, también, todas aquellas caribeñas con sus uñas de rapaz y sus enormes culos a lo Kardasián. ¡Relaja la raja, nena! La del otro lado del pasillo se colocó tantas veces y con tanto desparpajo la goma de su enorme cola de caballo que en una de esas le atizó al que venía enfrente de mí con toda la masa peluda en la jeta. ¡Uy, mi amol, perdona! No pasa nada, gran sonrisa. Las caribeñas se bajaron todas en Madrid. Difícil seguirlas el parcours

Y todo ello un martes veinte de septiembre. Temporada baja ya como quien dice. Así, con tal actividad, que tiemble la deuda pública; en cuatro días la saldamos. 

Por lo demás, Madrid, justo en su punto. Con una brisilla acariciadora que dejaba el aire más transparente si cabe. Sin aglomeraciones ni malos rollos evacué todas mis consultas sin la menor dificultad. Hasta me dio tiempo a tomar una caña con mi hermana-¡cómo saben tirarlas en Madrid!- y echar una parrafada con mi vecina del metro a propósito del rumano que iba retorciéndose por los pasillos. Esto ya pasa de castaño oscuro, me dijo. Y es que ni siquiera a mí me daba el pego. Mal asunto, pensé, para los populismos cuanto el arte de mendigar baja a semejantes cotas. De la tragedia a la comedia, a final todo son risas y votos para los escépticos.  

lunes, 19 de septiembre de 2016

Rastrojos


El aire se serena y viste de hermosura y luz no usada, que diría Fray Luis, cuando pedaleas por los alcores una mañana del tardoverano. La tierra, vestida de rastrojo, duerme a la espera de que la reja del arado venga a prepararla para que acoja a Perséfone por otros seis meses. Es por el trato habido con Hades cuando Perséfone se comió seis granos de granada. Cumplido el plazo, con los buenos oficios de Hermes, volverá a reunirse con su madre Demeter y todo será alegría. El mar de espigas se ondulará al viento mientras va rotando del verde al oro. Entonces, llegarán del sur las cosechadoras y empezará el festín. El ciclo de la vida se cierra. 

Sí, comprendo que esos paisajes verdes con montañas al fondo son bellos, pero, como dijo el poeta, donde no hay artificio, la naturaleza toda se pervierte. Y el único artificio de esos idílicos paisajes es el engaño de la segunda vivienda. Nada productivo allí se encierra salvo la ilusión de calmar la angustia inherente al ocio contemplando las supuestas maravillas naturales. Una verdadera patochada. 

No, a mí no me engañes más. Dame paisajes productivos y a la hora de comer siéntame en la mesa de los segadores que vinieron de Andalucía a hacer su agosto. 

En fin, Dios nos libre de esas casitas en la costa donde los señoritos matan el tiempo haciendo recuento de sus males. Y por la noche, a cenar otra vez en un restaurante del puerto, como quien va a picar piedras. ¡Qué le vamos a hacer si el petit bourgeoi se lo traga todo!

sábado, 17 de septiembre de 2016

Perinquinosos peros

"Al punto dixo Critilo: Este Ciego ha de ser nuestro guía, que sólo los ciegos, sordos y mudos pueden ya vivir en el mundo.Tomemos esta lición, seamos ciegos para los desdoros agenos, mudos para no zaherirlos ni jactarnos, conciliando odio con la murmuración en la recíproca venganza; seamos sordos para no hacer caso de lo que dirán. 

Con esta lición pudieron pasar; por lo menos fueron pasaderos, con admiración de muchos y imitación de pocos.Entraron ya por aquel celebre emporio de la honra, poblado de magestuosos edificios, magníficos palacios,... que cuestan mucho de erigir, pero después eternamente duran. Repararon luego que todos los texados de las casas eran de vidrio tan delicado como sencillo, muy brillantes, pero muy quebradizos; y así pocos se veían sanos y casi ninguno entero. Descubrieron presto la causa, y era un hombrecillo tan no nada que aun de ruin jamás se veía harto; tenía cara de pocos amigos... aliento insufrible, señal de entrañas gastadas. Tomaba de ojo todo lo bueno y hincaba el diente en todo lo malo. El mismo se jactaba de tener mala vista y decía: ¡Maldito lo que veo!, y miraba a todos.

