jueves, 31 de agosto de 2017

De los periodicos



"No sin mi perra... Que esto cambie ya, por favor".[El 59% de las mujeres maltratadas no son capaces de irse del hogar a causa de la preocupación por sus animales de compañía. A esto se añade que el 86% de los maltratadores tienen antecedentes de violencia hacia las mascotas de la casa...

Bueno, esto es lo que hay y al parecer todo el mundo está encantando de que así sea. A buen seguro El Gran Corruptor, esté donde esté, no dejará ni un momento de sentir una hemorragia de satisfacción. El mundo está a sus pies: ya prácticamente nadie sobrepasa la edad mental de los ocho años. Apuesto con ustedes lo que quieran a que el próximo presidente de gobierno socialista legaliza los matrimonios entre especies animales. Para que luego digan que no existen diferencias entre izquierdas y derechas. 

Por mi parte estoy encantado de que a gente tan idiota la zurren porque esa es la única posibilidad, por pequeña que sea, de que aprendan algo. Aunque no sé porque a mí me zurraron bastante y ya ven. 

Metano

Como la inmensa mayoría de los mortales, supongo, me he pasado la vida intentando dar el pego. Porque no otra es la artimaña de la que nos servimos los que ni estamos dotados para nada en especial ni mucho menos estamos dispuestos a suplir esa carencia dando el callo de lo lindo. Y así, mi ánimo oscila entre la euforia y la depresión según piense que me he dado arte o no para representar mi ficción. Porque la realidad, no me engaño, ha sido tan anodina, cuando no despreciable, que en lógica shopenhaueriana no tengo ninguna razón para insistir en mi permanencia. Así todo, hay días o momentos en los que uno mira alrededor y ve cosas que le hacen pensar que, por comparación, uno pudiera estar unos cuantos años luz por encima de ciertos congéneres, lo cual, la verdad, ayuda a relativizar la propia baja autoestima. Es lo que me pasa cuando veo imágenes de esa fiesta que llaman tomatina. 

Ya les he dicho demasiadas veces que por más que indago no encuentro respuestas racionales a qué puede llevar a las personas a hacer un montón de cosas, desde el yihadismo a recoger caquitas de perro por las calles, pero eso no es nada comparado con cuando me pregunto por los motivos que puedan tener tantos, y de tan lejanos lugares a veces, para asistir a la tomatina. Por más que lo intento no encuentro mamarachada mayor, y mira que las vemos grandes. 

Claro, se podría pensar que como lo veo desde mi perspectiva provecta es fácil que así lo considere, pero no, estoy convencido de que ni en mis peores años adolescentes hubiese cedido a semejante curiosidad. Y no es que yo sea como Penteo que pretendía tener a Dionisos bajo candado, pero pienso, creo que con razón, que en la forma de tributarle, precisamente a este dios, la honra que se le debe es donde mejor se aprecia el grado de civilización y la clase de las personas. Y reconozco que alguna vez la insana curiosidad me ha llevado a subir al Citerón a ver en qué consistía eso de las bacantes. Incluso, no lo oculto, alguna vez me atreví a sumarme a sus danzas desquiciadas y, lo confieso, todavía hoy es el día en el no he podido curarme de sentir vergüenza de mí cada vez que lo recuerdo.

En fin, ahora que tanto se habla del calentamiento global y demás previsiones apocalípticas sostenidas por las ciencias probabilisticas, no sé yo si para empezar a ahuyentar a tanto fantasma como nos acecha no sería bueno reconsiderar el culto que le estamos dando a Dionisos, a todas luces desaforado a mi juicio. ¡Con la de metano que eso produce!  

miércoles, 30 de agosto de 2017

Un mapa de Francia

Cuando el príncipe heredero tenía su primera polución nocturna su ayudante de cámara corría a contarle al rey que el príncipe había hecho en la cama un mapa de Francia. Entonces el rey indefectiblemente contestaba: pues habrá que buscarle una esposa. No tengo ni idea de si con semejante drástica medida se cortarían las tremendas convulsiones mentales de la adolescencia. Tomar conciencia de la hostilidad del mundo o, simplemente, de la necesidad de competir para poder ser alguien es algo que por definición se hace con dolor. Y supongo que ser príncipe heredero y disponer de palacio propio y princesas en la cama no alivia el tránsito sino que acaso lo agrava.  

La adolescencia se llama precisamente así porque se adolece de casi todo, empezando, claro está, por la seguridad en si mismo que hasta entonces te había procurado la cáscara del huevo familiar. Rota la cáscara, expulsado a la intemperie, ves a tus padres desde una cierta distancia desde la que es inevitable que pierdan esplendor. Ya no les puedes querer como les querías. Y, encima, si son un poco capullos, como suele pasar con gran frecuencia, la hipercrítica surge con naturalidad. Digamos que te lo ponen a güevo. Te dan comida, te dan casa, te pagan estudios, te visten, te compran gadgets y, sin embargo, te sigue pareciendo que no te merecen. No son dignos de tu pureza y te mueres por darles una lección. Es la rebeldía sin causa de aquella fantástica película protagonizada por James Dean. 

Una edad terrible, desde luego, que se vive y se sobrevive en gran medida en función de la inteligencia de los adultos que te rodean, los pobres, transidos por la sensación de que el tiempo se ha estancando, más o menos como en la idea que nos hemos fabricado del infierno. Así que, conscientes de la ordalía a la que a la larga te expones no es raro que cada vez más gente en las sociedades cultivadas pase de tener hijos. Y es posible que se equivoquen, desde luego, porque consideradas las cosas con un cierto egoísmo no se puede negar que los hijos, si no otra cosa, son una magnífica herramienta para avanzar en el desarrollo de aquella socrática consigna que constituye la esencia del ser, conocerse a si mismo. Por así decirlo, los hijos son un magnífico espejo en el que te ves como has sido y, por tanto, como eres de capullo. 

En fin, quería escribir algo sobre lo que está pasando en Cataluña y ya ven en qué he venido a dar.   

lunes, 28 de agosto de 2017

Retablo barroco

Lo bueno de los clásicos es aquello que Ortega llamaba la cortesía del escritor: economía y claridad. Y que en lo que hace a la condición humana no dejan prácticamente ningún cabo suelto. Así, después de haberte enfrascado en alguno de esos libros que dicen seminales por ser el semen, supongo, con el que se inseminan las capacidades creativas de la posteridad, resulta que ya nada te sorprende de todo lo que ves y oyes. Ni lo mejor ni lo peor. Ni los impulsos de vida ni los de muerte. En el ser humano todo cabe y todos participamos de todo. Todo, y vuelvo a Ortega, depende de la circunstancia. 

Todo está dicho, sí, pero el ser humano sigue necesitando expresarse para liberar sus angustias que, todo hay que decirlo, con la cosa ésta del ocio permanente y la superpoblación están alcanzando unas proporciones que limitan cuando no sobrepasan la locura. Así no es de extrañar que se oiga lo que se oye y se lea lo que se lee. Gente dotada a la vez que desesperada se lanza a esculpir retablos barrocos porque intuyen que solo serán escuchados y acaso entendidos si recurren al pan de oro. ¡Y qué le vamos a hacer!, que diría Borges, si al populus no le va la Bauhaus. 

