lunes, 14 de septiembre de 2020

Hipotodo

 No es que se me haya ocurrido a mí en primera instancia, algo tan obvio, que cuando años después de haber llegado a la conclusión me puse a leer a Gracián pude constatar hasta que punto  tenía él elaborada esa intuición: solo los muertos en vida tienen miedo a morirse. Digamos que los hipocondríacos, esa gente que vive en un verdadero infierno hasta que su médico, desesperado ya, les dice: tenía usted razón y yo estaba equivocado, tiene usted cáncer. Ese es el verdadero momento de gloria del hipocondríaco, el saber que en adelante ya nadie le echará nada en cara por pasarse el día entre médicos y hablando de enfermedades.

Siempre lo dije y lo sigo manteniendo, que no hay multinacional más poderosa que la de la hipocondria. Ninguna, ni de lejos, se le aproxima en número de clientes y en la fidelidad de estos. Se puede confirmar lo que digo observando lo que pasa en las crisis económicas: cierran los negocios por millones menos los dedicados a suministrar polvos de la madre Celestina a los hipocondríacos y los de la cosmética que, no nos engañemos, viene a ser lo mismo, la ilusión de enmascarar una fealdad real o ficticia. Sí, esa es la cuestión, que cuando sacas a la gente de la lucha por la vida tiene todas las papeletas para volverse un hipocondríaco. Es decir un muerto viviente.  

Así que, a qué extrañarse por lo que está pasando. Esta sumisión a unas normas sanitarias absolutamente disparatadas. Gente de toda edad y condición convencida de que llevar mascarilla y restregarse las manos mil veces al día con antisépticos es lo que les está salvando de una muerte segura. Se les ve felices. Por fin, debe inferir su inconsciente, un poco de emoción en nuestras mierdosas vidas. Y por eso te miran con esa mezcla de desprecio y odio porque vas a tu aire pasando de todo: eres el espejo en el que reconocen su miseria moral. O su olor a cadáver. 

Sí, todo esto es un circo siniestro y no creo que haya sido neecesario un Moriarti o un Wofart para montarlo. De haber sido así ahí tendríamos a Serlock Holmes o al CincoCero de Hawai para echarnos una mano. No, la cosa es mucho más seria, se trata del típico espesamiento sanguíneo del cuerpo social que necesita de sangrías para mejorar. El hematocrito está por las nubes y no deja que la sangre circule con normalidad por la membrana alvéolo capilar, resultado de lo cual es una hipertensión pulmonar que aboca al fallo cardíaco. Sí, no cabe duda de que la cosa es grave y las pseudosangrías de los pasados meses no han engañado a nadie con dos dedos de frente. Solo se han muertos los viejos que estaban haciendo cola con la moneda en la boca frente a la barca. En definitiva, demasiado ruido para tan pocas nueces. 

Por cierto, les voy a aclarar porque se han muerto unos cuantos viejos más este año que los precedentes. Es sólo una cuestión estadística. Las expectativas de aumento de la esperanza de vida que no había dejado de creer en las últimas décadas de pronto se han estancado. Es como si se hubiese llegado a un límite, o una barrera como esa que ponen en Australia a los conejos para que no puedan invadir más territorio y seguir reproduciéndose. Son cuestiones meramente biológicas diseñadas por la naturaleza para perpetuar las especies. En fin, murieron unos cuantos viejos más y se repetirá seguramente los próximos años a no ser que se vuelvan a incrementar las expectativas de vida. ¡La estadística no engaña! Los políticos sí. Está en su ADN. 

En resumidas cuentas, que he dicho hipocondria en donde debiera haber dicho hipotodo, empezando por hipoloquehayquetener. 

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