miércoles, 30 de septiembre de 2020

Bien está.

La clásica y artificial división de opiniones izquierda/derecha ha venido a ser sustituida por otra más chusca si cabe, pero sobre todo virulenta, que es, mascarillas sí, mascarillas no. El poder en curso se ha visto obligado a monter d´un cran la sinvergüenzonería porque la antigua división estaba empezando a dejar de funcionar. La ideología, ficticia o no, viaja en el espíritu lo que la hace invisible a primera vista, pero la mascarilla, ahí está, como la Puerta de Alcalá, omnipresente y ligada en el imaginario de la chusma a muerte sí, muerte no. Que no por otra causa es que se haya conseguido convertir a cada ciudadano en policía de su vecino.

Parece ser que la presidenta de Madrid había nombrado a un profesional de prestigio para dirigir el rollo ese de la pandemia. Pues bien, el profesional llegó, vio, evaluó y llegó a la conclusión de que allí la única pandemia que existía era política. Dos días le bastaron para hacer mutis por el foro. Las pandemias políticas no es lo mío, dijo al despedirse. 

Sí, todo apunta de que vienen malos tiempos. Los que nos hemos preocupado a lo largo de nuestras vidas por saber un poco de historia tenemos la casi certidumbre de que después de unos cuantos años de democracia es inevitable que vengan unas Guerras del Peloponeso. La novedad ahora es que los actuales espartanos son tan corruptos y blandengues como los atenienses. Y tampoco se atisba en horizonte un Filipo de Macedonia que al final se vaya a quedar con todo el pastel. 

En fin, que sea lo que dios quiera, como no podría ser de otra manera. Pero que nadie se llame a engaño porque ahora va a tocar pagar todos aquellos viajes de placer que los médicos hicieron a costa del contribuyente. ¿Es que a alguien se le ocurrió alguna vez calcular el monto de ese gigantesco fraude? El doctor está de congreso en el Tropicana de la Habana. ¡Qué buen doctor tiene que ser ese! Por eso debe ser que trabaja, entre comillas, en un hospital público. Hospital o casa, si es publico, bien está. 

   

martes, 29 de septiembre de 2020

¡Fuera ortopedias!

La realidad es que da igual lo que hagas en esta vida porque de todas formas su duración siempre va a ser lo que un suspiro. Cuando te quieres dar cuenta ya estás como quien dice subiendo a la barca de Caronte donde, como supongo ya saben, no se admite bagaje. Ni siquiera unos calzoncillos. O bragas, para que nadie se sienta ofendido. En esa barca se viaja en pelota picada y con el alzheimer en bandolera. No en vano al Leteo también le llaman el Río del Olvido

Por tal es que lo mejor que podemos hacer es dejarnos llevar por lo que el cuerpo nos pide siempre y cuando no sea acumular mierdas. Bueno, quizá podríamos ser permisivos con lo que cabe en un carromato por aquello de que somos animales tan imperfectos que nos es imposible sobrevivir sin algunas herramientas. U ortopedias, si quieren ser más precisos con el lenguaje.

Así es que ya he encontrado tarea para el tiempo por venir: deshacerme de todo lo que me sobra hasta quedarme en la mínima expresión del apoyo ortopédico. Como Diógenes cuando corrió a tirar la escudilla que tenía para beber agua porque observando el mundo se dio cuenta de que el agua se podía beber perfectamente en el cuenco de la mano.  

¡Uf, qué fatigoso se está poniendo todo esto! Ayer, paseando por el seaside santanderino, la gente que había por allí casi nos tira a la hoguera por no querer ortopedizarnos el rostro. Bueno, a unas, que según María eran maestras, les tuve que replicar que yo solo me protejo el pito. Las tías aceleraron el paso como si de pronto les hubiese surgido alguna urgencia. ¡Qué vida ésta!

lunes, 28 de septiembre de 2020

¡Ojo al parche!

Como era inevitable, la acción, en este caso represora, ya ha desatado la reacción liberadora. Como les dije, ayer detuvieron al Dr. Heiko Schöning en Londres. Sin duda va a ser el típico tiro que sale por la culata. Porque Schöning es un tipo que cae bien. Es comedido, es elegante, riguroso en sus postulados... mucha gente se va a tomar a mal esta afrenta y va a despertar un poco más. De hecho, hoy me desayuno con un video en el que se presenta la asociación de Educadores por la Verdad. Se formó hace un mes y ya tiene 1600 miembros. Su portavoz es una señora con envidiables dotes para la comunicación. Ha hecho un discurso que me ha parecido impecable. Una llamada al uso de la razón contra la superchería que es todo esto de la pandemia. Una manipulación del poder en curso con fines que cada vez se parecen más a los de todos los episodios más negros de la historia: los del poder absoluto. 

¿Acaso, ha argumentado la portavoz de los enseñantes, el año pasado por estas fechas no se moría la gente?¿Acaso ahora no hay obesidades mórbidas, diabetes, cánceres y demás enfermedades con marcado potencial destructivo? Sí, las razones para enfrentarse a esta sinrazón oficial son múltiples. Y por eso es que cada vez más gente se organiza y responde. Porque no nos engañemos, hay momentos en la historia en los que no tomar posición estigmatiza a la persona como despreciable. Piensen en como todavía queda vivo en el imaginario colectivo un cierto sentimiento de desprecio hacia los alemanes por haber permitido sus antepasados lo del holocausto. Como dicen los judíos, y pienso que no se equivocan, el oprobio por el pecado de los padres se extiende hasta siete generaciones más allá. Así que, ¡ojo al parche.! 

En fin, no descarto estar una vez más equivocado, o paranoico perdido, pero lo que en mi queda de persona me obliga a denunciar y, sobre todo, actuar: no me da la gana de ponerme la mascarilla para andar por la calle. Sé, porque lo sufro, que la mayoría me reprueba, pero también sé, porque lo intuyo, que una minoría me admira y siente ganas de imitarme. Son pequeños gestos de resistencia que al multiplicarse colocan una muralla infrancreable frente al mal. Así que, usted mismo... entre el clavel y la rosa, su majestad es coja.      

domingo, 27 de septiembre de 2020

Olor a chamusquina.

¿Qué está pasando aquí? ¿Cómo es posible que hayan detenido al Dr. Heiko Schöning en Londres? Bueno, si esto no huele a chamusquina que venga Dios y no lo explique. Les dejo aquí el enlace: 

https://www.youtube.com/watch?v=cu5pRBu1Vwo

Franz de Copenhague

Qué duda cabe que la música tiene tirón. Algunas estrellas, como Billie Eilish, tienen millones de visitas en los vídeos que cuelgan en YouTube. Pero, ¡eso!, se trata de estrellas, una exigua minoría mitificada, ya sea por sus méritos, ya sea por la machacona insistencia publicitaria de las compañías del sector. Cualquier música se puede hacer pegadiza si la escuchas muchas veces... y una vez pegada a las neuronas ya no quieres otra cosa. Como la heroína. Así que nada de qué extrañarse por esos millones de visitas. 

