sábado, 12 de septiembre de 2020

¡Consumid malditos!

 ¿Habéis visto a los políticos rozándose el codo unos a otros con una cierta contorsión del torso como si estuviesen danzando un minueto? ¡Dios, qué gente más ridícula! Me producen náuseas. Digo yo que si quieren hacen el paripé por qué no emplean para saludarse el procedimiento ancestral de los orientales: es higiénico y, sobre todo elegante. Pero, en fin, sería como lo de las peras del olmo. 

Porque,sí, los olmos nunca van a dar peras, pero tampoco va a haber mal en el mundo que por bien no venga. De hecho, ya, si bien te fijas, empieza a vislumbrarse una especie como de clarividencia anunciando un nuevo amanecer. No se sabe, como siempre ha sido, en qué va a consistir lo nuevo, pero cada vez más gente tiene la convicción de que lo que hay ha dejado de servir. 

¿Y qué es lo que hay que ha dejado de servir? Se lo diré: la socialdemocracia. ¿Y en qué consiste la socialdemocracia? Se lo diré también: un sistema político que trata de combatir la natural angustia y ansiedad de las masas desocupadas a causa tanto del desarrollo tecnológico como de la asfixiante tutela de los Estados por medio del consumismo. Una droga, en definitiva, que, como todas, so capa de liberar, esclaviza. Como si fuese un refresco que cuanto más lo bebes más sed tienes. 

Es, dicho en inglés que queda divino, un damned conundrum. En español diríamos un maldito galimatías. Porque, ¿en qué se habría de ocupar la gente si no se pasase la vida de aquí para allá a la búsqueda de quimeras? Estudiar, que es sin duda el mejor empleo, requiere de unas dotes naturales que los dioses escatiman. Otra opción, problemática en cualquier caso, sería la vuelta a los ritos a palo seco de cuando el antiguo régimen. Lo veía de niño, como las señoras algo acomodadas atravesaban el pueblo, misal y rosario en mano, a las horas de maitines y vísperas. Digamos que era una droga inocua... y, sobre todo, sostenible, como se dice ahora de lo que se quiere dignificar, o sea, lo que se quiere vender como si fuese una moto nueva cuando la realidad es que está averiada. Ya digo, damned, o maldito. 

En resumidas cuentas, cuando se quiere curar una enfermedad ya diagnosticada, de nada sirven los tratamientos sintomáticos. Lo suyo es atacar las causas de esos síntomas. Y, como les iba diciendo, las causas del síntoma de la desocupación son principalmente dos: uno,el desarrollo tecnológico que es absolutamente imparable por la propia naturaleza de las cosas; dos, la intromisión del Estado en nuestras vidas hasta dejarlas desprovistas de sentido, cosa que, si queremos, podemos cambiar. 

O sea que ya saben, tu principal enemigo es el que quiere solucionarte la vida, no solo en el plano de las necesidades sino, sobre todo, en el plano de los deseos que son la madre del consumismo. ¡Consumid, malditos! ¿Se acuerdan de aquella película?   

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