La casualidad ha querido que cayese dos o tres veces en el programa dedicado a la familia Kardashian y que las dos o tres veces quedase enganchado. Al final, he llegado a pensar que quizá este programa sea de lo poco que merece la pena ver en televisión. Porque no puede ser por nada que una cosa en apariencia tan tonta haya adquirido esa resonancia internacional y que, además, no vaya siendo ya cosa de dos días. Y es que por lo que he podido inferir de mis cortas incursiones esta gente se dedica a una especie de pedagogía de costumbres lo cual no es otra cosa que el papel que sociedad asignó durante los siglos pasados a la aristocracia.
Antes de ayer, por ejemplo, en el poco tiempo que permanecí atento escuche dos perlas que me encantaron. La primera estaba dedicada al valor sentimental que solemos dar a los objetos materiales. La jefa de la familia decide que todo eso que tienen en casa, en apariencia valioso, no es sino basura que ocupa espacio, no sólo en la casa sino también en las mentes. Entonces decide organizar una venta con fines benéficos en el jardín de su casa. La hermana pequeña lo lleva muy mal y trata de impedir la venta de algunas cosas. Así que su hermana que la pilla con las manos en la masa le explica la chorrada que es darles valor sentimental y, para rematar, le suelta un "relaja la raja" que es todo un tratado de psicología, porque no nos engañemos, la inmensa mayoría de las cosas sin sentido, como acumular balumba, que hacen los mortales no tienen otra causa que la tensión acumulada en la raja por ausencia de un adecuado uso. Ya saben que América. otra cosa no, pero psicoanálisis por un tubo desde el mismo momento en el que Freud desembarcó en New York y, al ver el recibimiento que le hacían, les dijo: si supierais lo que os traigo no estaríais tan contentos. De hecho, de aquel desembarco se deriva no poco de la magia del cine de Holywood y de la madurez de aquella sociedad, sin duda la mayor del mundo por mucho que les duela a los socialdemócratas europeos.
La otra perla hacía referencia a la obesidad de uno de los miembros de la familia. También en clave psicoanalítica. La obesidad no tiene desde luego una causa genética sino sencillamente un estar mal en la vida que trata de paliarse comiendo. El tipo además de obeso estaba lleno de tatuajes. ¿Y por qué se tatuaba? Porque cada vez que se miraba en el espejo y se sentía fatal acudía al tatuador. Ya se sabe, con tal de no agarrar el toro por los cuernos uno hace la tontería que sea para tener la sensación de que está haciendo algo liberador. Entonces van al tatuador porque es lo que está de moda. La moda que no se sustenta en otra cosa que en la gente que no se siente a gusto consigo misma. La falta de autoestima en definitiva que asola a todas esas gentes que a causa de una mala educación tiene la voluntad por los suelos. En fin.
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