martes, 20 de septiembre de 2016

Relaja la raja

El alvia a Madrid parecía por lo lleno uno de aquellos trenes de cuando "vente a Alemania Pepe". Hasta los lavabos habían sido acondicionados a tal efecto, tan intransitables estaban. Ya, esperando en la estación, me había sorprendido el gentío con aquellos maletones y los carritos que se han puesto de moda para llevar la balumba de la playa. ¡Que no farte de na! Jubilados mayormente que se dirigían a Alicante a apurar el veraneo. Luego, también, todas aquellas caribeñas con sus uñas de rapaz y sus enormes culos a lo Kardasián. ¡Relaja la raja, nena! La del otro lado del pasillo se colocó tantas veces y con tanto desparpajo la goma de su enorme cola de caballo que en una de esas le atizó al que venía enfrente de mí con toda la masa peluda en la jeta. ¡Uy, mi amol, perdona! No pasa nada, gran sonrisa. Las caribeñas se bajaron todas en Madrid. Difícil seguirlas el parcours

Y todo ello un martes veinte de septiembre. Temporada baja ya como quien dice. Así, con tal actividad, que tiemble la deuda pública; en cuatro días la saldamos. 

Por lo demás, Madrid, justo en su punto. Con una brisilla acariciadora que dejaba el aire más transparente si cabe. Sin aglomeraciones ni malos rollos evacué todas mis consultas sin la menor dificultad. Hasta me dio tiempo a tomar una caña con mi hermana-¡cómo saben tirarlas en Madrid!- y echar una parrafada con mi vecina del metro a propósito del rumano que iba retorciéndose por los pasillos. Esto ya pasa de castaño oscuro, me dijo. Y es que ni siquiera a mí me daba el pego. Mal asunto, pensé, para los populismos cuanto el arte de mendigar baja a semejantes cotas. De la tragedia a la comedia, a final todo son risas y votos para los escépticos.  

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