Éste, pues, que por no tener cosa buena en sí, todo lo hallaba malo en los otros, había tomado por gusto el dar disgusto, andábase todo el día (y no santo) tirando peros (perinquinosos peros) y piedras y escondiendo la mano sin perdonar texado. Persuadíase cada uno que su vecino se las tiraba y arrojábale otras tantas: este creía que le hacía el tiro aquel, y aquel que el otro, sospechando unos de otros y tirándose piedras y escondiendo todos la mano... Así que no quedaba texado sano, ni honra segura, ni vida inculpable: todo era malas voces, hablillas, famas hechizadas, y los duendes de los chismes no paraban." 

Los perinquinosos peros. Peros lanzados con inquina, Inquina, esa antipatía o aversión que se nutre principalmente de la envidia. Sí, pero... todos los hemos lanzado alguna vez tratando de rebajar la honra o el mérito de alguien que no nos gusta por algo que no nos paramos a investigar no vaya a ser que encontremos lo que no queremos: vernos ruines y maldicientes.  

En fin, creo que con lo dicho ya les he dado una idea bastante aproximada de la materia de que se compone la inmensa mayoría de la información que circula por ahí. En tragar todo eso es en lo que mayormente nos ocupamos cuando echamos mano de los medios para calmar la ansiedad que nos causa el no saber qué hacer con los millones de horas que nos sobran... alimentando así al dragón. Más sano ver porno, la verdad.    

IMSERSO





Es sábado por la mañana y como me he levantado con una saciedad de vida que no me aguanto me dedico a pasar el rato echando una ojeada a los periódicos digitales. Puro masoquismo en realidad para reconfirmarme en lo que he venido confirmándome una vez más esta última temporada por medio de la lectura de El Criticón, es decir, que el ser humano es un dechado de miserias morales de las que sólo se libera regodeándose en ellas. Ahí tienen esa foto que encabeza la página de la hoja parroquial socialdemócrata. Es la constatación fehaciente de la insensibilidad de las instituciones públicas respecto de los discapacitados. Un paso de peatones en un barrio marginal al que no le han rebajado el bordillo. ¡Indignante, desde luego! Tendrían que leer ustedes el texto que acompaña a la foto para darse cuenta hasta qué punto de imbecilidad interesada puede llegar un socialdemócrata. Ahora va a resultar que durante los últimos veinte años o así no hemos tenido que soportar apenas la música extremada de las rotaflex y los martillos neumáticos que han rebajado cientos de miles, sino millones, de bordillos en nuestras ciudades. Pero ¡ay! se dejarón uno y ese es precisamente el que no deja dormir al socialdemócrata porque con él puede redondear su teoría sobre la maldad intrínseca del poder... excepto, claro, cuando lo detento yo. 

Otra noticia que dada su reiteración en los diferentes medios debe tener encandilada a la enchusmatizada masa es la que hace referencia al rifirrafe habido en un debate político televisado entre el representante del Partido Popular y la hermana de uno de aquellos terroristas al que la policía enterró en cal viva después de matarle supongo. En cal viva, imagínense. Como pude saber por aquellos proscritos de Alar, el lugar de autos, el de la cal viva quiero decir, se había convertido en lugar de peregrinaje turístico para los jubilados del IMSERSO. Ya saben, mira como se pasea la Guardia Civil por la caretera: échate a temblar. ¡Qué tiempos aquellos! Bueno, según la hermana del terrorista, a  la que, por cierto, nadie se atrevió a recordarle lo obvio, o sea, que su hermano era un terrorista, esas actitudes guardiacivilescas están muy vivas en la sociedad española, es decir, que para ella resulta insufriblemente intolerable que los españoles nos queramos defender cuando nos quieren matar, porque, es que, vamos a ver, qué cosa mejor puede haber para un español que que le mate un vasco... que también es español, por supuesto, aunque se haga el sueco. Y lo bueno del caso es que el interpelado, el del Partido Popular, balbuceó en la respuesta y todos los medios han concluido que la hermana del terrorista le dio pal pelo. Y así corre el mundo, que entre uno del PP y un terrorista ¿con quién se quedaría usted? Hagan apuestas señores. 

