sábado, 30 de octubre de 2021

De lesa humanidad

Pizarro, por poner un ejemplo, era analfabeto. Lo cual no le impidió llevar a cabo una de las mayores empresas civilizatorias de la historia moderna. Sí, ya sé que hoy día está muy cuestionado por el socialismo rampante eso de que fuesen civilizatorias aquellas empresas, pero voy a pasar de ello porque, como se decía antaño, a palabras necias, oídos sordos. A lo que quiero ir es a que lo que hizo Pizarro solo se puede hacer con una cabeza bien amueblada. O sea, que para nada saber leer y escribir le hace a uno más sabio. No niego que en ocasiones puede ayudar, pero, también, a veces, solo sirve para idiotizar a causa de poder acceder a lecturas a las que no se tiene derecho. Porque, miren ustedes, entre las verdades incontrovertibles que asolan el mundo desde que Lutero clavase aquellas noventa y cinco tesis en la puerta de la iglesia del palacio de Wittenberg destaca la que hace referencia a la educación pública que, según los protestantes, y por supuesto sus herederos los sociatas, es la mejor cosa del mundo mundial para que los de abajo aprendan a obedecer a los de arriba. 

El caso es que sigo con mis escuchas de Rothbard mientras sigo paseando por los muelles del pesquero. Ahora, concretamente, el Manifiesto Libertario. Pocos temas, si es que alguno, de los candentes de la vida deja de lado ese libro . Pero de entre todos ellos el que más me ha impactado es el dedicado a la educación pública. Y es que justo lo que dice sobre el particular es lo que yo venía intuyendo desde que me liberé de las anteojeras que me había colocado la buena vida, entendiendo por buena adaptarse sin reservas a la condición de muerto viviente que proporciona el disfrutar de una renta vitalicia a expensas de los contribuyentes. Sí, paradojas de la vida, es muy duro acostumbrarse a vivir sin tener que luchar por la subsistencia. Porque, en realidad, eso no es vivir. Es pasear por el mundo el propio cadáver. Pero en fin, vayamos a lo de la educación pública. 

 Sostiene Rothbard que la educación pública es el mayor atentado a la libertad individual elevando el delito a la categoría de crimen contra la humanidad. Es, dice, un intento perverso de uniformizar lo que por naturaleza es distinto, siendo, precisamente, la diversidad de los individuos la mayor riqueza de la que dispone el mundo. Ese empeño que vienen teniendo las clases medias de unos siglos para acá de que todos los niños sean como sus hijos, capaces de recitar la lista de los reyes godos sin equivocarse ni en uno. Es absurdo no dejar que cada uno siga sus propias inclinaciones y las cultive de una forma natural. Pero, claro, así no se aprende lo que a los que mandan les interesa que se aprenda por encima de todo, es decir, a obedecer las leyes del Estado. A pagar con resignación todos los impuestos, a ir de buen grado a la guerra, a mirar tres o cuatro horas al día la televisión pública... claro que decir televisión pública es un puro pleonasmo... en fin, a hacer todo lo que beneficia a la mafia estatal.  

No voy a seguir porque para qué si está más claro que el agua que debido a esa política estatal es como hemos llegado a estar saturados de médicos, ingenieros, abogados, etc., y, sin embargo, absolutamente faltos de todos esos oficios que tradicionalmente se traspasaban de padres a hijos... y que proporcionaban una buena vida. Pero claro, hubo que insistir en lo de los rangos para acomplejar a los que, por muy útiles que fueran y muy bien que se ganasen la vida, no habían pasado por la universidad. Sí, todo esto de la educación, de Lutero para acá, ha sido un crimen de lesa humanidad.    

2 comentarios:

  1. Llevo más de 30 años en la educación. He trabajado en la pública y en la privada y solo en esta última he encontrado la unificación y el adoctrinamiento. En la pública la diversidad de profesionales, la libertad de cátedra y los diferentes programas para que personas diferentes encuentren su camino, siempre me ha parecido el mejor reflejo de la sociedad. Los alumnos llegan de familias diferentes, de barrios y poblados que no tienen nada que ver. Ha habido años en que mi aula era una representación de la ONU. En el sistema público siempre he crecido y he notado como mis alumnos y alumnas iban más allá de lo académico, se implicaban con sus compañeros con su barrio y con el mundo tan inefable que nos ha tocado vivir. A veces conviene probar aquello que se critica con palabras de otro. Creerlas y considerarlas criterio de autoridad sin comprobarlas ni cuestionarlas es haber desaprovechado la educación recibida sea esta pública o privada.

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  2. No sé qué te hace pensar que no he probado aquello que critico. Lo que sí hago es confirmar mi particular manera de ver las cosas con el juicio que sobre ellas emiten personas como Rothbard o Anxo Bastos. He conocido a muchos profesores de extrarradio de grandes ciudades y me apoyo en lo que he hablado con ellos. Desde luego que no parecía un camino de rosas su trabajo. Pero esto sería largo de considerar. En cualquier caso no hago juicios ad hominen; sé de sobra que hay de todo, pero los resultados a la vista están. Treintaitantos por ciento de paro juvenil. ¿Es que la enseñanza que se recibe nada tiene que ver con eso? ¿O acaso solo es debido a la perversidad del sistema capitalista?

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