martes, 8 de septiembre de 2020

Gato encerrado

Lo de la conspiranoia siempre me ha parecido algo propio de la debilidad mental. He tendido a interpretar que las cosas raras que pasan son un mero producto de la casualidad. Suponer que detrás de una confluencia de sucesos desafortunados hay una mente maligna es, pienso, tener excesiva confianza en las posibilidades de la inteligencia humana. Pero el caso es que mis convicciones al respecto están empezando a tambalearse: ¡casualidades sí, pero tantas al mismo tiempo! Claro que puede que todo sea debido a que mis neuronas han entrado en declive, cuesta abajo y sin frenos... que ya les iba tocando. 

Veo el vídeo de un tipo que se ha ido a Bielorrusia a comprobar como se han desarrollado allí las cosas. Ya saben que en Bielorrusia hay un tirano implacable que, en las presentes circunstancias, ha decidido que la vida siga como si tal cosa: ni confinamientos, ni mascarillas, ni nada de nada. Pues bien, no ha pasado nada de particular. Los ingresos en los hospitales han sido como los de cada año y las muertes lo mismo. Y no se crean que es que como aquello es una dictadura la realidad se ha tapado, no, ni mucho menos, en las dictaduras siempre hay una oposición al acecho de cualquier cosa que sea que pueda perjudicar al dictador. Lo que en realidad ha sucedido es que, al no histerificar a la sociedad, la gente, como siempre ha sido, ha pelado esta gripe en casa. 

Bueno, imagínense cómo estarían los hospitales aquí en España si hubiese algo de verdad en el invento. Millones de personas amontonados en terrazas y bares hablando a grito pelado. Puntos de respiración, como les llama Alfredo Diaz. O sea, por la calle un peligro mortal el ir sin mascarilla, dentro del bar me acojo a sagrado y aquí me las den todas. No, miren ustedes, aquí tiene que haber gato encerado, porque es que, además, parece ser que en los hospitales los sanitarios poco menos que tocándose las bolas. 

Lo que sí que es verdad es que esta plandemia ha llevado en unos casos la alegría y en otros la esperanza a muchas familias y eso puede ser lo que explique el apoyo que encuentra el gobierno entre las masas enchusmatizadas. Porque todo esto ha ido y va de viejos. Los viejos sobramos. Por lo tanto, si la palmamos, alivio financiero tanto para el Estado como para las familias. ¿Se imaginan los saltos de alegría de una familia que viene pagando hace años una residencia si el viejo momificado la palma? Porque es que se estaba llevando todo el patrimonio familiar por delante. O, incluso, sin estar tan mal, si así, de pronto, casca y me caen unas pesetillas para acabar de pagar la hipoteca... ¡Gloria bendita! 

Sí, me está empezando a parecer que aquí hay intencionalidades ocultas. Porque tanta irracionalidad pasando desapercibida... ¡sabe dios! Pero, yo, se lo aseguro, estoy al límite de mi aguante. No sé, si al menos tuviese una metralleta para ir a matar periodistas, políticos y oligarcas en general... porque me están amargando lo poco que me queda. 

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