Pero hay otra heroína en YouTube para la que no es tan fácil encontrar el pegamento adictivo. Se trata de la tecnología. Bien es verdad que desde que uno de los primeros homínidos sobre la tierra descubrió que usar una piedra en vez del puño para dar al vecino en la cabeza era mucho más efectivo, desde ese mismo momento, todos llevamos un Franz de Copenhague dentro de nosotros. No podemos parar ni un minuto de maquinar para resolver nuestros problemas, o satisfacer nuestros deseos, con el menor esfuerzo posible. Siempre, por así decirlo, estamos descubriendo el fuego que nos cuece los alimentos pero que, también, funde los metales para que podamos fabricar armas con las que mejor matarnos los unos a los otros. Resumiendo: lo que la tecnología tiene de liberación por un lado lo tiene de pesadilla por el otro. Todo lo que inventamos nos encadena a una roca en el Caucaso a la espera de que venga el águila a roernos el hígado. Y así por una buena temporada, hasta que Atenea se apiada de nosotros y transforma la roca en un diamante que luego exhibimos orgullosos en uno de nuestros dedos: somos muy olvidadizos y por eso es que exhibamos con orgullo lo que solo debiera ser aviso de prevención. 

Sea como sea, que vete tú a saber, los hechos son lo que cuentan. Y los hechos son que los vídeos dedicados a la tecnología alcanzan sin mucho esfuerzo los millones de visitas. Me desayuno hoy con uno que en un año ha alcanzado la nada despreciable cifra de visitas de 6,8 millones. Se trata de la fabricación de esos coches que todo el mundo desea tener: los BMW. No se ve un solo ser humano en todo el proceso. Se trata de máquinas que fabrican máquinas. Y, entonces me surge la misma pregunta que se hicieron aquellos escolásticos que andaban indagando la verosimilitud de la existencia de Dios: ¿quién hizo la máquina que hace máquinas? ¿y quién la máquina que hace las máquinas que hacen máquinas? Y así hasta el infinito, es decir, la idea del primer motor: Dios, para que nos entendamos.  

En fin, lo que es evidente de toda evidencia es que la especie humana acaba de robar fuego a los dioses, esos robots, y está en la fase del roimiento de los hígados junto a la roca del Caucaso. Nadie sabe que hacer con los millones de personas a las que esos robots han desposeído de su más preciado bien: una ocupación que les tenía entretenidos, es decir, alejados de la idea de muerte. Claro que hay que reconocer que esos robots los tiene que hacer alguien. O a los robots que hacen robots. Alguien que siempre serán las minorías que alcanzaron la excelencia en lo del valor añadido. Y así es como se configura el mundo actual, minorías que diseñan robots e inmensas mayorías que se tatúan, fuman porros y acarician al perro mientras beben birras en una terraza amenizada por la música del tráfico. 

Y así estaremos hasta que venga Atenea a liberarnos... inventándonos covids y milongas por el estilo para distraer la angustia de la nada a la que nos ha arrojado el tanto hacer de Franz de Copenhague. Ya saben, un clavo saca otro clavo y, una angustia, otra angustia.  

sábado, 26 de septiembre de 2020

Hijos putativos

Cada vez se hace más evidente que de entre todos los artes posibles va a ser el de prudencia el más necesario en los tiempos por venir. Una vez más, el cristianismo radical disfrazado de las más variopintas sandeces se apresta a apilar leña en las plazas públicas. Los herejes ya hace tiempo que vienen siendo señalados. Solo están a la espera de un viento propicio para que una vez iniciado el fuego no haya bomberos que valgan para apagarlo. Es evidente que son unos  somiatruitas que nunca llegarán a nada, pero por el camino habrán dado bien dado por el saco a la humanidad. Así llevan dos mil años sin que todos sus crímenes hayan servido lo más mínimo para secar las fuentes de las que bebe la inteligencia del mundo... pongamos que Esquilo, Sófocles y Eurípides. Ahí siguen tan pichis, cada día que pasa más luminosos. 

El cristianismo radical, como todos los radicalismos, tiene en sus idénticos a su principal enemigo. Es su ingenioso procedimiento para despistar al personal. ¡Veamos, mis queridos niños! ¿Quién es la bestia negra del cristianismo radical disfrazado de socialdemocracia, aquí en España? ¡Pues Franco, por supuesto! ¿O acaso no fue Franco el que sentó los firmes cimientos de la socialdemocracia en España? Antes de que Franco cayese en la cuenta del chollo, el Estado era irrisorio. Ni seguridad social, ni instituto nacional de industria, ni educación obligatoria gratuita, ni servicio de salud, ni nada de nada: España era el paraíso del liberalismo. Acababas tu aprendizaje y ponías tu negocio y casi no pagabas impuestos. Y el país progresaba, por supuesto, pero con demasiada libertad para el gusto de cualquier gobernante. Todavía recuerdo cómo se hundió en la miseria mi padre cuando a mitad de los cincuenta se instauró la seguridad social: de tener media docena de pacientes por día en la consulta, en un tris-trás pasaron a ser sesenta. Por las mismas, de ser respetado por todos pasó a ser vilipendiado por muchos. La gente del pueblo empezó a atiborrarse de medicamentos con la consiguiente perdida del norte. No pasó mucho tiempo antes de que hubiese más gente fumando y bebiendo en los bares que trabajando en los talleres. ¡El chollo de las bajas! En definitiva, había llegado el sermón de la montaña con merienda gratis para todos. 

Por eso estos descerebrados, de la izquierda a la derecha y de la derecha a la izquierda, fingen odiar a Franco, para ocultar al personal que todos ellos son sus hijos putativos que, por cierto, no le llegan a su papá a la suela de los zapatos. Y ahora, como por circunstancias relativas a la evolución del mundo la teta nacional no da para tanta merienda gratis, pues van los predicadores y se enzarzan entre ellos por ver quien mata mejor al padre. Me han dicho que algunos proponen incluso derribar la cruz del Valle de los Caídos. ¡Fantástic!, como decía Richard Burton en La Noche de la Iguana cada vez que escuchaba una gilipollez.   

viernes, 25 de septiembre de 2020

Estreno Mundial

"URGENTE: HABLA LA FAMILIA DEL 1er NIÑO MUERTO POR C0V1D en PARAGUAY (ESTRENO MUNDIAL)"


Así es el título de un vídeo que han colgado en YouTube. Como si de la última película salida de la factoría Hollywood se tratase. Una primicia mundial. ¿Cuántos niños hay en el mundo? Pongamos que ente mil y dos mil millones. Pues bien, ¡notición!, ha muerto uno por covid, dicen. Al otro millón que ha muerto por diarreas, tosferinas y demás causas varias, ¡que le den! El que no sigue la moda está fuera de este mundo. 

Tampoco es que haya mucho de lo que extrañarse. La historia de la humanidad quizá no sea otra cosa que una sucesión de episodios en los que la locura colectiva sufre un repunte por causas que solo es capaz de prever Casandra. O sea, nadie. Luego, a toro pasado, todo el mundo se llama Andana mientras está entretenido retirando los escombros. Y vuelta a empezar. 

Bueno, yo digo lo de llamarse Andana porque supongo que es un tropo de sobra conocido, pero de no ser así solo tienen que googlear "llamarse Andana" y se enteran. Sí, es lo que más abunda en el mundo. Por ejemplo, los alemanes que retiraron los escombros después de la World War II todos se llamaban Andana. Y los franceses, ni te digo, que todos fueron resistentes. Por no hablar de los españoles que ni uno, ni siquiera Revilluca, había lamido el culo a Franco. Son cosas de la condición humana que, otra cosa no, pero saber a qué árbol hay que arrimarse en cada momento... 