Y en esas estaba, cansado de ver perros por todas las partes (una empresa americana da a sus empleados una semana de asueto si adoptan un perro; Macrón se hace acompañar de su mascota por ver si frena su caída de popularidad; las imágenes de las inundaciones de Texas se reducen todas a salvamento de perros...) cuando voy y me topo con un retablo barroco con viñetas desternillantes de este perro mundo. ¡A quién se le ocurre hombre, llevar a la niña al Tibidabo! Ya saben, todo esto te daré si postrándote ante mi me adorases. Cosas de Barcelona. Todo pan de oro. 

Aquí va:

"Cometo periódicamente el error de llevar a mi hija al parque de atracciones del Tibidabo. Un parque burgués abandonado a los usos del colectivismo populista. Nada hay tan serio como la diversión organizada porque por cualquier grieta se le puede ver la sordiez. El Tibidabo hace años que está en patética decadencia: sólo Maragall y Javier de la Rosa supieron hacerlo brillar como cuando fue creado por el doctor Andreu pero con Ada Colau hemos llegado a Venezuela, como si Jesús hubiera sucumbido a los ofrecimientos del Diablo, todo lo contrario del motivo por el que a la montaña le pusieron Tibidabo.

Tendertes cutres con productos que faltan y datáfonos que no funcionan, una animación de sonrojante vergüenza ajena, atracciones envejecidas y un personal que es una muy concisa y resumida explicación de por qué Cataluña se regodea últimamente en la queja cobarde y estéril, en la ausencia de cualquier indicio de inteligencia y en la mediocridad como único paradigma. Hay excepciones, como siempre, y muy notables. Pero Tibidabo capital Caracas. El ángel de luz ha caído y la Humanidad deambula a oscuras.

Ayer bajo un bochorno de los que hacen dudar de la eternidad y mientras mi hija subía con su amiga Neus a las Focas, una atracción que si no estuviera tan destartalada podría ser muy hermosa, fui a la cola de las camas elásticas para guardarle la vez. Cuando salió de las Focas yo ya era el primero y al incorporarse a la fila el chico que organizaba los turnos me dijo que la cola tenían que hacerla los niños y que mi hija se pusiera la última. Una norma no escrita en ninguna parte y eso tiene mérito en este parque socialista cuyos carteles con lo que está prohibido suelen ser más grandes que la cualquier diversión que las atracciones propicien.

Era un pobre chico por el que probablemente nunca ni su padre ni nadie han hecho cola en ninguna parte, mirada triste de gafa barata, vocabulario de colegio público, la piel rugosa de legumbre y táper. Apelaba, más que a una norma que no existía, a algo que en su vida había conocido: y sin embargo él no fue lo peor sino el alboroto que se formó en la cola cuando le protesté la limitación mental de lo que me decía. Ahí estaba la uña sucia del populacho arañando el aire de su resentimiento, con sus camisetas de descampado, con sus miradas de odio por tanta frustración alimentado, tampoco nunca nadie hizo cola.

“Claro, ahora imagínate que un niño viene con cuatro adultos que le van haciendo la cola en las distintas atracciones”, quiso decir una de las terribles mujeres que me rodeaban con una frase mucho más vulgar y desordenada. “Pues, claro, señora, en casa lo hemos hecho siempre así, y nos ha funcionado muy bien. Solemos venir con las cuatro chachas al parque pero hoy están de vacaciones”, y así fue como vi a la masa encenderse tan cerca y tan absurda que por unos segundos dejó de darme miedo, para darme lástima, lo revolucionario.

Todo lo vi en aquellas camisetas de tirantes, en aquellos pelos de peluquería de Nou Barris, en aquellas pieles de porosidad como cráteres. Les vi la compra semanal en el Día con los paquetes de embutido que entre loncha y loncha hay una lámina de plástico y cuesta distinguir qué es cada cosa, los palitos de cangrejo que ni son palitos ni son de cangrejo, tanta retórica de principal primera, el rostro impenetrable de tantas pasiones insatisfechas. Ahí estaban con sus hijos que ya tomaban todas las formas del desastre, con esas ropas que yo no había visto desde que un día en Sort, cuando yo tenía nueve o diez años, vino un circo de un solo payaso con un mono y sus pobres hijos tenían que montar el escenario y los bancos en que nos sentábamos.

La turba es una falta de amor. En el fondo hay sólo y siempre soledad. No es dinero, es tristeza. No es extracción social, es lo que sucedió justo antes de despeñarte y resbalar sobre el carrito del Día hasta esta cola de las camas elásticas en este insoportable día de verano. El chico de la atracción continuaba diciendo tonterías incluso cuando me alejaba de modo que volví para decirle: “Te mereces trabajar aquí”, lo que acabó de amotinar a la carne amontonada. Y aunque es cierto y triste que se lo merece, y probablemente sin salvación posible ni siquiera remedio, lo verdadero dramático y verdadero es que existe una humanidad expresamente fabricada para hacer cola y quejarse. Son el relleno de la Creación y aunque siempre lo hemos sabido impresiona verlos de tan cerca, tal como por mucho que me guste el cerdo me pondría enfermo asistir a un matadero.

Hay una humanidad que ha sido expresamente fabricada para la cola y para el abucheo, para la industria del táper y lo multitudinario. Carne de cañón de lo que se compra y se vende a peso, murmullo del deshecho apenas distinguible, morralla que no merece el mar y sólo es el aperitivo de las nobles criaturas, mano de obra intercambiable, eructo atroz de un mundo que necesita su infantería para falcar la mesa, para muscular el alma del genio y para hacernos de contraste, perquè és el contrast el que ens ajuda a estimar la vida.

Hay una humanidad que así nació y así morirá, gritando en la pescadería. La canción que ladran los perros al despuntar el alba. El relámpago que surge al borde de la tormenta. Una madre que es testigo de todo envía sus sueños frustrados hacia el cielo pero niega su necesidad de escapar y correr. Al alejarme vi como si la masa de la cola se volviera un sólo cuerpo parecido a un cubo de basura, aunque también podía ser una urna. No, la Providencia no alcanza para todos y hay veces que ni la música puede sustituir a las lágrimas."

domingo, 27 de agosto de 2017

Resistencias

En esta vejez cascarrabias que vengo arrastrando sin la menor pena y con mucho menos aún de gloria, una de las cosas que más gracia me hace es la tendencia que tiene la memoria a adobar con épica las resistencias de la adolescencia. Porque, desde luego, el recuerdo, así, a pelo, de aquellos años sombríos seguramente habría pocas mentes con la suficiente lucidez como para poderlo sobrellevar sin que afectase al normal funcionamiento de la inteligencia. ¡Tío, menudo mierda que eras y todas las tonterías que eras capaz de hacer con la sola pretensión, siempre fallida, de jalarte una rosca! 

Me acordaba de estas cosas viendo anoche una película sobre la resistencia de unos muchachos románticos a la dictadura que por aquel entonces había en Portugal. Esa necesidad que tenían de creerse que con su actitud estaban acelerando el curso de la Historia. Al final, como en todas estas historietas, las bragas caídas eran las que se llevaban el gato al agua. "Night Train to Lisbon" es una película con unos actores increíbles para un guión que bien pudiera haber escrito un Saramago cualquiera. Que es lo que tienen estas circunstancias adversas, que los magníficos actores sin darse cuenta, y por aquello de intentar salvar situaciones ridículas, suelen caer en la sobreactuación. 

La edad te enseña que las frutas caen cuando están maduras. Pasó en Portugal y lo mismo en España y unos pocos años después en todos los países del este de Europa. Y los que maduran la fruta no son los adolescentes rebeldes sino el buen gobierno de las cosas de comer. Luego, ya, con la fruta caída viene lo del ensanchamiento de las conciencias, un trabajo mucho más penoso y arduo de lo que casi todo el mundo cree. Es lo que tiene disponer de tiempo para contemplarse en los diversos espejos que el cotidiano devenir te planta delante: un verdadero tormento a nada que sigas adolesciendo. 