En fin, perdonen que me explaye, pero es que uno también tiene derecho a sus horas miserables. Lo dejo aquí ya y me voy a cabalgar por esas llanuras infinitas donde el cielo y la tierra se confunden.       

jueves, 15 de septiembre de 2016

Impermeables Godofredo

Sigo interesándome por el tren abandonado por su conductor en Black Rock in a Bad Day. Y no por otra cosa sino por mi inextinguible afán de adentrarme en los intríngulis de la condición humana. Al fin y al cabo en lo esencial nos parecemos todos como las gotas de agua y por tal es que conociendo a los demás, a poco que te pares a considerar, te conocerás a ti mismo que, como saben, es la máxima recomendación que nos hizo Sócrates, o Apolo, como medio para mejorar la propia vida. 

Pues bien, leyendo en los medios voy y me entero de que los servicios ferroviarios de la Comunidad Autónoma de Cantabria son un desastre. Y yo sin enterarme a pesar de todo lo que les uso. Así es que no me ha quedado más remedio que reconocer que debo ser más corto que las mangas de un chaleco. Bien es verdad que los dos regionales que unen Santander con Valladolid siempre le echan alrededor de un cuartillo de hora de más sobre el horario previsto, pero dada la despreocupada condición de los escasos pasajeros la cosa no creo que tenga la menor importancia. Lees unas líneas más, miras un poco más por la ventanilla o das un poco más de palique al revisor y ni te enteras del desvío horario. Respecto de los Alvias ya ni te digo: en cuatro horas un poco largas te plantan en Madrid. Una pasada si se tiene en cuenta la endiablada orografía de los cien primeros kilómetros.  

Todo es, como saben, del color del cristal con que se mira. El Ínclito Revilluca, presidente de la Comunidad, abusa del verde que es el color no sólo de los praos en los que pace sino también de la esperanza. La esperanza, esa virtud teologal tan engañosa como sus hermanas la fe y la caridad. Y por eso, por ese vivir en las nubes, será supongo que el Ínclito se viene dedicando hace años a atizar el espíritu de sus conciudadanos con fantasías de las mil y una noches. Les ha convencido de que por derecho propio se merecen un tren que les plante en Madrid en dos horas. ¿A hacer allí qué? Como si Santander fuese Guasintón con el recreo y toda la hostia de una culta población. Como diría un nacionalista vasco: ¿y por qué no? Y mis tías las de Logroño: el no ya le tenemos, vamos a por el sí a ver que pasa. 

Pues lo que pasa es que los cántabros son cuatro gatos que para acceder a la meseta tienen que salvar un desnivel de setecientos metros en menos de diez kilómetros. Un pastón, en definitiva, por habitante que nadie con dos dedos de frente se atrevería no ya a financiar sino ni siquiera a sugerir. En algún sitio tiene que haber sensatez y eso es lo que nos salva. 

El caso es que la lluvia fina cala si no llevas puesto el impermeable de la razón. Y aquí es donde tenemos la incógnita del problema: ¿por qué nos cuesta tanto colocarnos el impermeable de la razón para un simple chirimiri? Total, para ir de un bar a otro, con lo próximos que están, qué falta hace, decimos. De bar en bar y tiro porque me toca y el amor universal garantizado. AVE para todos. 

Es curioso porque leyendo sobre los mencionados sucesos de Black Rock, tanto los artículos periodísticos como los comentarios de los lectores, todo es unanimidad en achacar la culpa a la empresa . Parece ser que la Dirección de Renfe es la cueva de Alibabá. El conductor que abandonó el tren, por contra, Santa Teresita de Lisieu. Visto de tal manera, una vez más el pueblo llano que se demora en los bares puede confirmar sin lugar a dudas que los que mandan, mandan sólo y exclusivamente porque son unos malvados y, que los que obedecen, obedecen porque son unos angelitos. Es la lógica predominante y no me extraña nada porque por experiencia propia sé que es fuente de consuelo como no hay otra para la inmensa mayoría que obedece. 

miércoles, 14 de septiembre de 2016

Escorpión

Leo una noticia que me da para pensar un rato. Se trata de que el conductor del alvia que hacía el trayecto Santander Madrid, al llegar a Osorno decidió abandonar su puesto y dejar tirados a los pasajeros. Pero lo curioso del caso es que no lo hizo por trastorno mental u orgánico alguno sino por reivindicación sindical. O sea, procurando por todos los medios hacer el mayor daño posible a una gente que no sólo nada tiene que ver con sus cuitas sino que, además, le da de comer al escoger el tren como su medio favorito de trasporte. 