En fin, c´est la vie, que ya lo dice el Oráculo manual, que algunos ponen más la mira en el rigor de la dirección que en la felicidad de conseguir intento, pero más prepondera siempre el descredito de la infelicidad que el abono de la diligencia. El que vence no necesita dar satisfacciones. No perciben los más la puntualidad de las circunstancias, sino los buenos o las ruines sucessos; y así nunca se pierde reputación quando se consigue el intento. Todo lo dora un buen fin, aunque lo desmientan los desaciertos de los medios. Que es arte ir contra el arte cuando no se puede de otro modo conseguir la dicha del salir bien. 





 

jueves, 24 de septiembre de 2020

El lector

En un vídeo que tiene Tibees colgado en YouTube nos cuenta  cuál fue el libro que utilizó Ramanujan para aprender matemáticas. Se trata de Synopsis of Pure Mathematics de un tal G. S. Carr. Es una colección de quinientos teoremas que el autor solo pergeña en sus puntos más sobresalientes, o solo enuncia, dejando a los lectores la tarea de encontrar la demostración. Para Tibees, desde luego, no es un libro especial. Lo que fue especial en el caso de Ramanujan, dice, fue el lector. Y leyó ese libro no porque le hubiese andado buscando con denuedo, no, fue simplemente porque se lo dejó un amigo. Si le hubiesen dejado otro, con otro hubiese aprendido. Porque lo que en ningún caso podía hacer Ramanujan era ir a una librería a comprarse los que hubiera querido comprar. 

Lo que nos quiere contar Tibees, en definitiva, es que cualquier libro sirve si el que lo lee lo entiende. ¿O es que ustedes suelen entender los libros que leen? ¿En que medida los entienden? Porque esa es la cuestión incuestionable, que la mayoría entendemos una porción muy pequeña de lo que se nos pone por delante. Y entonces vamos y nos ponemos a pensar que si tuviésemos mejores medios adelantaríamos mucho más. A mí me pasó con la guitarra, que tengo un par de ellas de lo mejor que hay en el mercado y no hay forma de que haga con ellas nada de particular. Cualquier niño de los que están aprendiendo con una de sesenta euros me da mil vueltas en menos de un año. Y es precisamente por eso, porque no estoy capacitado para entender los sonidos. 

En fin, sigo a vueltas con el "Oráculo manual y arte de prudencia" y, si no para otra cosa, me sirve para medir mis capacidades de comprensión. Muy limitadas, desde luego. Y por eso estoy como estoy: hecho una mierda... aunque eso sí, utilizando todas mis capacidades en la inútil tarea de tratar de ocultarlo.  

martes, 22 de septiembre de 2020

Vuelta a las andadas

Ayer estuve viendo la entrevista que le hace Patricio Lons  a Roxana Bruno y, si tenía algunas dudas al respecto de todo este circo que tienen montado los políticos, se me disiparon radicalmente. Tanto Patricio como Roxana son dos mentes brillantes con espectaculares currículums. Por eso las preguntas del historiador eran contestadas con precisión por la científica. Conclusión: la actitud de los gobiernos argentino y español solo admite dos interpretaciones: una, la ignorancia asesina, dos, algún plan preconcebido del que ignoramos los fines. 

Y, mientras tanto, vemos como anda la gente por Holanda, Suecia y otros países de Europa y de inmediato te percatas de que hemos vuelto a las andadas. ¡Dios, qué rabia me da!  Porque ¿de qué nos ha servido a los españoles tener el que quizá sea mayor legado intelectual de la historia de la humanidad?... bueno, exagerando un poco. De nada, porque para la inmensa mayoría de los españoles es como si no hubiese existido. Seguro que holandeses y suecos lo conocen mil veces mejor que nosotros. En cualquier caso son gente de mucho menos bar y mucha más aula, lo cual como que lo explica todo. Nada como el esfuerzo intelectual para ahuyentar los miedos y despertar el ansia de libertad. 

De todas formas mi impresión es que esto está a punto de estallar. Y es que ahora es lo del bolsillo lo que se va a poner en el centro de la refriega. Las acciones del Santander ya andan rozando el euro y medio. De catorce a uno y medio en un plis plas. Y Ana Patricia sigue dando la matraca con que no miremos el culo a las tías, nos pongamos la mascarilla y cosas así de tanto potencial I+D. Servidor, por supuesto, ha pasado todos sus ahorros a un banco holandés. ¡Elemental, Watson!

En resumidas cuentas, la vida es un río en el que hay aguas de todo tipo y, ahora parece que tocan turbulentas. Se acuerdan como era aquello de Robert Mitchun y Marilyn Monroe sobre una balsa en aquel río sin retorno...



lunes, 21 de septiembre de 2020

Demencia

Empiezo a dudar de si lo que me pasa es que estoy muerto y sufriendo las muy merecidas penas del infierno por mis muchos pecados cuando estaba vivo. ¡Porque vaya que sí pequé! Se podría decir que no hice otra cosa. En fin, lo de cualquier vida que podríamos llamar cumplida. Fíjense que incluso llegué a la conclusión de que lo peor que se podía hacer en esta vida es sentir compasión por los pobres de espíritu. Sí, así fue, me cagué en el Sermón de la Montaña y en toda la cola que trajo hasta estos nuestros días de pura pestilencia espiritual. 

Hoy, por poner un ejemplo, voy, me engancho a YouTube e intento ver el último vídeo que ha colgado Paola Hermosín. Considero a Paola una artista increíble. Pues bien, el vídeo de hoy lo ha iniciado con un mitin nauseabundo. Lo de siempre, rojo bueno, facha malo. Luego se ha puesto a cantar lo de Te Recuerdo Amanda de Victor Jara y no he aguantado ni quince segundos. Se me ha roto el corazón. ¿Cómo puede ser que una artista como ella se deje infectar por esa estupidez infinita que es dividir el mundo en buenos y malos? He comprendido, entonces, que no llegara muy lejos... a no ser que espabile. 

En realidad, puede que el fin del mundo fuese precisamente cuando aquel sermón seguido de merienda. Ya te digo, y además a la orilla de un lago para que todo pareciese más guay. Se cargó la sabiduría clásica cuando en todo cabía lo bueno y lo malo a la vez. El cielo y el infierno se fundían en el Hades, pasado ya el río del olvido. 

Bueno, ahora ya no se pasa ese río, pero si te apoyas en la barra de un bar te olvidas de que el aire está lleno de virus mortales y te puedes quitar la mascarilla sin miedo a que te multen. 

En fin, muerto no sé si estaré, pero demenciado seguro que sí. No es para menos. 

 

domingo, 20 de septiembre de 2020

Mountain Men

Como es lógico, pero no natural, el PCCH ha decidido en su último congreso dar una vuelta de tuerca a su afán por controlar todo lo que se mueve en China.  Así es que ha impuesto en todas las empresas privadas del país un cupo de trabajadores de partido comunista chino. A lo que se ve, se les estaban yendo de las manos. 