Al respecto, en la película de anoche, el protagonista, interpretado por Jeremy Irons, cuenta la anécdota de la causa última de su divorcio. Fue en un party en su casa de Suiza cuando alguien recordó la frase de Pessoa que dice que los campos son mucho más verdes y brillantes cuando los describe la poesía que cuando se ven en la realidad. Entonces, el protagonista, profesor él, dijo: sí, pero esa frase no la entiende casi nadie. Su mujer no pudo soportarlo. Y tú, claro, lo entiendes, le dijo. Sí, por supuesto. Y a eso se agarró la mujer, que seguro ya tenía echado el ojo a otro, para divorciarse. Vanidoso, orgulloso, soberbio y, en definitiva, ridículo. ¡Pues anda que no! Pero eso no quita para que su marido tuviese toda la razón: casi nadie entiende que la poesía está al servicio del comercio, sobre todo, en el tema de los campos verdes, del turístico... pero ese es otro tema. 

viernes, 25 de agosto de 2017

También son ganas

Todos los periódicos destacan estos días el emotivo abrazo que en la inevitable e inútil e incluso contraproductiva manifestación postatentado en Barcelona dio el padre de uno de los asesinados de tres años al imán de Rubí, ya saben, uno de los pueblos de la periferia sociata, o buenista, de Barcelona. También son ganas me digo yo, aunque también comprendo que las causas últimas por las que hacemos las cosas es uno de los más intrincados misterios de la naturaleza. ¿A saber los réditos que andaría buscando el desgraciado padre? Quizá sólo méritos de creyente, que entre creyentes anda el juego... o entre bobos como decía Rojas Zorrilla, que el caso es hacer comedia de la tragedia y a vivir que son dos días. 

El mundo ya sabemos que está lleno de imperfecciones que nos desazonan y por lo menos yo también sé que la mejor manera de ir corrigiendo esas imperfecciones es aplicar la fórmula de Pessoa consistente en cambiarse a uno mismo. Y a ello me dedico con pasión desde que amanezco hasta que me voy a la cama. Y noto que avanzo poco, la verdad, y no me preocupo por ello porque también sé que la aplicación de esa fórmula es tarea de toda la vida. Así que poco a poco y tratando siempre de discernir lo que es progreso de lo que es imbecilidad porque la linea que separa ambas posibilidades es muchas veces tan fina que es difícil saber de que lado de la jugada estás. 

Así, yo, por definición, desde que me hice mayor y sin saber si me equivoco o no a ciencia cierta, nunca abrazaría a un imán y por extensión a cualquiera que yo sepa que vive sujeto al imperio de cualquier catecismo del tipo que sea, incluso al escueto que Moisés bajó del monte. Porque pienso que hay padres que no se merecen ser honrados y mujeres del prójimo a las que uno no se puede sustraer, así como, también, prójimos que si no del todo por lo menos un poquito conviene matarlos para bien del mundo y de ellos mismos. En fin, muy complicado todo, pero como decía Onetti, a los hombres con fe con la ayuda de dios no me los encuentro y, si dios me falla, pongo todo de mi parte para tomar la mayor distancia posible.  

En fin, ya digo, ¡y qué le vamos a hacer si entre fieles anda el juego! Aunque bueno, tampoco estaría de más matarlos un poquito a ver si espabilan y dejan de abrazarse tanto. 

jueves, 24 de agosto de 2017

Chusma marinera

Ayer paseaba con hija y nietos por un enclave casi paradisíaco de Cantabria, de soltera Santander y de niña La Montaña, y digo casi porque los ladridos rabiosos de los perros nos perseguían persistentes. Así que era inevitable comentar el desagrado. Me contó mi hija una anécdota de las que dan para pensar si no estaremos en aquello de Séneca cuando escribía: todas las ciudades que en cualquier país han obtenido el imperio, como las que han sido ornamento de imperios extranjeros, vendrá un día en que será preguntado dónde estaban, pues todas habrán sido borradas por diferentes suertes de catastrofes: unas por la guerra, otras por la desidia y la paz indicadas a la pereza, otras por el azote de las grandes prosperidades que es el lujo.

Pues el caso es que mi hija es profesora en un colegio privado de secundaria en un barrio acomodado de Londres. Me cuenta que no es que la paguen más que en otros, pero que el ambiente es agradable y el trato por parte de la dirección muy bueno. Tienen una sala de profesores en donde nunca falta de nada y en la que siempre hay reuniones de interés. A veces mi hija se quedaría, pero se excusa porque tiene que ir a recoger a los niños. Entonces los otros, u otras profesoras se quejan porque ellos, o ellas, han elegido tener perros en vez de hijos y no tienen excusa para irse. A eso hemos llegado, me decía mi hija, a equiparar a los perros con los niños. Esa chusma que no alcanza a comprender que si tuviesen hambre y ningún otro alimento a mano se comerían el perro sin la menor atribulación de la conciencia. Cosa muy diversa por cierto de lo que pasaría con los hijos que uno se dejaría morir con tal de que ellos vivieran. Por no hablar claro está del asunto de las futuras pensiones que mucho me temo que como sean muchas las señoritas y señoritos que blasonen de preferir los perros a los niños se van a ir al carajo de una vez por todas.  A no ser, claro está, que se obligue a los perros a cotizar a la seguridad social, cosa, por otro lado, no tan descabellada como podría parecer a primera vista. 

Se preguntan muchos estos días qué será lo que puede llevar a esos muchachos que tienen de todo a hacerse yihadistas. Se preguntan otros por qué tanto odio reconcentrado en nacionalistas, podemistas y demás ideologías que es que no hay una por mucho que se la busque que no tenga su toque nihilista. Es un misterio desde luego sobre el que se puede especular sin fin y siempre, al poder ser, desde una perspectiva freudiana ya que, por lo general, no hay diferencias sociales que justifiquen las lucubraciones marxistas a no ser, claro está, que en vez de a Carlos nos estemos refiriendo a Groucho. Y, en fin, yo me pregunto qué es lo que puede llevar a una gente que vive en una hermosa casa en un no menos hermoso lugar, que por cierto se llama Hermosa, a tener todo el santo día en el jardín a dos perrazos ladrando como posesos. Que alguien me lo explique por favor. 

Supongo que todo esto se podría resumir en aquella canción que rezaba así: No hay quien pueda,/ no hay quien pueda,/ con la chusma marinera. Mientras la inmensa mayoría siga remando encadenada al banco de la fe no habrá nada que hacer porque su único consuelo consistirá en joder todo lo que puedan al vecino infiel.    

martes, 22 de agosto de 2017

¡Que les den!

Con esto de los atentados de las ramblas he podido confirmarme una vez más no sólo en lo repugnante que es el stablisment catalán sino también eso que llaman el pueblo catalán y que por la propia naturaleza de las cosas es muy difícil saber lo que es. Leer estos días la hoja parroquial de la autodenominada burguesía catalana -otra cosa difícil de identificar- es sencillamente nauseabundo. Y sí, si quieren, y para mayor gloria de los talibanes del soberanismo, me declaro anticatalán hasta las cachas. Y sintiéndolo mucho por los Arcadi, Boadella y el pequeño puñado de decentes que en aquellas tierras moran todos mis deseos se dirigen a que de una vez por todas los españoles nos extirpemos ese cáncer que nos esta matando. Así que una de de dos: o se les quita todo el poder y se pone allí un gobernador nombrado por el Rey o se les manda a tomar por el saco y se levantan unas fronteras que no se las salten... iba a decir un gitano, pero creo que es mejor decir un socialista, porque esos sí que son gentuza que les importa todo un carajo con tal de conseguir comer a dos carrillos del Estado. Si no hubiese sido por la ambigüedad calculada de los sociatas a buena hora iban a estar los catalanufos tocándonos los cojones hablando en plata.

