lunes, 26 de septiembre de 2016

Ampudia, patria querida





Hace poco más de un siglo los niños de Ampudia hicieron la primera comunión. Luego posaron para una foto conjunta. Ni una risa, mucho ceño y con lo brazos cruzados, como cuando se está enfurruñado. Y con esa escarapela algunos, como de graduados en Harvard. Supongo que los críos se pusieron como les mandó el cura, o el maestro, o el fotógrafo, o sus padres. Porque hay que dar al mundo una imagen de seriedad, de solvencia, incluso con un punto de fiereza. En cualquier caso los niños parecen todos ellos bien alimentados que no en vano Ampudia está en uno de los más importantes graneros de España. 

En Ampudia hay un museo curioso en el que entre otras muchas perlas hay una colección de fotografías de la primera mitad del siglo pasado. No tienen desperdicio. Puedes pasarte allí una hora contemplándolas con la sensación de haberte subido a la máquina del tiempo. El número de detalles históricos que puedes extraer es casi infinito. Desde luego que si los dos fotógrafos locales en vez de Ampudia hubiesen retratado un pueblo de Ohio a estas horas serían mundialmente conocidos. Es lo que tiene estar a la hora y en el lugar preciso, que por hacer lo mismo, e incluso mucho peor, se reconoce el mérito de la singularidad a lo que es bastante común. Porque, supongo, millones de pueblos estarán fotografiados, aunque pocos, y en eso reside el mérito, hayan conservado los negativos cual ha sido el caso de Ampudia. 

Cien años, una eternidad a primera vista. Aunque después, bien pensado, caes en la cuenta de que lo único que cambia es la costra. Cae una y la piel de debajo aparece rosada, con aspecto de fragilidad y de necesitar ser cubierta por algo que la proteja: una nueva costra. Y así va el mundo, de costra en costra sin que lo que hay debajo se inmute. Lo de debajo, la condición animal, lo de perpetuar la especie impulsados por los instintos, o sea, tontería tras tontería.

No, no creo que los que vivan dentro de cien o mil años vayan a ver cosas que en esencia sean muy diferentes a las que estamos viendo hoy. Porque las pasiones serán las mismas y los niños seguirán haciendo algún tipo de primera comunión para dejar constancia de su entrada en el mundo de los bárbaros. De ahí la imagen de enfurruñamiento que tan bien expresa la foto que les muestro. Bueno, hoy día se da a los niños una imagen angelical, pero ya lo dice la sabiduría popular: fíate de la Virgen y no corras... Estamos en las mismas.   

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