Haciendo de tripas corazón he salido a hacer ejercicio. Cuando ya volvía para casa era justo la hora en la que los niños entran en los colegios. Absolutamente deprimente. Todos los niños con tapabocas. Sigo camino y, ya, cerca de casa, veo a un joven que saca un frasquito y vierte su contenido sobre sus manos y luego se las frota. Ya estoy abriendo la puerta del portal y veo a dos hombres realizando la misma operación de desinfección de manos. Espero que algún día alguien tenga que responder por haber montado esta monstruosidad. Porque esa es la cuestión, que se ha llegado muy lejos. Ya en casa, veo un vídeo en el que la policía detiene a un chaval por no llevar mascarilla. Una escena bochornosa. Sigo en YouTube y veo a Colin Rivas entrevistando a Coto Matamoros. ¡Uf, por fin una corriente de aire fresco! Dice Coto que los quince últimos años del franquismo por comparación a lo que hay ahora eran gloria bendita. No puedo estar más de acuerdo.
Supongo que todo este horrendo circo que nos han montado los políticos en comandita con periodistas y los ceos de los oligopolios no es otra cosa que parte de la guerra cultural en curso. Guerra que según me explicaba el otro día un chaval, militar de carrera él, no es otra cosa que un Hayek emergente contra un Keynes en declive. Y, claro, no es difícil entender la virulencia que lleva el ferrocarril, porque se da el caso de que la supremacía de Keynes durante el último siglo ha supuesto un cómodo modus vivendi para los millones de parásitos que chupaban de la teta del Estado. Y así es como hemos llegado a que en la actualidad haya más gente mamando de que nutriendo la teta. Claro que la teta sigue turgente, pero lo que tiene dentro no nutre ya. Es el dinero sin valor que le inyectan los bancos centrales. Así es que cada vez más gente cae en la cuenta de que le están tomando el pelo y se inclina hacia opciones con sabor a pionero, o sea, de cuando cada cual velaba por lo suyo.
Esto, sin duda, va a ser muy duro. Porque la gente no suelta así como así sus privilegios. Y es que a los señoritos de toda la vida les resulta insoportable la idea de ponerse a trabajar. Lo estamos viendo en EEUU que es en donde en definitiva se libran todas las grandes batallas. De pronto un libertario se alza con el poder aupado por las gentes de behetría. Todos esos rancheros del medio oeste que no quieren oír hablar de Sistema Nacional de Salud ni cosas por el estilo. Nosotros, dicen, sabemos cómo apañárnoslas y, también, como disparar las armas si nos obligan a ello. Quijotes al poder, como nunca debió dejar de ser.
Bueno, lo vimos ya en los 80 del siglo pasado cuando ganaron Reagan y Thacher y, ahora, con la típica rabia del que se sabe perdedor sin remisión, a propósito de Trump. De nada les va a servir. El poder de la masa es nada frente al del individuo que despierta. Yo no voy a manifestaciones, pero si me tocan las pelotas saco mi arsenal y disparo. Y punto. Sí, hasta que no se consolide el nuevo orden hayeksiano esto va a estar muy revuelto. Con o sin mascarillas.
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