Porque que nadie les engañe, con todo eso de los atentados se ha demostrado lo inútil que es esa gente para todo lo que no sea dárselas de superiores. Y ahora, en vez de hacer una mínima autocrítica siguen en lo mismo: tirando el pedo más alto que el culo. No pueden hacer otra cosa porque son idiotas rematados. ¿Humildad nosotros? Eso, como dijo Oscar Wilde, para los incompetentes. Nosotros lo hacemos todo bien que no hay más que ver La Sagrada Familia, un prodigio de buen gusto y modernidad en el sentido más bauhausiano de la palabra. 

En fin, que les den, que aquí sólo hay que asomarse al mirador de Tierra de Campos para saber lo que es la grandeza de la gente discreta y prudente que saca adelante a un país de individuos libres. Ciudadanos de verdad que respetan la ley y la hacen cumplir.   

domingo, 20 de agosto de 2017

El chorco de los yihadistas

De lo más divertido que he escuchado últimamente ha sido eso de que no tinc por. No tengo miedo, claro está, siempre y cuando esté en medio del rebaño. Siempre el rebaño. Lo que pasa es que donde hay rebaño es de todo punto inevitable que aparezca el lobo. Esto es algo que discutí mucho con los proscritos de Alar y ellos lo tenían absolutamente claro: hay que dejar a la gente de los pueblos defenderse a su manera de los lobos. Porque resulta ridículo pensar que vayan a saber solucionar el problema los señoritos de la ciudad que todo lo que saben del campo y sus alimañas lo aprendieron viendo películas de Walt Disney. 

Recuerdo una anécdota del magnífico libro que escribió Juan Torrente sobre los lobos y otras fieras del campo. No sé si fue por el XVIII o XIX que, por lo que fuera, se habían multiplicado de tal modo el número de fieras predadoras que se hacía difícil tanto el pastoreo como la agricultura. Así fue que se dictó una orden por la que se gratificaba con una cierta cantidad de dinero a quien entregase a las autoridades el cadáver de una de esas fieras. Al final, la gente del campo se dio cuenta de que le resultaba mucho más rentable dedicarse a cazar fieras que no pastorear y sembrar campos. Y la gente acabó teniendo dinero en los bolsillos pero no pudiendo comprar alimentos con él. 

Bueno, parece ser que en la actualidad, por lo que sea, que no voy a entrar, hay demasiados lobos por ahí sueltos y ya no se pueden controlar con los mastines habituales. Así, empieza a ser problemático pastorear a las masas. Cada sí y cada no uno de esos lobos perpetra una carnicería. Y más mastines no parece ser la solución. Aparte de lo caros que nos salen nunca conseguirán estar tan alerta como los lobos porque entre otras cosas están bien comidos. ¿Y qué hacer entonces con las masas si no las puedes pastorear? ¿Qué va a pasar entonces con toda la economía que depende de ese pastoreo? 

No sé, quizá como en la anécdota del libro de Juan sería conveniente pagar a la gente del común para que los cace. Me traes a un yihadista y te doy X euros. No sé, parece descabellado, pero no se me ocurre que otra cosa se podría hacer.  

sábado, 19 de agosto de 2017

Bolardos

Si he de ser sincero la única esperanza que me queda de que esto tire para adelante la tengo puesta en la caída del número de espermatozoides que al parecer viene experimentando en los últimos tiempos el esperma humano. Porque si vamos a esperar al uso de la lógica para frenar el principal e incontestable problema que afronta el planeta estaremos apañados. Aquí se ha impuesto la medicina alternativa para todo, es decir, curar las enfermedades sin que para ello sea necesario someterse a los tratamientos dolorosos. Simplemente hay que seguir el dictado de los brujos y santas pascuas. Curar los cánceres con ungüentos y cosas por el estilo. 

Bolardos en las aceras. Pues no, mire usted, si quiere acabar con el terrorismo y un montón más de problemas, incluido el calentamiento global, donde hay que poner bolardos es en las trompas de las mujeres para impedir el paso de los escasos espermatozoides que van quedando. Porque todos los males vienen de ahí, de que el contenido ya hace mucho que empezó a desbordar el continente. Y eso no hay tecnología que lo palíe. Porque a ver como hace la tecnología para absorber el metano que expulsan nueve mil millones de payos que ya van para diez mil. Esto huele que apesta por mucho que hayan subido las ventas de ambipur. 

Siempre recordaré al gran Aliste que un día que me estaba extrayendo una muela enclavada en el fondo de la mandíbula paró para echar un cigarro y explicarme que todos los esfuerzos de la política por mejorar las cosas estaban abocados al fracaso mientras no se pusiese límite a la fecundidad de las mujeres. Y ya hace cuarenta años de eso, o sea, 2500 millones menos que ahora y ya parecía insoportable. Y en esas seguimos, fabricando miles de millones como quien fabrica churros porque eso es bueno para el consumo, la madre de todas las soluciones. 

Pero bueno, nada de lo que preocuparse porque, como digo,  parece que la naturaleza ya ha tomado cartas en el asunto. Dentro de poco habrá que ir a las tribus perdidas del Amazonas en busca de espermatozoides. Serán el oro del futuro. Lo verán nuestros nietos. O quizás los hijos 

viernes, 18 de agosto de 2017

Los turcos

Que Barcelona sea una de las cumbres del turismo mundial más que de Barcelona habla del turismo en sí. Porque ¿qué tiene Barcelona para ser un lugar tan atractivo para el turismo? La verdad es que después de haber vivido allí casi veinte años no lo encontré por ningún lado. La Sagrada Familia es una postal muy adecuada para ser anuncio de un Whisky japonés -que así fue como comenzó todo-. Las Ramblas, un paseo de ciudad de provincias que pierde todo su interés cuando deja de ser punto de encuentro para los locales. Las playas, sí, pero en cualquier sitio las hay mil veces mejores y además naturales y sin los colectores de una aglomeración de cinco millones de personas al lado. Lo único medianamente interesante es la oferta gastronómica multiétnica que es el pez que se muerde la cola, porque nació al calor del propio turismo. Y ya, como recochineo de la manipulación del interés, el Parqué Güel, un lugar anodino y hortera magnificado por la fotografía. La prueba es que estuvo allí cien años sin que a nadie le hiciera puñetera gracia. Bueno, igual que todo lo de Gaudí que hasta que empezó el bombardeo no pasaba de curiosidad de tres al cuarto. No, miren ustedes, Barcelona era un sitio interesante para vivir por que tiene un clima muy benigno en invierno y por que al ser una gran aglomeración urbana se encontraban allí todo tipo de oportunidades para aprender, trabajar y divertirse. Pero no más que en cualquier otra de similares proporciones. 

Y esa es la cuestión, que es muy fácil encandilar a las masas moralmente depauperadas. Con fotos e historias se las trae y se les lleva como a los rebaños de ovejas. Es sencillamente deprimente, pero no más que todas las otras formas de consumo inútil que hacen que la nave vaya desbocada hacia no se sabe donde. Bueno, hay quien dice saberlo y no es precisamente al paraíso. 