China, no se nos debe olvidar, son 1.400 millones de personas de las que al menos setecientos millones, con toda seguridad, viven en la más absoluta de las miserias. Este es el gran secreto del régimen que ya no pueden guardar por más tiempo. Porque es evidente que los enanos del gran circo están empezando a creer por todos los lados. Y es que, ni Marx ni Confucio ni leches, cuando se monta una clase media y los miserables la contemplan, de inmediato cambian su resignación por la envidia, el rencor, el odio y lo siguiente. La bomba ya tiene espoleta y solo falta que alguien la active. 

Sí, esa parece ser la gran noticia y no esta patraña del covid. Todo indica que China ha entrado en zona de turbulencias y lo del virus, ¡a saber!, porque buena es la vanguardia del proletariado cuando ve peligrar sus privilegios de clase. Las dachas y todo eso. En cualquier caso, programado o no, el virus les ha venido de cine. 

Si ustedes cogen, agarran y se ponen a leer libros de historia verán que hay una constante que no falla: los sistemas políticos, cuanto más autoritarios son, menos duran. Les trascribo del catecismo definitivo:

"Del Natural Imperio. Es una secreta fuerça de superioridad. No ha de proceder del artificio engañoso, sino de un imperioso natural. Sugétansele todos sin advertir el cómo, reconociendo el secreto de la connatural autoridad. Son estos Genios señoriles, Reyes por mérito y Leones por privilegio innato, que cogen el coraçon, y aún el discurso, a los demás, en fe de su respeto. Si las otras prendas favorecen, nacieron para primeros mobles políticos, porque executan más con un amago que otros con una proligidad." 

Con un amago es con lo que países como Inglaterra o EEUU llevan siglos de regímenes de razonables libertades, mientras que otros, como nosotros sin ir más lejos, con cuarenta años de proligidades estamos que ya no podemos más. Ya ni siquiera podemos mirar el culo de las tías sin poner en serio peligro nuestra libertad. Con eso está todo dicho. Pero lo de los chinos... eso ya es como para alquilar sillas, como dicen en Cataluña. 

Por cierto que en el canal de televisión Mega hay un programa llamado Mountain Men que da una idea bastante exacta de lo que es la libertad. Bueno, por lo menos a mí así me lo parece.  

 

sábado, 19 de septiembre de 2020

Virus híbridos

China fabrica virus híbridos, reza la noticia. ¿Qué quiere decir eso? ¿Algo? ¿Nada? Pues sí, quiere decir algo. Concretamente que se está tratando por todos los medios de reinstaurar aquella guerra que llamaron Fría y que tan buenos resultados dio a la humanidad. ¿Y quién está tratando de reinstaurarla? Elemental, Watson, pues Moriarti, Mabuse, Fumanchú o cualquiera de las habituales fuerzas del mal que no hay Holmes ni Poirot ni CincoCero que sean capaces de poner cara porque no puede ser y además es imposible. 

Los que tenemos ya una edad sabemos por experiencia lo que es vivir cincuenta años pendientes de un botón. Al principio, claro, la gente se lo creía con el consiguiente terror instalado en sus almas, pero fueron pasando los años y cada vez más se lo tomaba todo a cachondeo. Los rusos, ¡ya te digo!, no apeaban la estocada de jarro ni para cagar como vulgarmente se dice. 

El mal, compañero inseparable de la estulticia, siempre ha señoreado y señoreará el mundo. No puede ser de otra manera. Lo único que cambia son sus formas. Antes era el botón y ahora son los virus. Y la próxima, sabe dios, porque tenemos la conciencia de que si no se hubiese inventado la idea de infierno seguiríamos habitando en las cavernas. El miedo, el terror, son la panacea. Lo que nos vuelve corderitos. Y ya saben que donde hay corderos, hay pastores. Con sus perros auxiliares, por supuesto. 

En fin, me da todo igual porque pienso que nada va a cambiar nunca si uno no se cambia a sí mismo. Y siempre se está a tiempo. Y hay multitud de opciones para escapar de los perros. Solo hay que querer. Querer es poder, fue el mantra que más veces escuché a mi padre. 

viernes, 18 de septiembre de 2020

Hazer concepto

 "Hazer concepto. Y más de lo que importa más. No pensando se pierden todos los necios: nunca conciben en las cosas la metad; y como no perciben el daño, o la conveniencia, tampoco aplican la diligencia. Hazen algunos mucho caso de lo que importa poco, y poco de lo que mucho, ponderando siempre al rebés. Muchos, por faltos de sentido, no le pierden. Cosas ai que se devrían observar con todo el conato y conservar en la profundidad de la mente. Haze concepto el sabio de todo, aunque con distinción caba donde ai fondo y reparo; y piensa tal vez que ai más de lo que piensa, de suerte que llega la reflexión adonde no llegó la aprehensión." 

Si hay alguien que dé más que me lo demuestren. Ni siquiera, pienso, Las Cartas a Lucilio "caban" tan hondo en la humana condición. Cada versículo del Oráculo Manual exige al menos media hora de cavilaciones antes de poder sosegar el ánimo. 

¡Dios, hasta qué punto toda mi vida ha estado condicionada por el hacer mucho caso de lo que importaba muy poco, y poco de lo que mucho! Digamos que eso es exactamente el arte de la necedad. Y el caso es que el que tuvo, retuvo, y no por otra cosa es que uno siga dando tumbos sin ton ni son. Claro, elemental, de donde nada hay nada se puede sacar, ni se puede perder el sentido si no se tiene. 

Así es como Gracián nos machaca la autoestima a la vez que nos proporciona el consuelo del mal de muchos, porque el que esté libre de necedad que tire la primera piedra. No en vano era lector de Erasmo, el del Elogio de la Estulticia, que no deja títere con cabeza ni esperanza de redención... así que ¡buena gana!

Y aquí es donde entra en juego el paisano y coetáneo de Gracián, Miguel de Molinos. Sí, las cosas son como son, nos vino a decir, pero para eso esta la gracia divina. Todas las tonterías, o mamonadas, que hacemos las hacemos porque Dios así lo quiere. Así que, quietos paraos y a dejarse llevar por lo que fuere que nos viene en gana. Desde luego que hay pocos libros que ayuden tanto a reconciliarse con uno mismo como La Guía Espiritual de Molinos. Su teorización del quietismo, o molinosismo como le llaman algunos, que viene a ser una especie de budismo, es el mejor camino para desembarazar el alma de preocupaciones y así llegar al ansiado nirvana. Ya se pueden suponer cómo se tomaron tales ideas los que mandaban por aquel entonces. Porque aquello venía a ser justamente lo que preconiza hoy día la disolvente socialdemocracia que nos señorea: la satisfacción inmediata de los deseos como motor de la economía, ergo el bienestar social. 

En resumidas cuentas, que a Molinos, que era un bendito, lo trincaron y le inventaron una historia para poder condenarlo: 

"No observaba el ayuno ni viernes ni sábado ni día de vigilia ni de cuaresma, sino que siempre comía carne, y el pez era sólo para aguzarse el apetito, juntamente con la carne. Haber tenido durante dieciocho años continuos comercio con una mujer (ésta también del Santo Oficio, y que cada mañana la hacía comunicar). Que para conseguir la libido, se hacía servir en la mesa y desnudarse a más mujeres desnudas, y otra veces estaba presente para ver mujeres y hombres desnudos entrelazarse juntos y relacionarse. De haber sido más veces sodomizado (acto que él decía que no era pecado porque no estaba escrito en el Decálogo, lo mismo que decía del bestialismo)."

