China fabrica virus híbridos, reza la noticia. ¿Qué quiere decir eso? ¿Algo? ¿Nada? Pues sí, quiere decir algo. Concretamente que se está tratando por todos los medios de reinstaurar aquella guerra que llamaron Fría y que tan buenos resultados dio a la humanidad. ¿Y quién está tratando de reinstaurarla? Elemental, Watson, pues Moriarti, Mabuse, Fumanchú o cualquiera de las habituales fuerzas del mal que no hay Holmes ni Poirot ni CincoCero que sean capaces de poner cara porque no puede ser y además es imposible.
Los que tenemos ya una edad sabemos por experiencia lo que es vivir cincuenta años pendientes de un botón. Al principio, claro, la gente se lo creía con el consiguiente terror instalado en sus almas, pero fueron pasando los años y cada vez más se lo tomaba todo a cachondeo. Los rusos, ¡ya te digo!, no apeaban la estocada de jarro ni para cagar como vulgarmente se dice.
El mal, compañero inseparable de la estulticia, siempre ha señoreado y señoreará el mundo. No puede ser de otra manera. Lo único que cambia son sus formas. Antes era el botón y ahora son los virus. Y la próxima, sabe dios, porque tenemos la conciencia de que si no se hubiese inventado la idea de infierno seguiríamos habitando en las cavernas. El miedo, el terror, son la panacea. Lo que nos vuelve corderitos. Y ya saben que donde hay corderos, hay pastores. Con sus perros auxiliares, por supuesto.
En fin, me da todo igual porque pienso que nada va a cambiar nunca si uno no se cambia a sí mismo. Y siempre se está a tiempo. Y hay multitud de opciones para escapar de los perros. Solo hay que querer. Querer es poder, fue el mantra que más veces escuché a mi padre.
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