Y así estábamos, en que si son muchos para unos, que cuantos más mejor para otros, que si som i serem, que si leches en vinagre, y llegaron otra vez los turcos y se encontraron francas las puertas de Constantinopla. Es lo que tiene el acostumbrarse a vivir sin tener que exprimirse el coco que te aficionas a discutir sobre el sexo de los ángeles y te olvidas de lo que importa.

En fin, las cosas son como son y lo único a lo que uno aspira es a que no le obliguen a subirse al carro.  

miércoles, 16 de agosto de 2017

Los amigos muertos

De los amigos vivos nunca he parado de aprender. Bien es verdad que no cualquiera me sirve y por las cunetas del camino he dejado a unos cuantos que llegué a creer que lo podrían ser. Así, los que han perdurado a lo largo de los años, digamos que no son cualquier cosa y por el simple hecho de dar un paseo con ellos o compartir una mesa me deja con la sensación de que entiendo un poco mejor el mundo que me rodea lo que al fin y al cabo es la mejor forma de serenidad. Así es que uno suele preguntarse, por qué estos y no otros. Creo que tengo la respuesta, porque todos tenemos la misma afición por los amigos muertos. Nos hemos pasado la vida hurgando por las tumbas de aquí y allá tratando de extraer lo mejor que en ellas había. Y de esa forma hemos ido acumulando la sabiduría que nos permite pasar el rato juntos sin que ni por asomo aparezca el aburrimiento porque siempre hay algo nuevo de calidad de lo que te enteras. 

 Yo, de esos amigos muertos los he tenido a montones. Y todavía conservo unos cuantos bastantes por los que me dejaría matar. Pero siempre hay algunos pocos que están a la derecha del Padre. O pegados al corazón si mejor quieren. Quienes me conocen ya saben de mis preferencias por Pessoa y Diego del Gastor. Nunca dejo de leer al uno y escuchar al otro. Tan pronto como me siento alterado vuelvo a ellos y recupero la calma. No sólo son mi principal inspiración para escribir y tocar la guitarra, lo son sobre todo para organizar mi cotidianidad. Nada como mirarse en ellos para saber que para vivir con intensidad sobra sobre todo la fatuidad. Con estar a lo que estás, basta. Luego, ya, si hay genio dejas la estela que ellos dejaron. 

Me he marcado todos estos farragosos preámbulos, por los que les pido disculpas, porque quería llegar a lo del genio. Genio y figura hasta la sepultura, decía mi padre. Y nada mejor para saber lo que es eso, se lo puedo asegurar, que ir a youtube y poner "La sombra de las cuerdas". Es un documental sobre la vida de "El Niño Miguel". Es otra dimensión del existir. Como un Glenn Gould del flamenco. Por fuerza te tiene que destrozar porque es prometeico, haber robado algo a los dioses de lo que los dioses querían para sí la exclusiva. En fin, si lo miran seguro que les alivia un poco los sopores de la canícula. 

lunes, 14 de agosto de 2017

Caquitas


En el piso de abajo está viviendo una catalana de Barcelona que ha venido a pasar el verano a Palencia. Supongo que a mucha gente le extrañará que pasen cosas así, pero pasan porque a D. G. hasta en Barcelona quedan personas inteligentes. El caso es que anoche, cuando ya me retiraba me la encontré a la puerta del bar de la esquina fumando un cigarro y en animada conversación con unos hombrones del barrio. Se la veía feliz y al percatarse de mi presencia vino de inmediato a felicitarme por lo bien que toco la guitarra -sin duda con muros por medio mejoro mucho-. Ganas de agradar pensé y nos pusimos a hablar de no recuerdo qué. Y en ello estábamos cuando apareció otra mujer echando pestes del Real Madrid que de inmediato me fue presentada como una amiga también de Barcelona que ha venido a hacerme una visita. La vecina dijo que nunca le había interesado el fútbol y se rió sinceramente cuando yo dije que eso era religión para la chusma. El caso es que no había pasado medio minuto cuando la amiga de Barcelona que había venido a hacer una visita ya le estaba dando a la matraca independentista. La dije que todo eso era una idiotez que iba a quedar en lo de siempre, en nada. Y la tía venga y dale que sí, que iban a ser independientes. Me puso tan de los nervios que luego no me podía dormir. Que idiota he sido, me decía, por no haberla mandado de entrada a la mierda como hubiese hecho mi amigo Pedro M.. Y es que si hay alguien al que le venga de molde mandarle a la mierda de entrada es a la persona que quiere complicarte la vida para que participes de la desesperación vital en la que vive por su mala cabeza. Porque no se engañen, esa chusma independentista lo es por su mala cabeza que les impide comprender que la única manera que hay de cambiar el mundo es cambiarse a sí mismo. 

Cambiarse a si mismo como preconiza Pessoa, la tarea de toda una vida. Pues no, como el amigo Enrique que les pongo en la foto, un maestro que fue de un pueblo de Santander y, también, miembro de un club de pedagogía alternativa que preconizaba poner rock en la escuela toda la jornada. Y ahí le tienen, firme como el pino en la ribera, no me moverán. Yo sé, dice, lo que fastidia a la mayoría y a por ellos voy. Y sólo así me puedo sentir alguien. Por lo demás, recoge las caquitas del pero como el primero, que yo le he visto. 

Creo que fue Kennedy el que dijo que el lugar más caliente del infierno estaba reservado no para todos estos perturbados morales que nos quieren fastidiar a base de bien sino para los que teniéndoles a mano tratan de contemporizar con ellos en vez de pararles los pies. Y ese es el problema que no sé si va a haber suficiente sitio en ese lugar del infierno... con tanto socialista.

domingo, 13 de agosto de 2017

¡Y qué le vamos a hacer!

Una de las cosas a mi juicio más sintomáticas del actual, y quizá del eterno, humor del mundo es lo que le ha pasado el otro día a un muchacho de esos que cualesquiera padres se darían con un canto en los dientes por tener un hijo semejante. A los veintiséis años ya tiene el angelito el suficiente empaque como para que la mayor, o más importante, empresa del mundo le envíe a China en comisión de servicios. Un viaje de doce horas que, para no aburrirse, el chaval emplea en redactar un informe minuciosamente documentado con opiniones de autoridad sobre el controvertido asunto de la discriminación positiva de las mujeres en su empresa. Resultado: posibles verdades que cuesta aceptar y despido fulminante. Nada, en cualquier caso, de ponerse a debatir sobre verdades de fundamento ideológico, o sea, dogmas... no vaya a ser que se nos vaya todo el chollo al carajo. 

En definitiva el mundo se sacude un poco la caspa cuando la necesidad aprieta y en el mismo momento que deja de apretar vuelve a lo de la Iglesia con Galileo: la evidencia está muy bien siempre y cuando no ponga en peligro nuestro tinglado. Quizá, pienso, en el estado actual del desarrollo humano las cosas no podrían funcionar de otra manera. Una cuestión de nivel intelectual. Muy bajo, por no decir ínfimo, en la inmensa mayoría. Y por eso es que una vez montada una superestructura ideológica no importa de que tipo sea ya sólo le falta el cómodo ingrediente de la fe para convertirse en religión con sus indispensables guardianes de la ortodoxia. Y a vivir que son dos días. 