Sí hay que tener mucho tiento con lo que se anda diciendo por ahí, porque como no le guste a los que mandan rápidamente te tachan de negacionista y ordenan al tribunal mediático que establezca tu condena. 

En fin, el caso es que no sé cómo, pero me fui por los cerros de Úbeda. ¡Ah, por cierto, que bello eufemismo eso de "hacerla comunicar cada mañana"

jueves, 17 de septiembre de 2020

Resumiendo

Hace ochenta años, medio mundo estaba convencido de que matar judíos era la solución de todos los problemas. Bueno, hace ochenta y los dos mil años para atrás, desde que pasó lo que pasó, o sea, que alguien mandó dar un escarmiento ejemplar al que se dedicaba a invitar a merendar panes y peces a todo quisqui. ¡Imagínense el desbarajuste que se debía haber montado allí con aquella lógica del todo gratis! Yo no sé si aquel alguien sensato sería judío o no, pero resulta obvio que a los que se habían acostumbrado a merendar gratis y de repente les habían suprimido el chollo había que darles un chivo o culpable. Vale, bien, pues un judío puede servir. Y, más, que a esa gente le da por pagar las meriendas de su propio bolsillo. 

En fin, no sé si habrán caído en la cuenta, pero les acabo de resumir la historia de la humanidad. La eterna y sañuda persecución por parte de los partidarios del todo gratis hacia los que prefieren pagarse de su bolsillo los caprichos. Miren a su alrededor y verán que es en esas en las que estamos. Y pierdan toda esperanza de que eso cambie algún día porque da la casualidad de que la naturaleza tiene establecido que todo lo que vive genera mecanismos de defensa para perpetuarse. Y querer merendar gratis es uno como otro cualquiera de esos mecanismos. O es que piensan ustedes que a efectos de supervivencia hay diferentes grados de licitud entre adular al que invita o estudiar cálculo para poder pagarse los caprichos. Olvídense, por dios, de las grandezas morales y demás cebos para incautos. Aquí lo único que cuenta es sobrevivir y si natura no me dio para poder resolver integrales me colmó de arte para chupar los culos adecuados. Y así, a trancas y barrancas el mundo sigue su curso procurando sensaciones de avance o retroceso en función de que predomine o no lo que mejor se acopla a las particulares herramientas de supervivencia de cada cual. 

Todo lo demás, palabrería para arrimar el ascua a tu sardina. 

       

miércoles, 16 de septiembre de 2020

Billie y Finneas

Billie Eilish y su hermano Finneas son un producto de, entre otras cosas supongo, el homeschooling, o sea, la autoeducación que decimos por aquí. En un documental dedicado a los Jeremias Jonhson que viven por los EEUU nos muestran a uno de ellos dedicado a enseñar a su hijo de diez años a sobrevivir en medio de la nada salvaje. Por otra parte compruebo que surgen como hongos por el mundo asociaciones dedicadas a promover una educación para los hijos salvaguardada de la influencia del Estado. Bueno, me digo, al fin podemos vislumbrar en lontananza una revolución que merece el nombre de tal. 

Hay que tener en cuenta que, por un lado, todo ser humano nace con la pasión por saber y, por otro, todos los padres quieren para sus hijos lo mejor, no por nada sino porque en que a los hijos les vaya bien está la clave del poder conciliar el sueño. Y ahí está el meollo de la cuestión, que hemos llegado a un punto en el que la mayoría de la gente necesita pastillas para dormir. Claro, estadísticas sobre este tipo de cosas, bien que se encarga el Estado de que no circulen por ahí. Mejor que los padres pontifiquen en el bar sobre los minutos que Messi ha estado en posesión del balón a lo largo de la liga. 

Yo pienso en todas estas cosas y una vez más siento vergüenza de mí. La verdad es que no me explico como puedo soportar tanta como llevo sobre mis espaldas. Pero, bueno, ese es otro asunto: una historia de desestimiento y cobardía. Porque allá por los comienzos de los setenta del siglo pasado, con los amigos, todos estrenando paternidad, no hablábamos de otra cosa que de la mejor educación posible para nuestros hijos. Que sí Summerhill, que si Montesori, que si Freinet, ¡jo, macho, estábamos a la vuelta de la esquina de todo lo guay habido y por haber sobre el tema en cuestión! Incluso fantaseábamos con crear una escuela a la medida de nuestros deseos. Pero, elemental, pasó lo que siempre pasa cuando se habla mucho, que se va la fuerza por la boca. Y así fue que confiamos la educación de nuestros hijos al Estado o similares, consecuencia de lo cual es que ahora necesitemos pastillas para dormir. 

Y no digo yo que si se extendiese la educación en casa fuesemos a llenar el mundo de Billies y Fineas, pero lo que sí me atrevería a asegurar es que íbamos a tener unos padres mucho más cultivados y también felices. Porque no hay cosa que más ayude a comprender que el enseñar ni nada que haga más feliz que el comprender. Así es que delegando la educación de los hijos nos estamos perdiendo la que quizá sea la mayor fuente de progreso personal que nos ofrece la vida. 

En fin, en lo personal, ya nada tiene remedio. Pero alivia comprobar que hay gente en el mundo que se ha enterado de lo que vale un peine en lo que a la educación hace: confiársela al Estado es la claudicación total. El perfecto camino de servidumbre para que nos entendamos. 


martes, 15 de septiembre de 2020

Saciedad

Subo al púlpito y leo: 

Evangelio según Gracián. Oráculo manual y arte de prudencia. Versículo 33. Saber abstraher: "que si es gran lición del vivir el saber negar, mayor será saberse negar a sí mismo, a los negocios, a los personages. Ai ocupaciones extrañas, polillas del precioso tiempo, y peor es ocuparse en lo impertinente que hacer nada. No basta para atento no ser entremetido, mas es menester procurar que no le entremetan. No ha de ser tan de todos, que no sea de sí mismo. Aun de los amigos no se ha de abusar, ni quiera más de ellos que lo que le concedieren. Todo lo demasiado es vicioso, y mucho más en el trato. Con esta cuerda templança se conserva mejor el agrado con todos, y la estimación, porque no se roza la preciosísima decencia. Tenga, pues, libertad de genio, apassionado de lo selecto, y nunca peque contra la Fe de su buen gusto." 

En su tratado "Sobre la brevedad de la vida" Séneca nos alerta sobre la perdida de tiempo. La vida no es corta, nos dice, lo que pasa es que nunca nos cansamos de tirar el tiempo por el retrete. Así es que como no hacemos nada de interés no nos queda nada para recordar y, sin recuerdos, es como si no se hubiese vivido. Por eso nos parece que la vida se nos va en un suspiro. 

Sí, gastamos la vida en estañas ocupaciones que so capa de querer ser honra de casa ajena son polilla de las nuestras. Y mira que nos lo tienen advertido, pero nos puede el ansia de notoriedad a bajo precio. 

Por lo demás, todo se reduce a saber arrancarse los colmillos de cuajo a tiempo. Así, desprovisto de tan perversa herramienta, verás pasar por tu lado las yugulares hermosas sin sentir la menor tentación. Es condición sine qua non, que le dicen, para iniciar una vida productiva que deje los suficientes recuerdos como para que a una edad razonable empieces a sentir saciedad y no te importe, sino todo lo contrario, iniciar la retirada. 

