Caquitas

En el piso de abajo está viviendo una catalana de Barcelona que ha venido a pasar el verano a Palencia. Supongo que a mucha gente le extrañará que pasen cosas así, pero pasan porque a D. G. hasta en Barcelona quedan personas inteligentes. El caso es que anoche, cuando ya me retiraba me la encontré a la puerta del bar de la esquina fumando un cigarro y en animada conversación con unos hombrones del barrio. Se la veía feliz y al percatarse de mi presencia vino de inmediato a felicitarme por lo bien que toco la guitarra -sin duda con muros por medio mejoro mucho-. Ganas de agradar pensé y nos pusimos a hablar de no recuerdo qué. Y en ello estábamos cuando apareció otra mujer echando pestes del Real Madrid que de inmediato me fue presentada como una amiga también de Barcelona que ha venido a hacerme una visita. La vecina dijo que nunca le había interesado el fútbol y se rió sinceramente cuando yo dije que eso era religión para la chusma. El caso es que no había pasado medio minuto cuando la amiga de Barcelona que había venido a hacer una visita ya le estaba dando a la matraca independentista. La dije que todo eso era una idiotez que iba a quedar en lo de siempre, en nada. Y la tía venga y dale que sí, que iban a ser independientes. Me puso tan de los nervios que luego no me podía dormir. Que idiota he sido, me decía, por no haberla mandado de entrada a la mierda como hubiese hecho mi amigo Pedro M.. Y es que si hay alguien al que le venga de molde mandarle a la mierda de entrada es a la persona que quiere complicarte la vida para que participes de la desesperación vital en la que vive por su mala cabeza. Porque no se engañen, esa chusma independentista lo es por su mala cabeza que les impide comprender que la única manera que hay de cambiar el mundo es cambiarse a sí mismo.
Cambiarse a si mismo como preconiza Pessoa, la tarea de toda una vida. Pues no, como el amigo Enrique que les pongo en la foto, un maestro que fue de un pueblo de Santander y, también, miembro de un club de pedagogía alternativa que preconizaba poner rock en la escuela toda la jornada. Y ahí le tienen, firme como el pino en la ribera, no me moverán. Yo sé, dice, lo que fastidia a la mayoría y a por ellos voy. Y sólo así me puedo sentir alguien. Por lo demás, recoge las caquitas del pero como el primero, que yo le he visto.
Creo que fue Kennedy el que dijo que el lugar más caliente del infierno estaba reservado no para todos estos perturbados morales que nos quieren fastidiar a base de bien sino para los que teniéndoles a mano tratan de contemporizar con ellos en vez de pararles los pies. Y ese es el problema que no sé si va a haber suficiente sitio en ese lugar del infierno... con tanto socialista.
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