La herejía cometida por el chaval de marras iba contra determinados preceptos del sacrosanto feminismo. Parece ser que la ciencia corrobora sus tesis, lo mismo que en el caso de Galileo, pero eso pelillos a la mar frente a la estabilidad que proporcionan al sistema global las creencias voluntaristas. Si el ser humano se lo propone, vienen a decir, doblega la biología. En no sé que sitio, he leído, ha sido propuesto por los munícipes multar a los hombres que miren el culo a las mujeres. De lo contrario no se ha dicho nada porque no está en los evangelios. Y, así, adorando estos fetiches, la sociedad vive en un aparente estado de beatitud que en nada se diferencia a aquel de nuestras abuelas cuando bordaban pañitos para el altar. 

Así son las cosas y pasarán más de mil años, muchos más, antes de que el común de los mortales deje de consultar el catecismo  ideológico correspondiente antes de contestar a cualquier pregunta que se le haga. Considerar los asuntos en toda la amplitud de sus derivaciones es la tarea de quien no teme las hogueras. O sea, de muy pocos. Y como diría Borges: ¡Y qué le vamos a hacer!

sábado, 12 de agosto de 2017

Jibarización

En términos generales me considero una persona favorecida por la fortuna. Bastante favorecida para ser más exacto, lo cual no quita para que a lo largo de la vida haya recibido unos cuantos meneos serios e infinidad de otros menores que, juraría, no me han dejado un sólo día de la vida sin su mácula desagradable. Y es verdad que al principio me costaba entenderlo y trataba de aliviarme por medio de la queja, lo que viene a ser como escupir hacia el cielo para vengarse de los dioses. Pero poco a poco uno va comprendiendo que las cosas difícilmente podrían ser de otra manera. El cuerpo en el que vivimos es un sistema tremendamente complejo en continua interrelación con sistemas semejantes. Pensar que todo eso habría de ir como la seda es la más tonta de todas las inocentadas. Siempre, por simple estadística, hay unos cuantos engranajes entorpecidos por la arena del desierto. Y es eso lo que nos cruje el alma un ratito al menos, cuando mejor, todos los días.

Pero ya digo, he sido y sigo siendo muy afortunado, cosa que no tengo ni idea hasta que punto es frecuente entre mis congéneres. En cualquier caso lo que sí intuyo es que hay un porcentaje lo suficientemente significativo como para hacerse notar que al nacer tuvieron la desgracia de ser arrojados a un contenedor de basuras varias. O, por decirlo al modo de los clásicos, abandonados en el bosque al arbitrio de las fieras. Así, es normal que, de sobrevivir, esas personas busquen venganza. Es decir, que están aquí, entre nosotros, sin otra finalidad que entorpecer los engranajes del sistema todo lo que pueden, cosa que, en un sistema tan complejo, tampoco es que les exija muchas luces para conseguirlo. Con cualquier piedrecita ya montan un pollo y se consuelan por un rato. 

Y ese es el caso, que lo mismo que he aprendido que cuando al levantarme por la mañana noto que una ínfima parte de mi fisiología se ha puesto tonta y amenaza con darme el día si en vez de pasar de ella le dedico atención, así, lo mismo me pasa cuando leo los periódicos o veo en la tele todas esas maniobras de los desgraciados que tanto se realzan; paso olímpicamente de ellas porque las considero como los pequeños alifafes que todo sistema complejo necesita para tener conciencia de sí mismo que es tanto como decir aprender a conocerse para mejor mantenerse alerta. 

Resumiendo: ¿se imaginan lo mucho más huérfano de conocimientos que hubiese sido el mundo si el padre de Edipo no le hubiese expuesto al nacer a las fieras del bosque? Hay que ver todo lo que hemos aprendido de aquel acto no por ignominioso menos necesario. Gracias a él sabemos que matar al padre es un rito de paso sin el cual la vida va coja. Y así con todo lo que provoca alboroto que no es más que el sistema inmunitario del cuerpo social haciendo su trabajo de aislamiento. En fin, que es que uno se levanta y empieza a mirar por ahí y ve cada cosa que si no trata de jibarizarla le da el día.   

viernes, 11 de agosto de 2017

Bourbier

Si hay una delgada linea en la vida esa es la que separa la ayuda de la esclavitud. En realidad nos pasamos la vida cruzándola en ambos sentidos sin mayores problemas porque la mayoría de las cosas en las que queremos creer a los cuatro días ya nos han defraudado y las abandonamos con el alivio propio de quien recupera la parcela de libertad perdida. Pero no conviene confiarse porque aunque no lo parezca esa línea es un campo minado que suele dar los correspondientes disgustos. De hecho, raro es el cruce de ida y vuelta del que no se salga con cicatrices que a la postre no son otra cosa que los pilares de la educación por escarmiento, la más profunda por lo que tiene de animalesca: si una trucha picó en una mosca artificial y consiguió desengancharse no se hagan ilusiones porque si sobrevive al trance nunca más volverá a tomar la artificial por una natural. 

Pero todo eso, digamos, son pequeños incidentes que incluso pueden ser considerados como la salsa de la vida. El problema es cuando el lugar por el que se cruza da directamente a un bourbier. Y, comment se tirer de ce bourbier? Ese terreno embarrado y pegajoso en el que cuando más luchas por salir más te hundes. La imagen ha sido utilizada hasta la saciedad en cine para dar un final merecido al malo que cruzó por allí para escapar a la justicia. Aunque no siempre es así ni mucho menos. Las más de las veces se cruza por ignorancia o, bien, por temeridad, que es como se suele llamar a las pulsiones suicidas que en mayor o menor grado todos llevamos dentro. 

Se me han ocurrido semejantes lucubraciones al leer algo que ya les comenté en cierta ocasión. Y es que en los EEUU de América demasiada gente trata de cruzar esa línea invisible para huir de los dolores por el peor sitio que se les puede ocurrir que no es otro que la consulta de su médico de cabecera. Van allí y les recetan la pócima milagrosa, una sustancia que, ¡vaya por Dios!, es más vieja que la nana y ha sido desechada millones de veces por saber que a sus inigualables efectos analgésicos se le añaden sus imparables efectos adictivos. Lo otro por lo uno, supongo. Y chino-chano, hoy por una jaqueca, mañana por una lumbalgia y pasado por lo que sea porque el caso es que te duela algo para que esté justificado ingerir la pócima milagrosa. Y no pasa nada, oye, si tienes con qué pagarlo. Porque el problema es que los laboratorios farmacéuticos están obligados a pagar más a sus accionistas que los carteles de la droga a sus camellos. Así, al final, sale más a cuenta pasarse directamente a la heroína y, entonces, ya entras de cabeza en el bourbier.  

En resumidas cuentas, el inefable Caudillo Victorioso, que eso quiere decir Donald Trump, ha declarado el estado de emergencia nacional sanitaria porque dos millones de americanos están atrapados en el bourbier de la heroína y 60.000 de entre ellos mueren cada año por sobredosis. ¡Se imaginan! Casi una ciudad como Palencia. "Vamos a emplear mucho tiempo, esfuerzo y mucho dinero en esta crisis", ha dicho Donald, eso sí, no si antes haber puesto esas caritas como de querer resultar convincente y que al final resultan cómicas porque es que cuando se está jugando al golf hay que estar a lo que se está. 

jueves, 10 de agosto de 2017

Fuego y furia

Te dabas ayer un paseo por las generalistas de fuste y siempre te encontrabas con lo mismo: Corea del Norte. Su mórbido gobernante les ha solucionado el verano al haber lanzado la amenaza más estrafalaria que haber puede: ha prometido que como le toquen un poco más los cataplines lanza cuatro pepinazos, acaso atómicos -eso no lo especifica-, sobre la isla de Guan, un enclave geoestratégico, que le dicen, de vital importancia para la superpotencia que dirige el otro mórbido de la comedia global, un tal Donald Trump. Pues bien, Donald tampoco ha querido defraudar y de inmediato ha puesto caritas para dar más realce a su promesa de responder con fuego y furia. 