Bueno, les dejo porque me tengo que preparar. Hoy tengo simposio en Aguilar. Espero que me sirva para aclarar, al menos en parte, unas cuantas cuestiones a las no encuentro una explicación convincente. En fin, cosas que se hacen en persecución de esa saciedad redentora que les decía.  



lunes, 14 de septiembre de 2020

Hipotodo

 No es que se me haya ocurrido a mí en primera instancia, algo tan obvio, que cuando años después de haber llegado a la conclusión me puse a leer a Gracián pude constatar hasta que punto  tenía él elaborada esa intuición: solo los muertos en vida tienen miedo a morirse. Digamos que los hipocondríacos, esa gente que vive en un verdadero infierno hasta que su médico, desesperado ya, les dice: tenía usted razón y yo estaba equivocado, tiene usted cáncer. Ese es el verdadero momento de gloria del hipocondríaco, el saber que en adelante ya nadie le echará nada en cara por pasarse el día entre médicos y hablando de enfermedades.

Siempre lo dije y lo sigo manteniendo, que no hay multinacional más poderosa que la de la hipocondria. Ninguna, ni de lejos, se le aproxima en número de clientes y en la fidelidad de estos. Se puede confirmar lo que digo observando lo que pasa en las crisis económicas: cierran los negocios por millones menos los dedicados a suministrar polvos de la madre Celestina a los hipocondríacos y los de la cosmética que, no nos engañemos, viene a ser lo mismo, la ilusión de enmascarar una fealdad real o ficticia. Sí, esa es la cuestión, que cuando sacas a la gente de la lucha por la vida tiene todas las papeletas para volverse un hipocondríaco. Es decir un muerto viviente.  

Así que, a qué extrañarse por lo que está pasando. Esta sumisión a unas normas sanitarias absolutamente disparatadas. Gente de toda edad y condición convencida de que llevar mascarilla y restregarse las manos mil veces al día con antisépticos es lo que les está salvando de una muerte segura. Se les ve felices. Por fin, debe inferir su inconsciente, un poco de emoción en nuestras mierdosas vidas. Y por eso te miran con esa mezcla de desprecio y odio porque vas a tu aire pasando de todo: eres el espejo en el que reconocen su miseria moral. O su olor a cadáver. 

Sí, todo esto es un circo siniestro y no creo que haya sido neecesario un Moriarti o un Wofart para montarlo. De haber sido así ahí tendríamos a Serlock Holmes o al CincoCero de Hawai para echarnos una mano. No, la cosa es mucho más seria, se trata del típico espesamiento sanguíneo del cuerpo social que necesita de sangrías para mejorar. El hematocrito está por las nubes y no deja que la sangre circule con normalidad por la membrana alvéolo capilar, resultado de lo cual es una hipertensión pulmonar que aboca al fallo cardíaco. Sí, no cabe duda de que la cosa es grave y las pseudosangrías de los pasados meses no han engañado a nadie con dos dedos de frente. Solo se han muertos los viejos que estaban haciendo cola con la moneda en la boca frente a la barca. En definitiva, demasiado ruido para tan pocas nueces. 

Por cierto, les voy a aclarar porque se han muerto unos cuantos viejos más este año que los precedentes. Es sólo una cuestión estadística. Las expectativas de aumento de la esperanza de vida que no había dejado de creer en las últimas décadas de pronto se han estancado. Es como si se hubiese llegado a un límite, o una barrera como esa que ponen en Australia a los conejos para que no puedan invadir más territorio y seguir reproduciéndose. Son cuestiones meramente biológicas diseñadas por la naturaleza para perpetuar las especies. En fin, murieron unos cuantos viejos más y se repetirá seguramente los próximos años a no ser que se vuelvan a incrementar las expectativas de vida. ¡La estadística no engaña! Los políticos sí. Está en su ADN. 

En resumidas cuentas, que he dicho hipocondria en donde debiera haber dicho hipotodo, empezando por hipoloquehayquetener. 

sábado, 12 de septiembre de 2020

¡Consumid malditos!

 ¿Habéis visto a los políticos rozándose el codo unos a otros con una cierta contorsión del torso como si estuviesen danzando un minueto? ¡Dios, qué gente más ridícula! Me producen náuseas. Digo yo que si quieren hacen el paripé por qué no emplean para saludarse el procedimiento ancestral de los orientales: es higiénico y, sobre todo elegante. Pero, en fin, sería como lo de las peras del olmo. 

Porque,sí, los olmos nunca van a dar peras, pero tampoco va a haber mal en el mundo que por bien no venga. De hecho, ya, si bien te fijas, empieza a vislumbrarse una especie como de clarividencia anunciando un nuevo amanecer. No se sabe, como siempre ha sido, en qué va a consistir lo nuevo, pero cada vez más gente tiene la convicción de que lo que hay ha dejado de servir. 

¿Y qué es lo que hay que ha dejado de servir? Se lo diré: la socialdemocracia. ¿Y en qué consiste la socialdemocracia? Se lo diré también: un sistema político que trata de combatir la natural angustia y ansiedad de las masas desocupadas a causa tanto del desarrollo tecnológico como de la asfixiante tutela de los Estados por medio del consumismo. Una droga, en definitiva, que, como todas, so capa de liberar, esclaviza. Como si fuese un refresco que cuanto más lo bebes más sed tienes. 

Es, dicho en inglés que queda divino, un damned conundrum. En español diríamos un maldito galimatías. Porque, ¿en qué se habría de ocupar la gente si no se pasase la vida de aquí para allá a la búsqueda de quimeras? Estudiar, que es sin duda el mejor empleo, requiere de unas dotes naturales que los dioses escatiman. Otra opción, problemática en cualquier caso, sería la vuelta a los ritos a palo seco de cuando el antiguo régimen. Lo veía de niño, como las señoras algo acomodadas atravesaban el pueblo, misal y rosario en mano, a las horas de maitines y vísperas. Digamos que era una droga inocua... y, sobre todo, sostenible, como se dice ahora de lo que se quiere dignificar, o sea, lo que se quiere vender como si fuese una moto nueva cuando la realidad es que está averiada. Ya digo, damned, o maldito. 

En resumidas cuentas, cuando se quiere curar una enfermedad ya diagnosticada, de nada sirven los tratamientos sintomáticos. Lo suyo es atacar las causas de esos síntomas. Y, como les iba diciendo, las causas del síntoma de la desocupación son principalmente dos: uno,el desarrollo tecnológico que es absolutamente imparable por la propia naturaleza de las cosas; dos, la intromisión del Estado en nuestras vidas hasta dejarlas desprovistas de sentido, cosa que, si queremos, podemos cambiar. 