Como les dije un día, la estación de Osorno es lo más parecido a aquella de Black Rock en la que un día se bajó del tren Spencer Tracy para dar un Bad Day a Lee Marvin y Ernest Borginne. O sea, un lugar en ninguna parte del que empezar a salir va a llevar unas cuantas horas. Sí, sabía bien lo que hacía el combativo conductor: el mayor daño posible, como digo.

El mayor daño posible so capa de justicia redistributiva, en eso consiste toda la táctica, estrategia, teoría y ciencia sindical. En realidad en nada difiere de la de los mendigos violentos y de ahí su tener vetado el acceso al ascensor social. Y por tal es que sólo les quede el recurso al "orgullo obrero", ese oximorón donde les haya. 

Lo mismo que es pleonasmo "rencor obrero", como queda demostrado al haber convertido en marca de la casa esa imbecilidad que repiten sin cesar: nadie es más que nadie. Aunque, como siempre, la regla tiene sus excepciones y siempre hay y hubo obreros que dedican sus esfuerzos a que él y los suyos se aficionen a los libros. O sea, al ascensor social. 

El caso es que, obrero o no, nadie está libre de sus accesos de rencor. Por lo que sea, que los motivos son infinitos. Odiar el mundo es el consuelo predilecto de quién se siente mal en él. Los adolescentes por ejemplo. La legión de frustrados, por falta de comprensión lectora por lo general. En fin, un sin fin de malcriados, como les decía, que nunca ven ni verán cumplidas sus descabelladas expectativas. Y así es que en llegando a tales conclusiones lo mejor es volver la vista hacia dentro y pensar en todas las veces que abandoné el tren que iba conduciendo dejando tirados a los pasajeros que llevaba. Sin duda fueron unas cuantas veces. Y me siento detestable por ello. Y más porque sospecho que si duro un poco más volveré a hacerlo. Al fin y al cabo, en poco diferimos de los escorpiones.

En resumidas cuentas, que soy impenitente usuario de los trenes y rara vez he tenido contratiempos. Y les puedo asegurar que en el caso de los empleados con los que he topado la excepción a la regla es la regla: por lo general destilan todos amabilidad. Hablo bastante con ellos y no creo que en las presentes circunstancias sean muy proclives al enganche sindical. En fin, qué vida. 


martes, 13 de septiembre de 2016

Fénix

El regional va casi vacío. Eso quiere decir que ya estamos de vuelta a la racionalidad. A la vida productiva. Un señor con prosodia de cono sur se me queja de lo mucho que va a tardar en llegar a La Coruña. En mi país, dice, y no le dejo continuar. ¡Habrase visto, en su país! Sin duda es de baja condición, así, como suena, pese a quien pese. Luego me pregunta si se puede fumar en el andén. No sé, le contesto, pero por los altavoces acaban de decir que está prohibido. Sin duda el tipo no está disfrutando del viaje, lo cual, por otra parte, no me extraña un pelo porque lleva al lado a un bolondrio por mujer que a duras penas se mueve. Ha costado lo suyo subirla al tren. 

Por lo demás, he salido de casa con las primeras luces bajo una apoteosis de relámpagos y truenos. Mientras esperaba el autobús ha caído un chaparrón de los de aquí te espero. A D. G. no ha durado mucho y he podido llegar a la estación seco. He sacado el billete y me he dirigido al Español a redesayunar. Las alegres chicas de allí estaban con humor de martes por la mañana. Así y todo me han echado alguna sonrisa y entonces he pensado: ¡leches!, con lo viejo que eres y aún suscitas alguna simpatía en el sexo opuesto. Bueno, es que me conocen de sobra porque siempre que viajo, no poco por cierto, no perdono hacerles una visita. Me chiflan esas chicas con sus ajustados uniformes negros moldeándoles el culo. La ilusión es lo único que no tiene edad. 

Y, ahora, a disponerse a hibernar. A tirar de la energía acumulada en las gozosas escapadas veraniegas. Unas veces solo y otras acompañado, pienso que fueron de las mejores de la vida. Será, quizás, me digo, porque al final ya aprendí a vivir en el presente. Como si el después no existiese… y, sin embargo, mientras pedaleaba o caminaba por los vericuetos peninsulares no ha dejado de rondarme por la cabeza el deseo de dedicar los próximos meses a comprender un poco más de determinados aspectos fundamentales de la realidad que me rodea. La electricidad y todo eso. ¿Cómo podremos vivir sabiendo tan poco de cosas que condicionan tanto nuestra cotidianidad? Hacemos como si todo lo que tenemos fuese lo más natural del mundo ignorando los titánicos esfuerzos que fueron necesarios para llegar hasta aquí. Y, por el contrario, nos atiborramos de informaciones con aires de trascendencia que apenas son más que viento. De lo uno a lo otro, claro, media el esfuerzo y, ahí, digan lo que digan los tenderos, es donde reside todo el sentido de la vida. Nunca me cansaré de recordármelo porque a nada que me descuido se me olvida y me diluyo en la molicie… que es el morir. 