Kim and Donald, la nueva pareja de cómicos de moda. Aunque en este caso los dos están gordos, lo cual va a exigir a los guionistas un sobreesfuerzo de imaginación para contraponer los caracteres. Y en eso se entretiene el mundo mientras la nave va a toda mecha hacia Dios sabe donde.

Bueno, les voy a ser sincero, lo sabe Dios y yo lo intuyo, que para eso me dotó la benevolente naturaleza con esta rabiosa fobia social que al obligarme a mantener una distancia apolínea permanente me ofrece como contrapartida la claridad de la visión. Porque de sobra es sabido que la gente psíquicamente equilibrada nunca aportó a la humanidad gran cosa. Peones disciplinados que acuden en masa a cumplir con lo establecido que no es otra cosa que engordar el PIB inflando burbujas. Las mascotas, el golf, los tatuajes, la playa, el viaje, el deporte, la casita en Canadá... los hay que se conforman con soplar en una, pero a medida que va aumentando su normalidad van sumando y en los estados de perfección soplan en todas y más que hubiese. 

Hacia eso va el mundo, hacia los parques temáticos de sopladores. Pasen señores y soplen. Y siéntanse diferentes. O iguales entre iguales que uno ya no sabe qué preferir. Al final en eso consiste todo, en soma para los normales. Los épsilons que se decía antes. Y Quim y Donald, que nadie les engañe, es la última producción sensurround del Gran Corruptor. Como todas las suyas, demasiada grasa para tan poca carne en el asador. Se lo digo yo que lo veo todo claro desde mi atalaya en el frenopático.   

miércoles, 9 de agosto de 2017

¡Qué barbaridad!

¡Qué barbaridad! Le iba a arrancar todos los dientes de marfil para hacerse un rosario. Y la gente lo cantaba, o lo escuchaba, embelesada. ¡Oye, que por amor no sólo todo es lícito sino también hermoso! Ese desenfreno posesivo del que todo enamorado vive enfermo. ¿O vivía? Me pregunto si con todo esto de las escuelas mixtas y demás promiscuidades intergéneros habrán cambiado algo todos esos sentimientos que tienen como trasfondo el impulso reproductivo de la especie. Quiero tener bien atada en corto a mi mujer para no tener dudas de que mis hijos son míos. Y quiero atar en corto a mi hombre para que a mis hijos no les falte alimento. Cuestiones puramente atávicas, o animalescas, que no sé en qué medida podrían ser modificadas por las insistencias educativas. 

La posesión del otro, la llamada de la tribu, la lucha por la supremacía... todos esos atavismos que si uno está atento a la actualidad informativa sólo puede constatar que más que amainar arrecian. El ser vivo, salvo excepciones, busca por todos los medios afianzarse y, de ahí, el estar en permanente conflicto con todo lo que se mueve a su alrededor. A veces se organiza con sus semejantes para mejor defenderse, pero es sólo un espejismo porque tan pronto como el grupo empieza a sentirse seguro de inmediato comienza la lucha entre sus miembros por la jerarquía. Y es que, cuanto más mandas , más hombres o mujeres tienes haciendo cola a la puerta de tu dormitorio para lo que fuere menester. 

Así que lo que a mí me tiene maravillado es que a pesar de todas esas evidencias que les cuento el mundo cada vez parezca funcionar mejor... aunque vayamos de cabeza a una hecatombe generalizada como sostiene la cofradía de los agoreros. Seguramente algo debe de tener que ver en ello esa constatación de una pérdida alarmante de células reproductivas en el esperma masculino. Por lo que sea, que teorías hay para todos los gustos, pero lo innegable es que la naturaleza, ese ente cuasi sobrenatural, se encarga modular por los procedimientos más varios para que reine cierta armonía hasta el último movimiento, una especie de apoteosis romántica con vistas al Valle de Josafat.  

martes, 8 de agosto de 2017

Privilegios

"Pasar un día de verano en la playa es un buen plan: puedes divertirte, relajarte y, sobre todo, desconectar." Solo hay un problema según el artículo que comienza con la frase que les acabo de transcribir: la arena. ¿Cómo debo limpiar todo al salir de la playa para que no quede ni rastro de arena?, se titula. Sin duda su autor es un fóbico del citado elemento porque si no no se entiende que pueda llegar a tal grado de minuciosidad en el desembarazo de hasta la última brizna. Eso sí, es tal la cantidad de maniobras a ejecutar y elementos a disponer por tal de culminar con éxito la operación que cualquier mente que no haya sido colonizada por el Gran Corruptor se preguntará si tanta diversión, relajamiento y desconexión merecen realmente la pena. Porque no nos engañemos, en la farmacia de la esquina hay todo un arsenal de remedios caseros para conseguir ese triple efecto waltdisneyco sin tener que someterse a ningún tipo de sevicias desembarazantes... aunque luego claro, a ver que haces con los niños. En fin, las típicas contradicciones que siempre se plantearon cuando se quiso convertir cualquier cosa en oro por medio de la alquimia. 

Aunque para alquimia la noticia que viene después: "Hallan en el Mar de Galilea la villa donde se cree que Jesús multiplicó panes y peces". Y menos mal que han intercalado el "se cree que", porque, si no, ni siquiera Walt Disney hubiera podido con tanto. El caso es que arqueólogos judíos han dado con la ciudad en la que según todos los indicios en un futuro próximo se va a producir una avalancha turística de las de aquí te espero, porque a ver qué milagro de toda la santa Biblia produce más simpatías que el de multiplicar los alimentos por arte de birli-birloque. Claro que luego les pasará como en Barcelona, que subirá el precio de los alquileres en Tiberiades y el personal se rebotará y a saber en que puede terminar porque menudo son los judíos que por un pedo que se tiró una vez uno murieron treinta mil, que lo cuenta Flavio Josefo con pelos y señales. 

Por lo demás, estamos teniendo un mes de agosto divino. 24 de máxima dan para hoy. Y la ciudad está solitaria porque aquí no hay playa ni nadie hizo nunca milagros de los que gusta recordar. Esperemos que la gente no se entere de que tenemos semejantes privilegios y nos dejen disfrutar de la vida en paz. 

domingo, 6 de agosto de 2017

Cosas de la vida

Yo no sé si es que a falta de pan buenas son tortas, pero a mí lo que más tiempo me ha llevado en esta vida y posiblemente con lo que más me he entretenido ha sido el intento de comprender algo de lo que está pasando a mi alrededor. Así, lo que en un principio pareciera un mecanismo de afianzamiento y seguridad ha acabado por ser el mismo divertimento que el de armar un puzzle imposible en el que de vez en cuando consigues la satisfacción de ver un mínimo retazo confirmado. En resumidas cuentas, es como si te hubieses convertido en uno de esos yonkis que van por la calle escudriñándolo todo para que no se le pase la menor oportunidad de inyectarse otra dosis de retazo. Lees, escuchas, miras, siempre con el objetivo definido de encajar cuantas más piezas mejor. Y a veces crees que has conseguido algo y a los cuatro días la realidad te desmiente. De ahí que sea tan necesaria la prudencia y discreción para no sufrir la humillación del desmentimiento... por más que uno ya tenga callo de tanto reiterarse en la equivocación. 