O sea que ya saben, tu principal enemigo es el que quiere solucionarte la vida, no solo en el plano de las necesidades sino, sobre todo, en el plano de los deseos que son la madre del consumismo. ¡Consumid, malditos! ¿Se acuerdan de aquella película?   

viernes, 11 de septiembre de 2020

Policías a gogó

Afortunadamente uno tiene con qué entretenerse en casa. Santi me envió el otro día "La música de los números primos" de Marcus Du Sautov. Por otra parte, Baltasar Gracián me tiene sorbido el seso con su "Oráculo manual y arte de prudencia". Y eso por no hablar de un manual de jazz que tenía por ahí arrumbado y he vuelto a retomar. También, tengo que confesar que de vez en cuando, para descomprimir, me pongo a ver vídeos de Alfredo Díaz y me parto el culo de risa. Y así, entre unas cosas y otras se va pasando la vida sin poner el pie en la calle más allá de los veinte metros que tengo que salvar para entrar en Ceraduey, ya saben, el supermercado de Agropal, la cooperativa palentina por antonomasia... afortunadamente el Estado todavía no ha metido la mano en la producción y distribución de alimentos, pero preocúpense porque todo se andará y los jóvenes, y no tan jóvenes, sabrán lo que son las cartillas de racionamiento. 

Sí, he decidido no salir a la calle si no es estrictamente necesario. Porque no me da la gana pisar la raya de la razón. Y no se crean que es la policía oficial la que me preocupa. Me han visto mil veces pasear sin mascarilla y no me han dicho nada. Pero, a medida que se han ido acumulando los días de locura y humillación se ha producido la inevitable paranoia colectiva que convierte a todos los ciudadanos en policías al servicio de la causa. Estos últimos días han sido numerosas las veces que la gente del común me ha interpelado de malos modos por no llevar bozal. Lo típico, en definitiva, de todas las dictaduras. Sobre todo de las comunistas, como la que nos estamos trayendo entre manos. Sí, sí, no me tomen por loco, digo comunista y digo bien, porque no otra cosa quiere esta gente que manda que negar al ser como individuo y ensalzar la masa. Para ellos es la masa la que se tiene que salvar a costa de primero humillar y luego suprimir al individuo. Los confinamientos, las mascarillas y todo eso no es más que el comienzo de un proceso que si no nos sublevamos ya saben en qué va a terminar... ¿o es que no han visto en qué se han convertido los cubanos? Todos mendigos haciendo cola por un mendrugo de pan. ¡Jo!, recuerdo a aquellos cubanos que venían a Liérganes los veranos de los cincuenta... eran todos reyes del mambo. Nos sacaban veinte pueblos de ventaja.

En fin, son los malos tragos de los que ninguna vida cumplida se salva. Afortunadamente hay mucha gente con muy buenas cabezas en la lucha contra el mal absoluto que representan estos gobernantes que tenemos por habernos dormido en los laureles. Hay que despertar y sacar las metralletas de la imaginación para restaurar la cordura. Estoy seguro de que lo conseguiremos. Los dioses están de nuestra parte. No les quepa la menor duda. 

jueves, 10 de septiembre de 2020

Pena, penita, pena

Como Israel de la Biblia, España también podría ser un pueblo del libro: el Pueblo de El Quijote. Imagínense como sería esto de civilizado si el común de la gente fuese todas las semanas un rato a un recinto sacralizado a debatir sobre los diversos significados de cualquier pasaje de El Quijote. Porque El Quijote, no lo duden, es un libro sagrado. No encontrarán en toda la historia de la humanidad un intento tan logrado de explicar en qué consiste la libertad individual, lo único, en definitiva, que hace al hombre cumplido o, como dice Don Baltasar, hombre de entereza, siempre de parte de la razón, con tal tesón de su propósito, que ni la pasión vulgar ni la violencia tirana le obliguen jamas a pisar la raya de la razón.

Pues sí, me gustaría conocer cuál es la proporción de españoles que ha leído El Quijote. De otros monumentos del Siglo de Oro, ya, ni me lo pregunto, porque estoy seguro de que no llega al 0,0001 % de la población. ¡Qué pena, penita, pena! Tener tanta riqueza al alcance de la mano y despreciarla de tal modo. ¿Por qué tiene que ser así? 

En fin, las cosas son como son y por eso, en eso que llaman imaginario popular, se sigue creyendo que los gigantes que veía don Quijote eran en realidad molinos de viento. Claro, eso es lo que pasa cuando ese imaginario en vez de construirse en los recintos sagrados surge como por ensalmo de las barras de los bares. Primera consecuencia de todo lo cual es que, en vez de crear starups como hacen los pueblos del libro, aquí todos queremos ser funcionarios para poder seguir viendo molinos de viento en lo que son gigantes. 

Sí, convénzanse, todas nuestras desgracias como pueblo vienen del desprecio que mostramos a nuestra historia, o a nuestros profetas por decirlo en el sentido metafórico que emplean los pueblos del libro. Porque, no se engañen, El Quijote tiene algo como de revelación. Como de un mensaje que nos envían de lo más alto para instarnos a que seamos individuos libremente constituidos de una vez por todas. Que muramos, eso sí, matando si es preciso, antes que vivir sometidos a cualquier tiranía del tipo que sea. Es, para que nos entendamos, la puntilla que quiere poner fin a la moribunda mariconería que se inauguró con el desdichado Sermón de la Montaña. Pobre de espíritu, dice don Quijote, mejor que lo sea tu puta madre. Yo, añade, allí donde veo un gigante, allí que voy a por él. Y es que ¿qué otra posibilidad hay de llegar a ser persona? 


miércoles, 9 de septiembre de 2020

Nuevo orden

Haciendo de tripas corazón he salido a hacer ejercicio. Cuando ya volvía para casa era justo la hora en la que los niños entran en los colegios. Absolutamente deprimente. Todos los niños con tapabocas. Sigo camino y, ya, cerca de casa, veo a un joven que saca un frasquito y vierte su contenido sobre sus manos y luego se las frota. Ya estoy abriendo la puerta del portal y veo a dos hombres realizando la misma operación de desinfección de manos. Espero que algún día alguien tenga que responder por haber montado esta monstruosidad. Porque esa es la cuestión, que se ha llegado muy lejos. Ya en casa, veo un vídeo en el que la policía detiene a un chaval por no llevar mascarilla. Una escena bochornosa. Sigo en YouTube y veo a Colin Rivas entrevistando a Coto Matamoros. ¡Uf, por fin una corriente de aire fresco! Dice Coto que los quince últimos años del franquismo por comparación a lo que hay ahora eran gloria bendita. No puedo estar más de acuerdo. 

Supongo que todo este horrendo circo que nos han montado los políticos en comandita con periodistas y los ceos de los oligopolios no es otra cosa que parte de la guerra cultural en curso. Guerra que según me explicaba el otro día un chaval, militar de carrera él, no es otra cosa que un Hayek emergente contra un Keynes en declive. Y, claro, no es difícil entender la virulencia que lleva el ferrocarril, porque se da el caso de que la supremacía de Keynes durante el último siglo ha supuesto un cómodo modus vivendi para los millones de parásitos que chupaban de la teta del Estado. Y así es como hemos llegado a que en la actualidad haya más gente mamando de que nutriendo la teta. Claro que la teta sigue turgente, pero lo que tiene dentro no nutre ya. Es el dinero sin valor que le inyectan los bancos centrales. Así es que cada vez más gente cae en la cuenta de que le están tomando el pelo y se inclina hacia opciones con sabor a pionero, o sea, de cuando cada cual velaba por lo suyo. 