Eso, la molicie es el morir sin el cual es imposible resucitar. Resucitar con impulso quiero decir. 

lunes, 12 de septiembre de 2016

Malcriados



La tragedia de las sociedades opulentas es que, para la mayoría de la gente, es muy difícil mejorar. Pero es que, además, hay que añadirle la angustia por la posibilidad de pérdida, o deterioro, de las riquezas acumuladas. Por no hablar, claro está, del rencor sin límites que se produce las no pocas veces que esa pérdida o deterioro se consuma. Así es que, al final, las sociedades más felices son las pobres en trance de superación. Mejorar es el cielo. Estancarse el purgatorio. Perder el infierno.

Así corre el mundo y, por descontado, no soy el primero al que se le ocurren semejantes reflexiones. Personalmente, creo recordar haberlas leído en unas cuantas partes. Porque son de cajón. Y, si no, cómo explicarse tanta mala leche como destilan los coribantes antes de que el vino cumpla su misión.

El vino, las drogas en general, l´eau de vie que le dicen los franceses, para levantársela a un muerto. Porque esa es la cuestión, el inmenso sufrimiento de los muertos en el infierno. Por su impotencia coeundi. Todo se les niega cuando todo lo tuvieron. Es la crueldad de los dioses para con aquellos que creyeron poder subírseles a las barbas. El pecado de soberbia.

Es muy difícil, sí, saber manejar la opulencia. Hay que ser muy inteligente, y tener mucha voluntad, para poder sobreponerse a tanta tentación gratuita. Porque para qué esforzarse si con sólo poner la mano te son dados todos los caprichos. Como si el placer del viaje no estuviese en el esfuerzo del camino sino en llegar a destino. Ese engaño en el que viven todos los malcriados.

No me quiero extender más porque esto ya va siendo tabarra. Sólo recordar por si las moscas la más sabia ley de entre todas las del camino: sin agonía no hay gloria.  

domingo, 11 de septiembre de 2016

Solón a Craso


Quizá el triunfar en la vida no sea otra cosa que llegar a viejo y poder irse por ahí con la mochila al hombro en compañía de los amigos de siempre. A recorrer una Corniche de 600 kilómetros, por ejemplo, unos ratos a pie y otros en el tren de vía estrecha que por allí transcurre con parsimonia. Siete días en total y ni una mala tensión, muchas risas por contra, un montón de sabias discusiones y qué contarles de los disfrutes sensuales sin cuento dadas las características geográficas y culinarias del trayecto.

Sí, se debiera reflexionar más sobre ese tesoro inextinguible que es la amistad, fuente de dicha por antonomasia. Casi todos los sabios nos dejaron sus impresiones al respecto, pero el común de los mortales se va de aquí pensando que el perro es el mejor amigo del hombre. El perro, esa metáfora equivocada que llena las calles, y los espíritus, de inmundicia.

La amistad es los ojos con los que ves lo que te pasa desapercibido, escuchas lo que no sabes oír, lees los libros que desconoces, corriges los desvaríos de los que no eres consciente, es, en fin, un estar a las duras y a las maduras, una agónica amplificación del vivir, es decir, el enriquecimiento ilimitado que brota de la generosidad.

No se engañen por tanto, la amistad no es ni fidelidad ni lealtad ni mandangas hitlerianas por el estilo, la amistad es fundamentalmente interesada generosidad que sientes que te enriquece. Y por eso dura. Y si no dura es que no es amistad. Es vampirismo quizás. O donjuanismo si quieren. Fuente de estéril desengaño en cualquier caso. Ándense con cuidado.

Total, que, como le dijo Solón a Craso, no conviene presumir de dicha hasta estar a las acaballas de la vida. Pues bien, que los dioses omnipotentes me concedan unas largas acaballas, porque en ellas estoy y me siento dichoso por tener tantos ojos, oídos y demás sentidos para percibir la vida con tamaña intensidad.