Y así se va la vida divinamente sin mayores angustias porque siempre tienes un retazo sólido al que agarrarte y, si te empieza a fallar, saltas de inmediato a otro y a otro y otro hasta que la parca se te lleva. En definitiva, todo ha sido una sucesión de descubrimientos que tras el entusiasmo inicial en la mayoría de los casos apenas dejaron poso cuando no vergüenza. Porque mira que se hacen tonterías por tal de satisfacer los objetivos de un inconsciente lejano y escurridizo. Y es que uno no para de reconocerse en todas las gilipolleces que ve hacer a la gente que pulula alrededor. Y, también, por qué no aceptarlo, en algunas pocas de las cosas que admiras. Pero no quiero engañarme, el balance es demoledor y sólo me consuela pensar que en medio de la debacle todavía soy capaz de tirar adelante sin excesivas pastillas... por comparación a las que veo consumir a mis vecinos, quiero decir. 

Ya ven, al final uno, por mucho que se haya flagelado por el camino, acaba creyéndose mejor que la mayoría. Y es que seguramente la biología no permite que sea de otra manera. Así que no queda más remedio que resignarse a vivir con esa carga de orgullo, eso sí, haciendo todo lo posible para disimularla no vaya a ser que se manifieste en forma de soberbia y te salga la torta un pan. 

sábado, 5 de agosto de 2017

Su San Martín.

Si hay un refrán que no falla en sus previsiones ese es sin duda el que afirma que a todo cerdo le llega su San Martín. Y es que al engorde o le pones un límite o generas morbidez. Así de sencillo. Y no me digan que lo dicho hasta aquí no es la metáfora perfecta de lo que está pasando con el turismo y tantas otras cosas en las que se fundamenta esta paradójica vida moderna en la que cuanto más te integras más muerto viviente devienes. Ya saben, cosa del Gran Corruptor que nunca descansa. 

Pues sí, parece que al turismo le está llegando su San Martín y yo que me regocijo. Desde muy jovencito me di cuenta de que ese asunto no iba conmigo. Lo primero porque me aburría de muerte cuando iba por ahí a matarla. Lo segundo porque los amigos en los que más me gustaba mirarme pasaban olímpicamente de él. Y lo tercero y principal porque mi particular idiosincrasia me lleva a sospechar malévolamente de todo aquello que se convierte en incuestionable para las masas. Y no digo ya cuando mis más admirados maestros empezaron a proveerme de argumentos incontestables al respecto. ¡Muchachos, por favor, no os convirtáis en mercancía que no es ese el mejor procedimiento para huir de uno mismo! Ya te digo, la Sagrada Familia o el Taj Mahal, que tanto monta, monta tanto. Por no hablar de los Mares del Sur que o te marinas en repelentes o te comen los mosquitos. Y si buscas prestigio con tus desplazamientos, mejor que lo dejes, porque a estas alturas ni las chinches huyen tan rápido de la luz como la gente asentada del turista recién regresado. No hay por donde cogerlo, la verdad, pringa por todas las partes y el personal empieza a gritar San Martín. 

En fin, este mundo complicado en el que el esfuerzo intelectual de los mejores deja un rastro de ocio generalizado que, no nos engañemos, no hay ecosolución que lo palíe. Convendría calcular a cuánto desastre medioambiental nos sale la hora de ocio. Nos íbamos a sorprender. Ese estado mental devastador del que uno trata de escapar por el único procedimiento al alcance de los desesperados: invadir espacio ajeno. ¡Eh, que aquí estoy yo, echadme una mano que me hundo! No hay solución racional posible. Lo único, esperar pacientemente el día de la matanza. El de San Martín.

viernes, 4 de agosto de 2017

Puertas

Según Séneca de lo mejor que tiene esta vida a la que entraste por decisión ajena es que puedes salir de ella por decisión propia. Es, desde luego, una perogrullada, pero de las de no echar en saco roto porque, sobre estas cosas, la actitud general es la de meter la cabeza debajo del ala y esperar a que los acontecimientos previsibles te pillen por sorpresa, eso sí, con gran conmoción del espíritu. 

Cuando Séneca escribió la Cartas a Lucilio, posiblemente el mejor libro de autoayuda que ha producido la humanidad, ya estaba como quien dice poniendo sus barbas a remojar. Había caído en desgracia con un Emperador, del que, por cierto, había sido preceptor, lo cual no deja de suscitar ciertos interrogantes de difícil contestación. ¿Cómo de un maestro campeón de la ética y moderación pudo salir un discípulo tan arbitrario y caprichoso? Y sanguinario por demás. Sea como fuere, Nerón no tardó en ir a por él y él tuvo la oportunidad de ser consecuente con los pensamientos sobre el particular que había expuesto en las famosas Cartas: cuando la vida se pone chunga sin remisión nada nos obliga a prolongarla. Hay millones de puertas de salida. 

El caso es que Palencia está  agostada y vacía. La gente se ha ido a la casa del pueblo o al apartamento de la playa. Y los pocos que encuentras es porque han venido a Cereaduey a cargar chuletillas para asarlas después a la orilla de la piscina. Y a mí, que ando todo el día con las Cartas entre las manos, todas estas cosas me dan en qué pensar. Y no por nada sino porque ando preguntándome si no será que deambulo por aquí como un alma en pena o si será que por fin encontré la horma de mi zapato de fóbico social. No lo sé, pero de momento cuando reflexiono sobre puertas de salida me gusta hacerlo sentado en la terraza de un bar de pueblo mientras me calzo un pincho de tortilla o un bocata de chorizo. O sea, como quien dice, a my way. Porque:

I've lived a life that's full
I've traveled each and every highway
But more, much more than this
I did it my way

Y no es cosa de cambiar sólo para terminar a gusto de los demás. Hay que ser chulo hasta el final.

miércoles, 2 de agosto de 2017

Mariconadas

Estaba yo esta mañana saboreando mi megapincho de tortilla con café con leche en la terraza de La Behetría de Becerril cuando ha llegado un grupo de turistas de tercera regional montando más pollo del necesario. Las mujeres, seis o así se han agenciado una mesa y mientra corrían las sillas con mucho estruendo han empezado a hacer su comanda a los hombres a gritos. Yo café descafeinado de máquina con leche fría, yo café corto con... entonces ha sonado una voz varonil que ha dicho: ya empezamos con las mariconadas.  Los tres hombres del grupo han entrado al bar y yo he sacado las Cartas a Lucilio y me he puesto a leer. Habrían pasado veinte minutos o media hora cuando he emprendido la retirada y, desde luego, nadie había sacado ningún café ni corto ni largo ni cafeinado ni descafeinado a las señoras. Me ha parecido de perlas que todavía queden por el mundo hombres con un par. Oye, si las tías quieren cortesía caballeresca lo menos que se las puede pedir es que se dejen de mariconadas. Porque es que ya esta bien de tener el gusto tan selectivo y refinado para todo lo superfluo y tan romo para lo que merece la pena. La esencia de la mala educación en definitiva. 

Total, que mientras pedaleaba de vuelta he rumiado lo que había estado leyendo y he llegado a la conclusión de que todo lo mucho o poco que sé se lo debo a la vejez, que es tanto como decir a la experiencia adquirida con los largos escarmientos. Duro de mollera a lo que se ve como se demuestra por la ausencia casi absoluta de las dos cualidades que hacen al hombre sabio: la constancia y la discreción. En fin.