Esto, sin duda, va a ser muy duro. Porque la gente no suelta así como así sus privilegios. Y es que a los señoritos de toda la vida les resulta insoportable la idea de ponerse a trabajar. Lo estamos viendo en EEUU que es en donde en definitiva se libran todas las grandes batallas. De pronto un libertario se alza con el poder aupado por las gentes de behetría. Todos esos rancheros del medio oeste que no quieren oír hablar de Sistema Nacional de Salud ni cosas por el estilo. Nosotros, dicen, sabemos cómo apañárnoslas y, también, como disparar las armas si nos obligan a ello. Quijotes al poder, como nunca debió dejar de ser. 

Bueno, lo vimos ya en los 80 del siglo pasado cuando ganaron Reagan y Thacher y, ahora, con la típica rabia del que se sabe perdedor sin remisión, a propósito de Trump. De nada les va a servir. El poder de la masa es nada frente al del individuo que despierta. Yo no voy a manifestaciones, pero si me tocan las pelotas saco mi arsenal y disparo. Y punto. Sí, hasta que no se consolide el nuevo orden hayeksiano esto va a estar muy revuelto. Con o sin mascarillas.     

martes, 8 de septiembre de 2020

Gato encerrado

Lo de la conspiranoia siempre me ha parecido algo propio de la debilidad mental. He tendido a interpretar que las cosas raras que pasan son un mero producto de la casualidad. Suponer que detrás de una confluencia de sucesos desafortunados hay una mente maligna es, pienso, tener excesiva confianza en las posibilidades de la inteligencia humana. Pero el caso es que mis convicciones al respecto están empezando a tambalearse: ¡casualidades sí, pero tantas al mismo tiempo! Claro que puede que todo sea debido a que mis neuronas han entrado en declive, cuesta abajo y sin frenos... que ya les iba tocando. 

Veo el vídeo de un tipo que se ha ido a Bielorrusia a comprobar como se han desarrollado allí las cosas. Ya saben que en Bielorrusia hay un tirano implacable que, en las presentes circunstancias, ha decidido que la vida siga como si tal cosa: ni confinamientos, ni mascarillas, ni nada de nada. Pues bien, no ha pasado nada de particular. Los ingresos en los hospitales han sido como los de cada año y las muertes lo mismo. Y no se crean que es que como aquello es una dictadura la realidad se ha tapado, no, ni mucho menos, en las dictaduras siempre hay una oposición al acecho de cualquier cosa que sea que pueda perjudicar al dictador. Lo que en realidad ha sucedido es que, al no histerificar a la sociedad, la gente, como siempre ha sido, ha pelado esta gripe en casa. 

Bueno, imagínense cómo estarían los hospitales aquí en España si hubiese algo de verdad en el invento. Millones de personas amontonados en terrazas y bares hablando a grito pelado. Puntos de respiración, como les llama Alfredo Diaz. O sea, por la calle un peligro mortal el ir sin mascarilla, dentro del bar me acojo a sagrado y aquí me las den todas. No, miren ustedes, aquí tiene que haber gato encerado, porque es que, además, parece ser que en los hospitales los sanitarios poco menos que tocándose las bolas. 

Lo que sí que es verdad es que esta plandemia ha llevado en unos casos la alegría y en otros la esperanza a muchas familias y eso puede ser lo que explique el apoyo que encuentra el gobierno entre las masas enchusmatizadas. Porque todo esto ha ido y va de viejos. Los viejos sobramos. Por lo tanto, si la palmamos, alivio financiero tanto para el Estado como para las familias. ¿Se imaginan los saltos de alegría de una familia que viene pagando hace años una residencia si el viejo momificado la palma? Porque es que se estaba llevando todo el patrimonio familiar por delante. O, incluso, sin estar tan mal, si así, de pronto, casca y me caen unas pesetillas para acabar de pagar la hipoteca... ¡Gloria bendita! 

Sí, me está empezando a parecer que aquí hay intencionalidades ocultas. Porque tanta irracionalidad pasando desapercibida... ¡sabe dios! Pero, yo, se lo aseguro, estoy al límite de mi aguante. No sé, si al menos tuviese una metralleta para ir a matar periodistas, políticos y oligarcas en general... porque me están amargando lo poco que me queda. 

viernes, 4 de septiembre de 2020

Oráculo manual

"milicia es la vida del hombre contra la malicia del hombre, pelea la sagacidad con estratagemas de intención."

Leí en cierta ocasión que el "Oráculo manual y arte de prudencia" era un libro muy apreciado por los círculos financieros de Wall Street. Y el caso es que ahora que me estoy demorando con él entiendo a la perfección que pueda ser libro de cabecera de los que viven como quien dice en el filo de la navaja. Porque para vivir en ese sitio tan estresante la herramienta más útil es sin duda el colmillo retorcido, o sea, el estar de vuelta de todo o, como también se dice, tener más conchas que un galápago. 

Un libro difícil donde los haya. Y desde luego de todo punto indigerible para estas hordas del fingido buenismo que nos asolan. Digamos, que socialdemócratas en general. Aunque, por otra parte, tampoco creo que se vaya a dar el caso de que uno de esos manginas planchabragas se sienta tentado de ponerse a la tarea de leerlo. En fin.

Pues sí, Gracián, el límite de lo posible en lo que a reconocimiento de sí mismo hace. ¡Por dios bendito, pero cómo es posible que uno se haya equivocado tanto en la vida! Ni siquiera haciéndolo a propósito se puede conseguir estulticia tan perfecta. Bueno, de vez en cuando das con algo que te redime un poco, pero solo es un respiro para volver con más fuerza a la flagelación. Puro masoquismo: la mejor escuela de vida, para que nos vamos a engañar. 

miércoles, 2 de septiembre de 2020

Reacción en cadena

Para mí que en este circo que han montando los gobiernos están empezando a crecer los enanos. Por supuesto que han conseguido imponer el terror entre la ciudadanía, les han convertido en policías de sus vecinos, nada nuevo, pero, como es inevitable, a esa acción de los gobiernos ya le ha empezado a surgir la consecuente reacción de ese mínimo porcentaje de población que no puede soportar que le pastoreen. Y ya saben como va esta cosa de las reacciones, que una vez comenzadas se desatan en cadena y cada día que pasa se multiplican por mil. O sea, que o mucho me equivoco o de aquí a un mes vamos a ver cosas la mar de interesantes. 

Pero, bueno, al margen de lo que vaya o no a pasar, lo que me tiene realmente perplejo es comprobar hasta qué punto es mierdosa la gente. Vas por medio del campo, por supuesto sin mascarilla, ¡faltaría más!, y, allá a lo lejos, ves a un señor de esos que a buen seguro blasonó más de una vez en la barra del bar de su pueblo o barrio de tener unos cojones como el caballo de Espartero, le ves, digo, levantándose la mascarilla hasta casi taparse los ojos para que no le contamines con tus miasmas. ¿Pero cómo puede ser? Pues es. Así es la condición humana por lo general, un verdadero asco. 

Así es que, si antaño ya apuntaba uno formas, en lo sucesivo ni te digo. Quitando media docena de quijotes que conozco, ni aún pidiéndome audiencia me van a ver el pelo. ¡Por dios bendito, pero de qué tienen miedo si ya llevan muertos...!  

Por cierto, no me he puesto la mascarilla ni un segundo para andar por la calle y que conste que me han visto cientos de policías y han pasado de largo. Y tampoco nadie me ha dicho nadie. Seguramente tengo pinta de loco, como el homeless de mi barrio que tampoco la lleva y a nadie se le ocurre reprenderle.